viernes, 11 de mayo de 2018

La Carne

La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.

Demasiada ira es como demasiado alcohol, produce una intoxicación que te hace perder lucidez y criterio.

Iba a cumplir sesenta años. Redondos y pesados como una sentencia.

A los triunfadores de clase media siempre les encantaban las niñas ricas.

Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no hay oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura —soltó de repente Soledad—. Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desear ser como los demás pero no poder. Y querer que te quieran pero sólo producir miedo o quizá risa. Ser maldito es no soportar la vida y sobre todo no soportarte a ti mismo.

La vejez y el deterioro se agazapaban de manera insidiosa y a menudo el interesado era el último en enterarse, como los cornudos del teatro clásico.

Te dabas cuenta de que esas nimiedades eran la tarjeta de visita del asesino, del silencioso criminal que te iba a ejecutar.

Como si algo chirriara levemente.

Poseía muchas cosas pero no le servían de nada, porque sus carencias pesaban mucho más.

Mientras el miedo engordaba dentro de ella

La vejez era cara.

¿Cuándo se cerró su destino de ese modo?

Con el tiempo había empezado a encenderse en su cabeza la locura del amor, del deseo de amor. Sin eso, sin esa llama iluminando los días, su vida le parecía vacía, tediosa e insensata.

Una de las cosas más ridículas que la edad conlleva es la cantidad de trucos, potingues y ortopedias con los que intentamos combatir el deterioro: el cuerpo se nos va llenando de alifafes y la vida, de complicaciones.

la existencia misma es un viaje, así que no hace falta tener que coger un coche o un avión ni trasladarse a otra ciudad para ser rehén de toda esa parafernalia protésica.

A cierta edad, plantearse hacer el amor con alguien exigía una planificación

A veces le había tenido bebiendo sus palabras

Si tan sólo fuera un poco menos cobarde y se atreviera a escribir un libro…

Según Freud, lo siniestro es la irrupción del horror en lo cotidiano.

Las coincidencias eran siempre inquietantes

Había tenido el tiempo y la oportunidad de ser madre

Conseguir integrarte en tu edad

Ella quería mucho más, quería cariño y cotidianidad y compañía y pareja,

Una incómoda distancia de extraños se había instalado entre ellos: como si, más allá del sexo, todo fuera un desierto.

Uno no debe plantear cuestiones cuya respuesta tema conocer.

Era como si, al perder la ilusión embellecedora de la pasión, quedara al descubierto la acongojante realidad. Las roñosas bambalinas tras el decorado.

Si ella hubiese sido menos ansiosa; si hubiera dejado que la relación creciera naturalmente, quizá habrían terminado haciéndose novios, casándose, teniendo hijos. Ah, esas otras infinitas vidas posibles que se abrían como la cola de un pavo real en torno a nuestra existencia, todas esas modificaciones de nuestro destino que podrían haber tenido lugar con tan sólo variar un pequeño detalle. De hecho, tal vez hubiera ocurrido así en otro mundo, tal ve

Uno de los espejismos más extendidos es el de pensar que nosotros no vamos a ser como los otros viejos, que nosotros seremos diferentes. Pero luego la edad siempre te atrapa y terminas igual de tembloroso, de inestable y babeante.

El tiempo tictaqueaba inexorable..



lunes, 7 de mayo de 2018

La Delicadeza


La Delicadeza
David Foenkinos

No podría reconciliarme con las cosas, ni aunque cada instante tuviera que arrancarse al tiempo para besarme. Ciorana

Le gustaba reír, y también leer. Dos ocupaciones que rara vez podía simultanear, pues prefería las historias tristes.

Había atravesado la adolescencia sin tropiezos, respetando los pasos de cebra. A los veinte años, el porvenir era para ella una promesa.

Una entrada en materia muy clásica, que a menudo determina el punto de partida de algo que, por lo general, con el tiempo deja de ser tan clásico.

Aunque sometido a la dictadura de la sensualidad, no dejaba de ser un hombre romántico, que pensaba que el mundo de las mujeres podía resumirse a una sola.

La literatura estaba allí, en ese momento, entre ellos.

Los tres libros preferidos de Nathalie: Bella del señor, de Albert Cohen,  El amante, de Marguerite Duras, La separación, de Dan Franck

Quizá haya una dictadura de lo concreto que contraría siempre las vocaciones.

Era de esa clase de hombres que abordan a una mujer una sola vez en la vida, y van y aciertan.

Con François, el tiempo transcurría a velocidad de vértigo. Era como si tuviera la capacidad de saltarse días, de crear extrañas semanas sin jueves. Acababan de conocerse y ya estaban celebrando su segundo aniversario de noviazgo. Dos años sin el más mínimo nubarrón, su relación habría dejado pasmados a todos los especialistas en tirarse los trastos a la cabeza.

