lunes, 31 de agosto de 2020

El entierro de Roger Malvin


Susceptibles de recibir la luz de luna de lo novelesco.

 

La imaginación, si tiene el juicio de dejar en la sombra ciertos incidentes,

 

Luz alegre

 

Cabellos entrecanos

 

Deja que el deseo de un moribundo tenga influencia en ti.

 

No soy un hombre de débil corazón y, si lo fuera, existe un soporte más seguro que el de los amigos terrenales.

 

Déjame por mi bien, de modo que, tras rezar una oración por tu seguridad, me quede tiempo para rendir cuentas sin que me perturben las penas de este mundo.

 

Dile a mi hija —dijo Roger Malvin— que aunque tú mismo estabas gravemente herido, y débil, y agotado, por varias leguas dirigiste mis pasos vacilantes y que me abandonaste sólo a instancias de mis sinceras súplicas, porque yo no quería que tu sangre me manchara el alma. Dile que fuiste leal en el dolor y en el peligro y que si tu flujo vital hubiera podido salvarme, se habría derramado hasta la última gota. Y dile que serás algo más preciado que un padre, que mi bendición cae sobre ambos y que mis ojos moribundos columbran un camino largo y placentero que habrán de recorrer en compañía.

 

Créeme, Rubén, mi corazón estará más alegre con cada paso que des en dirección a casa.

 

La miserable y humillante tortura del elogio inmerecido.

 

Deploraba honda y amargamente la cobardía moral que había refrenado sus palabras cuando estuvo a punto de revelarle la verdad a Dorcas. Pero el orgullo, el temor de perder su cariño, el miedo del desprecio general, le prohibían enmendar su falsedad.

 

Mientras que la razón le decía que había obrado bien, padecía en alto grado los horrores mentales que castigan al autor de un crimen secreto.

 

La tristeza del adiós tuvo para cada uno de los peregrinos mitigaciones particulares

 

Algo nos hace estremecer —y sin embargo nos caldea el corazón— cuando pensamos en los tres, unidos por los fuertes lazos del amor y separados de todos los que vivían por fuera de este vínculo.

 

Le habló con el tono compungido que los de tierno corazón asignan a las penas que hace tiempo se enfriaron y murieron.

domingo, 12 de julio de 2020

Rabindranath Tagore; Gitanjali

1

Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.

 

1

Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.

 

3

Mudo de asombro

 

3

La luz de tu música ilumina el mundo

 

4

Voy a guardar mi corazón de todo mal, y a tener siempre mi amor en flor.

 

4

Será mi afán revelarte en mis acciones.

 

5

Es el tiempo de sentarse quieto frente a ti, el tiempo de cantarte, en un ocio mudo y rebosante, la ofrenda de mi vida.

 

5

Sé indulgente conmigo un momento, y déjame sentarme a tu lado, que luego terminaré lo que estoy haciendo.

 

6

Anda, no esperes más; toma esta florcita, no se mustie y se deshoje. Quizás no tengas sitio para ella en tu guirnalda; pero hónrala, lastimándola con tu mano, y arráncala, no sea que se acabe el día sin que yo me dé cuenta; y se pase el tiempo de la ofrenda. Aunque su color sea tan pobre, y tan poco su olor, ¡anda, ten esta flor para ti, arráncala ahora que es tiempo!

 

7

Señor, poeta mío. Aquí me tienes sentado a tus pies. Déjame sólo hacer recta mi vida y sencilla, como una flauta de caña, para que tú la llenes de música.

 

7

Mi canción, sin el orgullo de su traje, se ha quitado sus galas para ti. Porque ellas estorbarían nuestra unión, y su campanilleo ahogaría nuestros suspiros.

 

8

El niño vestido de príncipe, colgado de ricas cadenas, pierde el gusto de su juego, porque su atavío le estorba a cada paso. Por temor a rozarse o a empolvarse, se aparta del mundo, y no se atreve ni siquiera a moverse. Madre, ¿gana él algo con ser esclavo de ese lujo que le aparta del polvo saludable de la tierra, que le roba el derecho de entrar en la gran fiesta de la vida de todos los hombres?

Que no nos estorbe el atavío ...

 

9

Necio, que intentas llevarte sobre tus propios hombros!