Ese puzzle parecía distinto a los demás. No se veía ningún dibujo, no había castillos ni personajes. Se trataba de un fondo blanco sobre el que destacaban líneas curvas de color rojo. Líneas que resultaron ser letras. Era un mensaje en forma de puzzle. Nathalie dejó el libro que acababa de abrir para observar el progreso del puzzle. De vez en cuando, François volvía la cabeza hacia ella. El espectáculo de la revelación avanzaba hacia su desenlace. Sólo quedaban unas pocas piezas, y ya Nathalie acertaba a adivinar el mensaje, un mensaje construido con meticulosidad, mediante cientos de piezas. Sí, ahora ya podía leer lo que ponía: «¿Quieres casarte conmigo?»

Como no podía ser de otra manera, la boda fue preciosa

Había una botella de champán para cada invitado, lo cual resultaba de lo más práctico.

Hay una jerarquía en la obligación de la alegría, y las bodas están en la cúspide de la pirámide.

Felicidad absoluta

A François le encantaba John Lennon. De hecho, en su honor, se casó vestido de blanco de los pies a la cabeza. Así, cuando los novios bailaban, la blancura de uno se perdía en la del otro.

Amputado esos momentos de aire libre.

En la felicidad siempre llega un momento en que uno está solo entre la multitud.

Organizar una boda es como formar gobierno después de una guerra

Nadie podía imaginar que a veces esa felicidad le daba miedo, Nathalie temía que pudiera llevar intrínseca la amenaza de la desgracia.

Por primera vez, vivían la vida en su densidad única y total: la del momento presente.

La familia y los amigos presentes el día de su boda formaban lo que podría llamarse el primer círculo de presión social. Presión que pedía la venida al mundo de un niño. ¿Tanto se aburrían en su vida como para que les interesara hasta ese punto la de los demás

Vivimos sometidos a la tiranía de los deseos ajenos.

Frases que se le antojan sublimes

Nathalie vivía en la extraña bruma de la monogamia. Perdón, del amor.

Así fueron pasando los años, y todo parecía tan sencillo, mientras que para los demás todo se hacía más cuesta arriba. Nathalie no comprendía esta expresión: «La relación de pareja hay que trabajarla todos los días.» Según ella, las cosas eran sencillas o no. Resulta muy fácil pensar eso cuando todo va como la seda, cuando nunca hay oleaje. Bueno, sí, alguna vez. Pero cabe preguntarse si no se peleaban simplemente por el placer de reconciliarse. ¿Entonces? Que todo les fuera tan bien ya casi resultaba inquietante. El tiempo pasaba sobre esa facilidad, sobre esa rara habilidad que tienen los vivos.

La contemplación cotidiana de esa feminidad inaccesible le resultaba agotadora.

Quizá fuera ésa su mejor cualidad: la de saber esconder sus flaquezas.

Un segundo después, su vida ya no era la misma.

Letanía alucinatoria

Por la mañana todavía era una mujer. Y ahora se dormía como una niña.

¿Cómo podía tanta felicidad hacerse pedazos de esa manera?

Unos años después, volvemos a reunirnos, y algunos seguramente van igual vestidos que entonces. Habrán sacado del armario su único traje oscuro, que lo mismo vale para la felicidad que para la desgracia. Única diferencia: el tiempo.

Recorría el salón, y todo estaba ahí. Exactamente igual que antes. No se había movido nada. La manta seguía sobre el sofá. También la tetera, sobre la mesa baja, con el libro que estaba leyendo. Le impresionó especialmente ver el señalador. El libro quedaba así dividido en dos; la primera parte la había leído mientras aún vivía François. Y, en la página 321, François había muerto. ¿Qué hay que hacer en esos casos?

¿Puede alguien proseguir la lectura de un libro interrumpido por la muerte de su marido?

Nadie escucha a los que dicen querer estar solos

La voluntad de soledad sólo puede ser una pulsión patológica. Por mucho que Nathalie se esforzara por tranquilizar a todo el mundo, la gente se empeñaba en ir a visitarla.

Le costaba entender que se pudiera tener fe después de haber vivido una tragedia.

Qué difícil mantener la fe después de una tragedia....

Para que el trauma no gangrenara su inconsciente.

Entonces se arrodillaba, y era como una santa con un demonio en el corazón.

Algo, en el movimiento de los días, se había roto de manera brutal.

Recuperar así una especie de soltura nocturna.

Desdoblada así, observaba pasmada la mujer que ya no era,

Estaba sumido en lo que él mismo llamaba «la vida de ca(n)sado».

La velada había seguido la misma línea que el Titanic. Una velada festiva al principio, que al final terminaba en un naufragio. A menudo la verdad se parecía mucho a un iceberg. Nathalie seguía en su campo visual, y quería verla alejarse lo más rápido posible. Incluso el puntito que era ahora se le antojaba desmesuradamente insoportable.

Hay en el duelo una fuerza contradictoria, una fuerza absoluta que lo propulsa a uno tanto hacia la necesidad de cambio como hacia la tentación morbosa de la fidelidad al pasado.

Es que bastaba cambiar de ambiente para cambiar de humor

Una bulimia del trabajo.

Sólo buscaba ahogarse en trabajo y más trabajo

Quizá el dolor sea eso: una forma permanente de estar desarraigado de lo inmediato.

Si supieras lo que tengo en la cabeza, tengo algo tan bonito que borra todos los datos inútiles...

Repasaba en su cabeza una y otra vez la escena del beso. Era ya una película de culto en su memoria.

Silogismos de la amargura, de Cioran.

Permite ver en El beso la realización postrera de la búsqueda humana de la felicidad.

Tres aforismos de Cioran leídos por Markus en el tren de cercanías: El arte de amar consiste en saber unir a un temperamento de vampiro la discreción de una anémona. * En el corazón de cada deseo se enfrentan un monje y un carnicero. * El espermatozoide es un bandido en estado puro.

La pena de amores: no sabes cuándo se te pasará. En el momento más crudo del dolor, piensas que la herida siempre estará abierta. Y, de pronto, una mañana te extrañas de no sentir ya ese peso terrible.
Qué sorpresa darse cuenta de que el dolor ya no está. ¿Por qué ese día? ¿Por qué no más tarde, o antes? Es la decisión totalitaria de nuestro cuerpo. Para ese impulso del beso, Markus no debía buscar una explicación concreta. Había aparecido en el momento adecuado. La mayoría de las relaciones se resumen de hecho a esa simple cuestión del momento adecuado.

Markus, que se había perdido tantas cosas en la vida, acababa de descubrir su capacidad de aparecer en el momento ideal en el campo visual de una mujer.

Hay gente fantástica a la que se conoce en mal momento. Y hay gente que es fantástica porque se la conoce en el momento adecuado.

Lágrimas imprevisibles

Utilizaría el sábado y el domingo como dos gruesas mantas.

Su primera decisión fue muy simple: la reciprocidad. Si ella lo había besado sin pedirle su opinión, no veía por qué no podría él hacer lo mismo.

Entonces es que no sabe usted nada de la sensualidad. Un beso suyo, y luego nada... Pues claro que es un crimen. En el reino de los corazones secos sería usted condenada.

Se daban por fin todas las condiciones para una velada indolora.

El vacío sideral del después

La vida son sobre todo momentos de borrador, tachones y espacios en blanco.

La belleza estaba ahí, delante de él, mirándolo fijamente a los ojos, como una anticipación de lo trágico.

Sentía que todo lo que sabía del amor había sido saqueado.

Tienen una manera de no hablarse de lo más elocuente

Y Markus se dijo: ¿cómo he podido pensar que podía no verla más? Le sonrió, y Nathalie contestó a su sonrisa con otra sonrisa. Habían vuelto las sonrisas. Es curioso cómo a veces uno decide algo muy en serio, se dice que todo será así a partir de ahora, y basta un ínfimo gesto de los labios para quebrar la seguridad de una certeza que parecía casi eterna. Toda la voluntad de Markus acababa de derrumbarse ante una evidencia, la del rostro de Nathalie. Un rostro cansado, un rostro apenado por la incomprensión, pero no dejaba de ser el rostro de Nathalie. Sin hablar, abandonaron discretamente la fiesta para reunirse en el despacho de Markus.

Agarrarse al blanco; a la inmensidad del blanco

Se quedaron un momento así, un momento que dura todavía

Uno nunca debería tratar de evitarse un dolor potencial.

Tenía ganas de partir hacia un destino desconocido. Nada era trágico. Sabía que existían transbordadores entre la isla del dolor, la del olvido y aquélla, más lejana todavía, de la esperanza.

En una historia de amor, el alcohol acompaña dos momentos opuestos: cuando se descubre al otro y hay que narrarse uno mismo, y cuando ya no hay nada que decirse.

Las veladas pueden ser extraordinarias, las noches, inolvidables, y, sin embargo, todas desembocan siempre en mañanas normales y corrientes.

Quizá no haya nada tan extenuante como vivir bajo la tiranía sensual de una belleza fija, detenida en el tiempo.

Era la encarnación violenta de la feminidad.

Ello había originado incluso en su vida, por lo absurdo del mecanismo sensual, un renacer con su mujer. Durante semanas, no habían dejado de hacer el amor, de reencontrarse a través del cuerpo. Se podía hablar incluso de una época magnífica. A veces es mucho más emocionante recuperar un viejo amor que descubrir uno nuevo. Y luego la agonía se había reanudado despacio, como una risa malévola: ¿cómo habían podido creer que volvían a quererse? Aquello había sido una transición, un paréntesis en forma de desesperación disfrazada, una ligera llanura entre dos montañas patéticas.

Una posición frágil, a la espera

Pensó enseguida: esa sonrisa es un crimen.

Un pasado que no termina nunca de pasar.

En Suecia, las carreteras son rectas; llevan a un destino que se ve.

Era la oscuridad más luminosa de su vida

Redescubrir juntos el manual de instrucciones de la ternura.

La vida podía avanzar, la vida podía arrasarlo todo, pero allí nada se movía: era la esfera de lo inmutable.

Instantes robados a la perfección

miércoles, 2 de mayo de 2018

Reencuentro


No recuerdo exactamente cuándo decidí que Konradin tenía que ser mi amigo, pero de lo que no dudé fue de que algún día lo sería.