 

9

Deja todas las cargas en las manos de aquel que puede con todo, y nunca mires atrás nostálgico.

 

10

Mi corazón no sabe encontrar su senda, la senda de los solitarios, por donde tú vas entre los más pobres, los más humildes y perdidos.

 

13

Mis días se me han ido afinando las cuerdas de mi arpa; pero no he hallado el tono justo, y las palabras no venían bien. ¡Sólo la agonía del afán en mi corazón!

 

14

Mis deseos son infinitos, lastimeros mis clamores; pero tú me salvas siempre con tu dura negativa. Y esta recta merced ha traspasado de parte a parte mi vida.

 

14

Día tras día me haces digno de los dones grandes y sencillos que me diste sin yo pedírtelos, el cielo y la luz, mi cuerpo, mi vida y mi entendimiento; y me has salvado, día tras día, del escollo de los deseos violentos.

 

15

Hónrame tú ordenando mi presencia!

 

16

Fui invitado a la fiesta de este mundo, y así mi vida fue bendita. Mis ojos han visto, y oyeron mis oídos. Mi parte en la fiesta fue tocar este instrumento; y he hecho lo que pude.

 

18

Las nubes se amontonan sobre las nubes, y oscurece.

 

18

Pero en esta oscuridad solitaria, no tengo más que tu esperanza.

 

19

Si no hablas, llenaré mi corazón de tu silencio, y lo tendré conmigo. Y esperaré, quieto, como la noche en su desvelo estrellado, hundida pacientemente mi cabeza.

 

19

Tu voz se derramará por todo el cielo, en arroyos de oro.

 

22

Hoy, la mañana ha cerrado sus ojos, sin hacer caso de la insistente llamada del huracán del este, y un espeso manto ha caído sobre el azul siempre alerta del cielo.

 

22

Los bosques han dejado de cantar,

 

22

Único amigo mío, mi más amado amigo; mira abiertas las puertas de mi casa; no pases de largo como un sueño!

 

25

Acaso no eres tú quien corre el velo de la noche sobre los ojos rendidos del día, para renovar su sentido con la refrescada alegría del despertar?

 

27

¡Enciende la lámpara del amor con tu vida!

 

29

Este hermoso muro es mi orgullo, y lo enluzco con cal y arena, no vaya a quedar el más leve resquicio. Y con tanto y tanto cuidado, pierdo de vista mi verdadero ser.

 

34

Que sólo quede de mí, Señor, aquel poquito con que pueda llamarte mi todo. Que sólo quede de mi voluntad aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes, volver a ti en cada cosa, ofrecerte mi amor en cada instante. Que sólo quede de mí aquel poquito con que nunca pueda esconderte. Que sólo quede de mis cadenas aquel poquito que me sujete a tu deseo, aquel poquito con que llevo a cabo tu propósito en mi vida; la cadena de tu amor.

 

35

Permite, Padre, que mi patria se despierte en ese cielo donde nada teme el alma, y se lleva erguida la cabeza; donde el saber es libre; donde no está roto el mundo en pedazos por las paredes caseras; donde la palabra surte de las honduras de la verdad; donde el luchar infatigable tiende sus brazos a la perfección; donde la clara fuente de la razón no se ha perdido en el triste arenal desierto de la yerta costumbre; donde el entendimiento va contigo a acciones e ideales ascendentes… ¡Permite, Padre mío, que mi patria se despierte en ese cielo de libertad

 

36

Mi oración, Dios mío, es ésta: Hiere, hiere la raíz de la miseria en mi corazón. Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares. Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles. Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente. Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana. Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad

 

37

He visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí. Y cuando las palabras viejas se caen secas de mi lengua, nuevas melodías estallan en mi corazón; y donde las veredas antiguas se borran, aparece otra tierra maravillosa.