En mi clase no había un solo chico capaz de satisfacer mi ideal romántico de la amistad, ninguno que yo admirara realmente, ninguno por el cual hubiera estado dispuesto a dar la vida, ninguno capaz de entender mi exigencia de confianza, lealtad y abnegación totales.

Entre los dieciséis y los dieciocho años, los jóvenes combinan a veces una cándida inocencia, una pureza radiante de cuerpo y mente, con un anhelo exasperado de devoción absoluta y desinteresada. 

Generalmente, esa etapa sólo abarca un breve lapso, pero por su intensidad y singularidad perdura como una de las experiencias más preciosas de la vida.

Cómo llamar su atención, cómo hacerle sentir que yo era distinto de esa chusma aburrida, cómo convencerle de que sólo yo merecía ser su amigo… éste era el interrogante para el que no hallaba una respuesta clara.

Y todo ello comunicaba una sensación de paz, de confianza en el presente y de esperanza en el futuro.

Mas todo eso eran simples abstracciones: números, estadísticas, información. Era imposible sufrir por un millón de personas.


A veces, con un movimiento nervioso, apoyaba una mano experimentalmente sobre mi hombro, pero esto lo hacía cada vez más esporádicamente, porque intuía mi resistencia incluso a esa leve exhibición de sentimientos. Sólo cuando estaba enfermo su compañía me resultaba aceptable y disfrutaba con gratitud de su ternura reprimida.

Acaso soy responsable de los actos de mis padres? ¿Tengo yo la culpa de algo? ¿Quieres responsabilizarme de la conducta del mundo? ¿No es hora de que ambos maduremos, dejemos de soñar y enfrentemos la realidad? —después de este estallido se apaciguó un poco—. Mi querido Hans —dijo con gran dulzura—, acéptame tal como he sido creado por Dios y por circunstancias que escapan a mi control. He procurado ocultarte todo esto, pero debería haber sabido que no podría engañarte durante mucho tiempo, y debería haber tenido el valor necesario para confesártelo antes. Sin embargo, soy un cobarde. Sencillamente no soportaba la idea de ofenderte. Sea como fuere, no soy el único culpable. ¡Es muy difícil estar a la altura de tu concepto de la amistad! Pretendes demasiado de simples mortales, mi querido Hans, de modo que trata de entender y perdonarme, y continuemos siendo amigos.

Al principio me faltó valor para dedicarme a eso porque no tenía dinero, pero ahora que tengo dinero me falta valor porque no tengo confianza.
De cualquier forma, no debo quejarme: tengo más amigos que enemigos y hay momentos en los que casi me alegro de vivir… cuando veo cómo se pone el sol y asoma la luna, o cuando contemplo la nieve que corona las montañas.


domingo, 29 de abril de 2018

No y Yo

Voy a hacer un retrato del itinerario de una joven sin techo, de su vida, esto…, de su historia. Quiero decir…, cómo es que se encuentra en la calle.

Voy a entrevistar a una joven sin techo. La conocí ayer, y ha aceptado.

Bajo sus tres chaquetas imaginé un secreto, un secreto clavado en su corazón como una espina, un secreto que no había revelado a nadie. Sentí ganas de estar cerca de ella. Con ella.

Al mismo tiempo me había parecido que conocía de verdad la vida, o más bien que conocía algo de la vida que daba miedo.

Intento sonreír, para parecer natural, pero no hay nada más difícil que parecer natural cuando precisamente se está pensando en ello.

Sé reconocerlo, entre otras cosas, el tono de voz cuando lleva mentira en su interior, cuando las palabras dicen lo contrario de lo que se siente, sé reconocer la tristeza de mi padre, y la de mi madre, como el mar de fondo.

Aún hoy, cuando dejo vagar mi imaginación, cuando no vigilo el camino que toman mis pensamientos, cuando mi cabeza divaga porque me aburro, cuando a mi alrededor el silencio se prolonga, vuelve el grito y me rasga el vientre.

En la calle no hay amigos.

La energía que gasta para tener un aspecto normal.

No puede permanecer varios días seguidos en el mismo sitio. Eso forma parte de su vida. Asentarse. Volver a marcharse. Evitar riesgos. En la calle existen reglas, y peligros. Mejor no hacerse notar. Bajar los ojos. Fundirse con el paisaje. No invadir el territorio del vecino. Evitar las miradas.

Había tanta violencia en su mirada

Me describe sus días, lo que ve, lo que oye, escucho con los oídos bien abiertos, y eso que mis orejas son grandes, apenas me atrevo a respirar. Es un regalo que ella me hace, estoy segura, un regalo a su manera, con su eterna mueca de disgusto, esa expresión asqueada y esas palabras tan duras que dice a veces, apártate, déjame en paz o ¿pero qué te has creído? (es una pregunta sin serlo, que se repite a menudo, como si me dijera: ¿En qué crees tú, en qué crees, crees en Dios?). Es un regalo que no tiene precio, un regalo difícil de llevar por el miedo que tengo a no ser digna de él, un regalo que modifica los colores del mundo, un regalo que pone en cuestión todas las teorías.