 

39

Cuando esté duro mi corazón y reseco, baja a mí como un chubasco de misericordia. Cuando la gracia de la vida se me haya perdido, ven a mí con un estallido de canciones. Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo, cerrándome el más allá, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego. Cuando mi pordiosero corazón esté acurrucado cobardemente en un rincón,

 

39

Cuando esté duro mi corazón y reseco, baja a mí como un chubasco de misericordia. Cuando la gracia de la vida se me haya perdido, ven a mí con un estallido de canciones. Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo, cerrándome el más allá, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego. Cuando mi pordiosero corazón esté acurrucado cobardemente en un rincón, rompe tú mi puerta, Rey mío, y entra en mí con la ceremonia de un rey. Cuando el deseo ciegue mi entendimiento, con polvo y engaño, ¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor!

 

39

Rompe tú mi puerta, Rey mío, y entra en mí con la ceremonia de un rey. Cuando el deseo ciegue mi entendimiento, con polvo y engaño, ¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor

 

43

Fue un día en que yo no te esperaba. Y entraste, sin que yo te lo pidiera, en mi corazón, como un desconocido cualquiera, Rey mío; y pusiste tu sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida.

 

44

La sombra va tras la luz.

 

44

Mensajeros, que traen nuevas de cielos desconocidos, me saludan y siguen aprisa por la senda. Mi corazón late contento dentro de mí, y el aliento de la brisa que pasa me es dulce.

 

44

Mientras, el aire se está llenando del aroma de la promesa.

 

47

Que se aparezca él a mis ojos como la luz primera y la primera forma! ¡Que el primer estremecimiento de alegría le venga a mi alma amanecida de su mirar! ¡Que mi retorno a mí mismo sea volver de pronto a él!

 

56

Tu voluntad está siempre recreándose en mi vida.

 

58

¡Que todas las alegrías se unan en mi última canción: la alegría que hace desbordarse a la tierra en el exceso desenfrenado de la yerba; la alegría que echa a bailar vida y muerte, hermanas gemelas, por el vasto mundo; la alegría que la tempestad barre adentro, despertando y sacudiéndolo todo con su carcajada; la alegría que se sienta, en paz con sus lágrimas, en el abierto loto rojo del dolor; la alegría que tira cuando tiene; la alegría que lo ignora todo!

 

62

Cuando beso tu cara, amor mío, para hacerte sonreír, sé bien cuál es la alegría que mana del cielo en la luz del amanecer, y el deleite que traen a mi cuerpo las brisas del verano…, cuando beso tu cara, amor mío, para hacerte sonreír.

 

63

Tú me has traído amigos que no me conocían. Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas. Tú me has acercado lo distante y me has hermanado con lo desconocido. Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado. Olvido que lo antiguo está en lo nuevo, que en lo nuevo vives también tú.

 

65

Poeta mío, ¿te encanta ver la creación con mis ojos; oír, silencioso, en los umbrales de mis oídos, tu propia armonía eterna? Tu mundo teje palabras en mi pensamiento, y tu alegría las hace más melodiosas. Te me das, enamorado, y luego sientes toda tu propia dulzura en mí.

 

67

Eres, a un tiempo, el cielo y el nido. Hermoso mío, aquí en el nido, tu amor aprisiona el alma con colores, olores y música. ¡Cómo viene la mañana, con su cesta de oro en la diestra, donde trae la guirnalda de la hermosura, para coronar, en silencio, la tierra!


72

Es él, mi más íntimo él, quien despierta mi vida con sus profundas llamadas secretas. El, quien pone este encanto en mis ojos; quien pulsa, alegremente, las cuerdas de mi corazón en su múltiple armonía de placer y de pesar. El, quien teje la tela de esta maya con matices tornasoles de oro y plata, azul y verde; quien asoma por sus pliegues los pies, cuyo contacto me enajena. Los días pasan, mueren los años, y él sigue moviendo mi corazón con mil nombres, con mil disfraces, en innumerables transportes de placer y de pesar.

 

81

Escondido en el corazón de las cosas, tú nutres las semillas y las tornas en brotes, y los capullos en flores, y las flores en frutos. Estaba yo dormitando, rendido, en mi lecho ocioso, y pensaba que no hacía cosa alguna. Cuando desperté, en la mañana, vi mi jardín lleno de flores maravillosas.

 

81

Cuántos días ociosos he sentido pena por el tiempo perdido! Pero ¿ha sido perdido alguna vez, Señor? ¿No has tenido tú mi vida, cada instante, en tus manos?