Me sonríe con una sonrisa auténtica que viene de dentro, no una sonrisa de fachada que esconde las grietas

A veces el azar obedece a la necesidad.

Y si decidiésemos enfrentarnos a lo que se hace y lo que no se hace, y si decidiésemos que las cosas pueden ser de otro modo incluso si es muy complicado y siempre más de lo que parece.

Las cosas pueden ser de otro modo, así que lo infinitamente pequeño puede volverse grande.

No hubo interrogatorio, ni desconfianza, ni duda, ni marcha atrás. Me siento orgullosa de mis padres. No han tenido miedo. Han hecho lo que debían.

El problema son los peros, precisamente, pero con los peros no se hace nunca nada.

Por la noche, cuando estamos a la mesa, sorprendo la mirada de mi padre sobre ella, esa mirada incrédula y tierna, y al mismo tiempo cargada de inquietud, como si todo eso, tan misterioso, pendiese de un hilo.

Con Lucas inventamos para ella días mejores, azares bienhechores, cuentos de hadas. Ella escucha sonriendo, nos deja contarle otra vida, Lucas es un genio para eso.

A mi madre le importan un rábano las cosas de la dietética y la buena salud, tiene otros problemas contra los que luchar.

Ciertos secretos son como fósiles y la piedra se ha vuelto demasiado pesada para darle la vuelta.

¿Sabes? Las cosas de padres e hijos son siempre complicadas.

El insomnio es la cara oculta de la imaginación. Conozco esas horas negras y secretas.

Hay días en los que nos damos cuenta de que las palabras pueden llevarnos por una peligrosa pendiente y hacernos decir cosas que más vale callar.

Una mirada muerta. Pensé en todas las miradas muertas de la tierra, millones, privadas de brillo, de luz, miradas perdidas que no reflejan nada más que la complejidad del mundo, un mundo saturado de sonidos e imágenes, y sin embargo tan indefenso.

Atmósfera, que se ha espesado.

En la vida no existe nada, no hay títulos, ni pancartas, ni señales, nada que indique atención: peligro, derrumbamientos frecuentes o desilusión inminente. En la vida estamos solos frente a nosotros mismos, y tanto peor si todo está roto.

No hay que esperar cambiar el mundo porque el mundo es mucho más fuerte que nosotros.

La vida no es más que una sucesión de pausas y desequilibrios cuyo orden no obedece a ninguna necesidad.

Aspecto de estar lejos.

¿Es la vida la que se aleja de los carteles o los carteles los que son insolidarios con la vida?

Lo difícil que es encontrar las palabras adecuadas, las que pueden ilusionar, las que consuelan.

Antes de conocer a No, creía que la violencia estaba en los gritos, en los golpes, la guerra y la sangre. Ahora sé que la violencia también está en el silencio, que a veces es invisible a la simple mirada. La violencia es ese tiempo que cubre las heridas, el encadenamiento irreductible de los días, esa imposible vuelta atrás. La violencia es aquello que se nos escapa, calla, no se muestra, la violencia es aquello para lo que no hay explicación, eso que permanecerá opaco para siempre.

Las palabras estaban por debajo del momento, de su gravedad, las palabras no podían expresar ni la necesidad ni el miedo.

Pensé en los efectos secundarios de la vida, aquellos que no se indican en ningún prospecto, en ningún manual de instrucciones. Pensé que también allí estaba la violencia, pensé que la violencia estaba en todas partes.

Algo acababa de pasarme que me había hecho crecer. No tenía miedo.

jueves, 12 de abril de 2018

Job / Joseph Roth


Hace muchos años vivía en Zuchnow un hombre llamado Mendel Singer. Era piadoso, temeroso de Dios y muy sencillo: un judío común y corriente, que ejercía la modesta profesión de maestro. En su casa, que se reducía toda ella a una amplia cocina, enseñaba la Biblia a un grupo de niños. Lo hacía con verdadero celo, pero sin notables resultados. Antes que él, miles de hombres habían vivido y enseñado de la misma manera.

Parecía un hombre más bien falto de tiempo y lleno de quehaceres urgentes.

El gris cortejo de los días laborables, dispuestos como en una ronda de fatigas.

Comprendía todas las palabras que se escondían tras aquella única palabra.

Estaba viviendo algo así como un segundo matrimonio, pero esta vez con la fealdad, la amargura y la senilidad progresiva de su mujer. La sentía más próxima que nunca, casi como en su propio cuerpo, inseparable y eterna; pero insoportable, atormentadora y hasta un poco odiosa. De una mujer con la que sólo se unía en la oscuridad, se había transformado en una enfermedad unida a él día y noche, que le pertenecía totalmente, que ya no necesitaba compartir con el mundo y cuya fiel enemistad lo iba aniquilando.

Te has vuelto tonto a fuerza de enseñar a esos niños. Tú les pasas toda tu inteligencia y ellos te dejan su ignorancia.

Era de noche en su corazón y cada una de sus alegrías ocultaba una pena desde que nació Menuchim.

Incluso para los milagros hay que tener suerte.

Temblaba ya la despedida en ese amor.

Lanzó un grito sin enterarse siquiera: su corazón tenía boca propia, y de ella salió el grito. El carro se detuvo, y Deborah saltó a tierra con la agilidad de una joven. Menuchim seguía en el umbral. La madre se dejo caer a su lado. —¡Mamá! ¡Mamá! —balbuceó el niño. Ella no se movió.

Pero ¿quién podría expresar la tempestad de miedos y tribulaciones que el alma de Menuchim, escondida por Dios bajo el impenetrable velo de la estupidez, debía de estar sufriendo en esos días?

No tenía ya la fuerza necesaria para creer; poco a poco la iban abandonando también las que se necesitan para soportar la desesperanza.

Un judío no podía desear nada mejor que irse a América.

Su corazón se fue enfriando lentamente y empezó a latir como un mazo metálico contra una superficie helada.

Le habían dicho que América era el God’s own country, el país de Dios, como en otros tiempos lo fue Palestina, y que Nueva York era the wonder city, la ciudad de los milagros, como la antigua Jerusalén. La oración se llamaba service, lo mismo que la beneficencia.

Todo lo repentino es malo; lo bueno llega siempre lentamente.

Un golpe de suerte suele traer otro.

Ya era demasiado viejo para gozar de lo nuevo, y demasiado débil para celebrar triunfos.

El calor del amor ya no existía entre nosotros, sino sólo el hielo de la rutina, todo se fue muriendo a nuestro alrededor.

De mí no se compadece, porque soy un muerto y estoy vivo.

Se dio cuenta que en realidad estaba solo hacía muchos años. Estaba solo desde que entre él y su mujer cesó todo placer.

Se está infantilizando, ya es viejo.

Es la alegría que precede a la muerte

Y descansó del peso de la dicha y de la magnitud de los milagros.

domingo, 11 de marzo de 2018

Las mujeres que aman demasiado / Robin Norwood


Las mujeres que aman demasiado
Robin Norwood

Nos atraen los hombres que reproducen la lucha que soportamos con nuestros padres, cuando tratábamos de ser lo suficientemente dignas, útiles, buenas, cariñosas e inteligentes para ganarnos su amor, la atención y la aprobación de aquellos que no podían darnos lo que necesitábamos debido a sus propios problemas y preocupaciones. Ahora funcionamos como si el amor, la atención y la aprobación no tuvieran importancia a menos que tratáramos de obtenerlo de un hombre que también es incapaz de dárnoslo.

A menudo aquellas que provenimos de hogares disfuncionales tuvimos padres irresponsables, inmaduros y débiles. Crecimos con rapidez y nos convertimos en pseudo adultas mucho tiempo antes de estar listas para la carga que suponía ese papel. Pero también nos complacía el poder que nos conferían nuestra familia y los demás. Ahora, como adultas, creemos que depende de nosotras hacer que nuestras relaciones funcionen bien, y a menudo formamos equipo con hombres irresponsables que nos culpan y contribuyen a nuestra sensación de que todo realmente depende de nosotras. Somos expertas en llevar esa carga.

Cuando amamos demasiado vivimos en un mundo de fantasía, donde el hombre con quien somos tan infelices o estamos tan insatisfechas, se transforma en lo que estamos seguras de que puede llegar a ser, y en lo que se convertirá con nuestra ayuda. Dado que sabemos tan poco cómo es ser feliz en una relación y tenemos muy poca experiencia en el hecho de que alguien a quien queremos satisfaga nuestras necesidades emocionales, ese mundo de ensueño es lo máximo que nos atrevemos a acercarnos para tener lo que queremos. Si ya tuviéramos a un hombre que fuera todo lo que quisiéramos, ¿para qué nos necesitaría? Y todo ese talento (y compulsión) para ayudar no tendría dónde operar. Una parte importante de nuestra identidad estaría desempleada. Por eso elegimos un hombre que no es lo que queremos…y seguimos soñando.

El azúcar refinado es casi idéntico en su estructura molecular al alcohol etílico, muchas hijas de alcohólicos desarrollan una adicción a ella y adquieren una forma compulsiva de comer. El azúcar refinado no es una comida, sino una droga. No tiene valor alimenticio; sólo calorías vacías. Puede alterar en forma dramática la química cerebral y es una sustancia altamente adictiva para mucha gente.

Es tan distinto salir con alguien y realmente prestar atención respecto de si me gusta, si lo estoy pasando bien, si me parece una persona agradable. 

Siempre trataba de agradar a quienquiera que estuviese conmigo, de asegurarme que él lo pasara bien conmigo y pensara que yo era una persona agradable.