 

82

El tiempo es infinito en tus manos, Dios mío. ¿Quién podrá contar tus minutos? Pasan días y noches, se abren los años y luego se mustian, como flores. Tú sabes esperar. Tus siglos vienes, uno tras otro, perfeccionando la florecilla del campo. Pero nosotros no podemos perder nuestro tiempo, y tenemos que echarnos de cabeza a nuestras ocasiones. ¡Somos demasiado pobres para llegar tarde! Y así, el tiempo se va mientras yo se lo estoy dando a los otros que, irritados, lo reclaman. Y así tu altar está sin una sola ofrenda. Por la tarde, me apresuro temeroso, no vaya a estar cerrado tu portal. Pero siempre llego a tiempo.

 

83

Madre, yo te haré una cadena de perlas para tu garganta, con las lágrimas de mi dolor. Las estrellas forjaron con luz las ajorcas de tus pies; pero mi cadena va a ser para tu pecho. Riqueza y nombradía vienen de ti, y tú puedes darlas o no a tu gusto. Pero mi dolor es sólo mío, y cuando te lo ofrezco, tú me pagas con tu gracia.

 

93

Recibí, más de lo que pude dar.

 

95

Y como amo tanto esta vida, sé que amaré lo mismo la muerte.

 

 

Iván Turguénev; Diario de un hombre superfluo

No ha hecho nada reseñable en toda su vida

 

El concepto de hombre superfluo, como hombre inteligente, sensible e idealista pero nihilista e indeciso, se hizo popular gracias a la publicación de esta obra de Iván Turguénev en 1850.

 

Un hombre decente no habla de sus enfermedades; componer una novela corta, no, no es para mí; para deliberar sobre asuntos elevados no me alcanzan las fuerzas; describir la cotidianidad que me rodea ni siquiera me entretiene; pero me aburre no hacer nada, y me da pereza leer. ¡Oh! Voy a contarme mi propia vida. ¡Una idea magnífica! Justo antes de morir se considera correcto y no va a molestar a nadie. Empiezo.

 

Desprenderse al fin de la conciencia abrumadora de la vida, del sentimiento obsesivo e inquieto de la existencia!

 

Mientras el hombre vive, no percibe su propia vida; esta, como un sonido, se vuelve clara varios años después.

 

Las efusiones sentimentales son como el regaliz: al principio lo chupas y parece que no está mal, pero después se queda un sabor desagradable en la boca. Empezaré a contar mi vidcon sencillez y tranquilidad.

 

Mi vida no se diferencia en nada de la vida de otra mucha gente. La casa paterna, la universidad, el servicio en los grados bajos del escalafón, el cese, un pequeño círculo de conocidos, pobreza sencilla, placeres modestos, ocupaciones humildes, deseos moderados, tengan la bondad de decirme si hay alguien que no conozca nada de esto. Y por eso no voy a contar mi vida, tanto más porque escribo para deleite mío; y dado que hasta yo creo que mi pasado no tiene nada demasiado alegre, y ni siquiera demasiado triste, debe de ser que no hay nada digno de atención.

 

He de confesar una cosa: en este mundo he sido un hombre completamente superfluo o, quizá, un pájaro completamente superfluo.

 

Es evidente que la Naturaleza no contaba con mi aparición y, en consecuencia, se comportó conmigo igual que con un huésped no esperado ni invitado.

 

En realidad soy bastante inteligente, incluso a veces se me ocurren ideas bastante divertidas, nada corrientes, pero puesto que soy un hombre superfluo y con un candado en mi interior, pues me cuesta horrores

 

Expresar mi idea, tanto más porque sé de antemano que la contaré mal. Incluso a veces me parece raro cómo habla la gente, con tanta sencillez y facilidad…

 

Esas tres semanas fueron la época más feliz de mi vida.

 

Cuando un hombre se siente muy bien, es sabido que su cerebro no trabaja mucho. Un sentimiento tranquilo y alegre, el sentimiento de estar satisfecho, se infiltra en todo su ser, lo absorbe; la conciencia de ser un individuo desaparece, se siente completamente feliz, como esa tontería que dicen los poetas educados. Pero cuando al fin pasa el encantamiento, el hombre a veces siente y lamenta haber cuidado tan poco de sí mismo en medio de esa felicidad, no haber duplicado sus reflexiones, sus recuerdos, no haber proseguido con su disfrute…, como si el hombre completamente feliz tuviera cuándo hacer esas cosas, ¡si ni se para a meditar sus sentimientos! Un hombre feliz es como una mosca al sol.

 

En ese estado de adoración apasionada y atenta en que con toda el alma se sigue inocente e involuntariamente cada movimiento del ser amado, en que no es capaz de hartarse de su presencia, de cansarse de oír su voz, en que sonríe y mira como un niño recuperado de una enfermedad, y una persona algo experimentada sabría a cien pasos y a primera vista qué es lo que ocurre

 

Sí, por fuerza tendrás que decir, como el filósofo ruso: «¿Cómo saber lo que no sabes?». Hasta mañana.

 

Aún teniendo ojos e incluso abriéndolos muchísimo, no llegan a ver nada o ven todo bajo una luz equivocada, como a través de unas lentes tintadas. Sus propias ideas y observaciones les obstaculizan cada paso.

 

La mentira es igual de vivaz que la verdad, si no más.

 

No es capaz de entender lo que ocurre en su interior, tampoco lo es de lo que ocurre delante de él.

 

Ya no tenía duda alguna sobre mi desgracia y estaba completamente desesperado,

 

La muerte es algo sagrado a pesar de todo, eleva a cualquier criatura.


lunes, 22 de junio de 2020

Espido Freire; Los malos del cuento



LOS MONSTRUOS, LAS BRUJAS, LAS MADRASTRAS, los vampiros, existen. Nos rodean a diario; se encuentran en nuestra familia, entre los amores que vivimos, en la oficina, al final de cada calle. Lo que ocurre es que ya no los llamamos así: preferimos hablar de manipuladores, de psicópatas, de familias disfuncionales o incluso de traumas o complejos. Ya no se encuentran en los bosques, o en los cementerios, o en las cámaras ocultas de siniestros castillos.

 

Es divertido, a veces, jugar a ser una diva.

 

Eviten torturarse con interrogantes acerca de por qué actúan así: lo hacen porque les conviene, porque es el camino más corto para conseguir lo que desean, y porque han descubierto que les compensa dañar a otra persona o saltarse la ley con tal de lograrlo. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Se mueven en las sombras.

 

Son criaturas de la noche, que no soportan una explicación clara o un enfrentamiento directo. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Drácula, como casi todos los malos de los cuentos, no alberga la menor voluntad de cambiar. Las cosas marchan estupendamente para él, a su manera. El intento de humanizarlo es casi siempre una energía perdida. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Son adictos a la adrenalina, y no soportan aburrirse.

 

Necesitan acción constante, satisfacciones superficiales e inmediatas

 

Son adictos a las bromas pesadas y a los comentarios sarcásticos, incluso hirientes. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

En esta lucha, la única posibilidad es la huida y la protección. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

La mentalidad en blanco y negro o todo/nada es común entre muchas de las personas dañinas, y una característica infantil de quien no sabe frustrarse, pactar o aceptar que la realidad, en ocasiones, se muestra adversa. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

EL PODER corrompe, no lo es menos que embellece al corrupto.

 

Un manipulador ha sustentado su personalidad (generalmente cobarde y con muy baja autoestima) y su realidad (que percibe como amenazadora) en torno a la manipulación, con lo que resulta imposible pedirle que cambie o que evolucione. La única posibilidad de librarse de la manipulación es reconocerla y no acceder a ella. Las señales de alerta comienzan con gestos pequeños: incoherencias entre lo que dice o lo que hace esa persona, exageraciones o desviaciones de la verdad, una sensación inconcreta de malestar cuando se está con ella, y, al mismo tiempo, atracción y cierta dependencia. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Un refrán turco dice: «Una broma nunca es una broma». Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Un pasivo-agresivo de diccionario, que jamás se encuentra satisfecho, ni confía en el otro, ni es capaz de una entrega sincera. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

El rey mantenía a Griselda en vilo, pero sin soltarla nunca completamente. Siempre con una excusa para todo, y con una frialdad despreciable.

 

No sabe cómo enfrentarse a este rey que en ocasiones la necesita para vivir y en otras la rechaza y desprecia.