Cuando los esfuerzos por ayudar provienen de personas con antecedentes desdichados, o que están atravesando relaciones llenas de tensiones, siempre hay que sospechar la necesidad de controlar. Cuando hacemos por otro lo que él mismo puede hacer, cuando planeamos el futuro o las actividades diarias de otro, cuando sugerimos, aconsejamos, recordamos, advertimos o tratamos de persuadir con halagos a alguien que no es una criatura, cuando no podemos soportar
que esa persona enfrente las consecuencias de sus actos y por eso tratamos de cambiar sus actos o prevenir las consecuencias de los mismos: eso es controlar. Nuestra esperanza es que si podemos controlar a esa persona, entonces podemos controlar nuestros sentimientos en los aspectos en que nuestra vida se une a la suya. Y, por supuesto, cuanto más nos esforzamos por controlarlo, menos podemos hacerlo. Pero no podemos detenernos.

Cuando los esfuerzos por ayudar provienen de personas con antecedentes desdichados, o que están atravesando relaciones llenas de tensiones, siempre hay que sospechar la necesidad de controlar. Cuando hacemos por otro lo que él mismo puede hacer, cuando planeamos el futuro o las actividades diarias de otro, cuando sugerimos, aconsejamos, recordamos, advertimos o tratamos de persuadir con halagos a alguien que no es una criatura, cuando no podemos soportar que esa persona enfrente las consecuencias de sus actos y por eso tratamos de cambiar sus actos o prevenir las consecuencias de los mismos: eso es controlar. Nuestra esperanza es que si podemos controlar a esa persona, entonces podemos controlar nuestros sentimientos en los aspectos en que nuestra vida se une a la suya. Y, por supuesto, cuanto más nos esforzamos por controlarlo, menos podemos hacerlo. Pero no podemos detenernos.

Mientras usted se concentre en cambiar a alguien sobre quien no tiene poder (y nadie tiene poder para cambiar a nadie más que a si mismo), no puede emplear sus energías para ayudarse a si misma. Lamentablemente el hecho de cambiar a alguien nos resulta mucho más atractivo que trabajar sobre nosotras mismas, de modo que hasta que abandonemos la noción anterior nunca podremos ponernos a trabajar en la segunda. La mayor parte de la locura y la desesperación que usted experimenta proviene directamente de sus intentos de dirigir y controlar lo que no puede. Piense en todos los intentos que ha hecho: los interminables sermones, los ruegos, las amenazas, extorsiones, tal vez incluso violencia, todos los caminos que se ha probado y que no han dado resultado. Y recuerde como se sintió después de cada intento fallido. Su autoestima se redujo aún más, y se volvió más ansiosa, más impotente, más furiosa. La única manera de salir de toso esto es abandonar los intentos de controlar lo que no puede: a él y su vida. Finalmente, es necesario dejar de hacerlo porque casi nunca cambiara ante esa presión por parte de usted. Lo que debiera ser problema de él empieza a parecer de usted, y, de alguna manera, usted termina atascada en ese problema a menos que deje de intentarlo. Aún cuando él trate de apaciguarla con alguna promesa de cambiar sus costumbres, es probable que vuelva a su viejo comportamiento, a menudo con mucho resentimiento hacia usted. Recuerde: si usted es la razón por la cual el abandona una conducta, también será la razón por la cual la reanude.

La mayoría de quienes amamos demasiado estamos atrapadas en el hábito de culpar a los otros por la infelicidad de nuestra vida, mientras negamos nuestras propias decisiones. Este es un enfoque canceroso de la vida, que debe extirparse de raíz y eliminarse, y la forma de hacerlo es examinarnos a fondo y con honestidad. Solo al ver nuestros problemas y fallas (también nuestros aspectos buenos y éxitos) como nuestros, en lugar de verlos como de alguna manera relacionada
con él, podemos tomar las medidas necesarias para cambiar aquello que hay que cambiar.

No esperar a que el cambie antes de seguir con la vida. Esto también significa no esperar el apoyo de él- en cuestiones financieras, emocionales o prácticas para iniciar o cambiar de carrera, retomar sus estudios o lo que usted desee hacer. En lugar de subordinar sus planes a la cooperación de él, actúe como si no tuviese en que quien más que apoyarse que usted misma. Cubra todas las contingencias – el cuidado de los hijos, dinero, tiempo, transporte – sin usarlo a él como recurso (ni como excusa!). Si, mientras lee esto usted está protestando que sin la colaboración de él son imposibles sus planes, considere sola o con una amiga, como lo haría si no lo conociera. Descubrirá que es muy posible hacer que la vida funcione bien para usted cuando deje de depender de la de él y haga uso de todas sus otras alternativas.

Cultivarse significa actuar en pro de sus intereses. Si usted ha estado demasiado ocupada con él por demasiado tiempo y no tiene vida propia, entonces comience por tomar muchos caminos distintos para averiguar que le atrae. Esto no es fácil para la mayoría de las mujeres que aman demasiado. Dado que ese hombre fue su proyecto durante tanto tiempo, se sienten incómodas al pasar a concentrarse en si mismas y analizar lo que es bueno para su crecimiento personal. Esté dispuesta a probar por lo menos una actividad nueva por semana. Vea la vida como si fuera una mesa de platos variados, y sírvase muchas experiencias distintas para poder descubrir que la atrae.

Cultivarse significa correr riesgos, conocer gente nueva, entrar a un aula por primera vez en años, hacer un viaje sola, buscar empleo...cualquier cosa que sepa Ud. que necesita hacer, pero no ha podido reunir el coraje suficiente para emprenderla. Este es el momento de zambullirse. En la vida no hay errores, sin solo lecciones, de modo que salga y permítase aprender algo de lo que la vida quiere enseñarle. Utilice su grupo de apoyo como fuente de aliento y retroalimentación. (No recurra a su relación ni a aquella familia disfuncional de origen en busca de aliento. Ellos necesitan que usted siga siendo la misma, para poder seguir siendo los mismos. No se sabotee usted misma ni a su crecimiento apoyándose en ellos.)

Cada día haga cosas que no desee hacer, a fin de flexibilizarse y expandir su idea de quien es usted y de que es capaz de hacer. Defiéndase cuando preferiría fingir que no le importa, o vuélvase sobre un punto insatisfactorio aunque prefiera hacerlo a un lado. Haga esa llamada telefónica que preferiría evitar. Aprenda a cuidarse mejor y a preocuparse menos por los demás en sus interacciones. Diga que no para complacerse, en lugar de decir sí para complacer a otro. Pida con claridad algo que desee, y arriésguese a que se lo nieguen.
Al comenzar a ponerse en primer lugar, usted debe aprender a tolerar la ira y la desaprobación de los demás. Son reacciones inevitables de aquellos cuyo bienestar usted había puesto hasta ahora antes que el propio. No discuta, no se disculpe ni trate de justificarse. Manténgase lo más serena y alegre que le sea posible y siga con sus actividades. Los cambios que usted está haciendo en su vida requieren que los que la rodean también cambien, y es natural que se resistan. Pero a menos que usted dé crédito a esa indignación, durará bastante poco. 

No es más que un intento por llevarla a su viejo comportamiento abnegado, a hacer por ellos lo que ellos pueden y deberían hacer solos. Usted debe escuchar con atención a su voz interior en cuanto a lo que es bueno o correcto para usted, luego hacerle caso. Así desarrolla un sano interés por usted misma: escuchando sus propios indicios. Es probable que, hasta ahora, usted ha tenido una capacidad casi psíquica para captar los indicios de los demás sobre la forma en que querían que usted se comportara. "Desconecte" esos indicios, o continuarán sofocando los suyos.

Finalmente volverse egoísta requiere que usted reconozca que su valor es grande, que sus talentos son dignos de expresión, que su realización personal es tan importante como la de cualquier persona, y que su mejor identidad personal es el mejor regalo que tiene usted para el mundo en general y, más especialmente, para quienes están más cerca de usted.

Permitir que te amen es mucho más difícil porque debe venir de un sitio muy privado, el sitio donde tú ya te amas.

Éstas son las características de una mujer que se ha recuperado de amar demasiado.
1. Se acepta por completo, aún cuando desea cambiar partes de sí misma. Hay un amor propio y una autoconsideración básicos, que ella alimenta con cuidado y expande con decisión.
2. Acepta a los demás tal como son, sin tratar de cambiarlos para satisfacer sus propias necesidades.
3. Está en contacto con sus sentimientos y actitudes en todos los aspectos de su vida, inclusive la sexualidad.
4. Atesora cada aspecto de sí misma: su personalidad, su apariencia, sus creencias y principios, su cuerpo, sus intereses y logros. Se auto aprueba, en lugar de buscar una relación que le otorgue una sensación de valor propio.
5. Su autoestima es lo suficientemente grande para que pueda disfrutar de la compañía de los demás, especialmente de los hombres, que le parecen bien tal como son. No necesita que la necesiten para sentirse digna.
6. Se permite ser abierta y confiada con la gente apropiada. No teme que la conozcan en un nivel personal profundo, pero tampoco se expone a la explotación de quienes no se interesan por su bienestar.
7. Se pregunta: “¿Esta relación es buena para mí? ¿Me permite llegar a ser todo lo que soy capaz de ser?”
8. Cuando una relación es destructiva, es capaz de renunciar a ella sin experimentar una depresión incapacitante. Tiene un círculo de amigos que la apoyan e intereses sanos que la ayudan a superar la crisis.
9. Valora su propia serenidad por sobre todas las cosas. Todas las luchas, el drama y el caso del pasado han perdido su atracción. Se protege a sí misma, su salud y su bienestar.
10. Sabe que una relación, para que funcione, debe darse entre dos personas que compartan objetivos, intereses y valores similares, y que tengan capacidad para la intimidad. Sabe también que ella es digna de lo mejor que le pueda ofrecer la vida.

A menos que tengamos autoaceptación y amor propio, no podemos tolerar que nos “conozcan”, porque sin esos sentimientos no podemos creer que somos dignas de ser amadas tal como somos. En cambio, tratamos de ganar amor dándolo a otra persona, siendo maternales y pacientes, sufriendo y sacrificándonos, proporcionando una vida sexual excitante o cocinando de maravillas, o lo que sea.