 

Todo lo que dice tiene una intención determinada. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Primera norma de supervivencia: evite la pena. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

El psicólogo Charles R. Figley asume que un trauma sobreviene cuando una persona se enfrenta a un hecho inusual dentro de la normalidad, algo que amenace su vida o su integridad, o la de sus seres queridos; o si pierde su hogar de manera repentina, o incluso si es testigo de un acto violento que hiere o mata a otra persona. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

El trauma necesita terapia: necesita, sobre todo, que se verbalice el dolor, el miedo o la rabia, para que se le pueda dar nombre a lo innominable, y para que se pueda dar paso a las otras etapas del duelo. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Es importante que no se tome la recuperación como un empeño en vencer o derrotar al monstruo. Conviene alejarse y reclamar lo que le pertenece. Esa persona está más acostumbrada, y juega a ese juego con muchísima más habilidad. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Nunca hay que menospreciar el poder de los monstruos. Si han sido capaces de herir a la víctima una vez es porque han dado con sus puntos débiles, y pueden volver a hacerlo. Les gusta el sabor de la sangre, y pueden regresar a por más. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Pero en caso de un encuentro con el agresor, vale más no mostrar ninguna reacción. Se alimentan de esa energía, que les permite la ficción de que aún son importantes, de que aún pueden hacer daño. En caso de un ataque directo, esto es más importante que nunca. Los monstruos no saben qué hacer cuando no hay reacción: se les priva de su poder. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Entre todas las contradicciones del duelo, puede incurrirse en la tentación de hacerle sentir todo el dolor que la víctima está sufriendo. Por desgracia, eso es una fantasía. Sería incapaz de situarse en el puesto del herido, o de padecer algo similar. Carece de empatía, y sus motivaciones no son las mismas. El dolor y la manera de calmarlo es asunto de la víctima. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

La vida puede rehacerse a cada momento, y en innumerables ocasiones. Quedan cicatrices, algunas apenas rasguños, otras, imborrables. Si el trauma puede dejarse atrás, sería absurdo aferrarse a él; un triunfo más para quien hizo daño. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Hay heridas que no cicatrizarán, y de las que habrá que ocuparse de manera perpetua. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

 

El trato con los demás nos obliga a una adaptación continua, que permite perder el apego a conductas rígidas, y a mirar con mayor objetividad problemas y conflictos. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Si algo parece demasiado bueno, hay altas posibilidades de que sea un timo. Si alguien parece un semidiós, es muy probable que nos esté engañando o que nos estemos engañando. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

Casi todos habremos experimentado la alegría, nos habremos enamorado, reído, habremos logrado cosas que creíamos imposibles y habremos descubierto tesoros. Pero las cartas han de estar sobre la mesa lo antes posible. La búsqueda de la felicidad no puede excluir los malos momentos y cómo afrontarlos, ni puede basarse en fantasías. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

La maldad existe. No me cansaré de repetirlo. En novelas, en cuentos y en ensayos, mi obsesión ha sido desde siempre abordar el lado oscuro de la personalidad corriente, de quienes no nos alejamos demasiado de la media, de quienes, a veces, nos sentimos monstruos y a veces creemos ser víctimas. La maldad existe. No la toleren, no la menosprecien. El malvado puede progresar. Huyan en cuanto puedan. No la desafíen. Callen, no reaccionen, cuéntenselo a otros y pidan ayuda, escapen, denuncien. Los héroes han de ser otros. El ciclo del héroe finaliza con él muerto en circunstancias dramáticas y la apoteosis o divinización sólo ocurría tras la muerte. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

En la foresta hay seres extraordinarios, flores inauditas, árboles generosos, fuentes ubérrimas, animalitos con los que jugar, mariposas y silencio. Un lobo no nos va a estropear el paseo por el bosque. Espido Freire; Los malos del cuento.

 

 

jueves, 18 de junio de 2020

Javier Gomá Lanzón; Todo a mil


 

El rotar de las estaciones

Quien auténticamente sabe algo, sabe también comunicarlo en breve espacio.

 

El rotar de las estaciones

El rotar de las estaciones nos recuerda que este mundo ofrece una pluralidad de escenarios pero también que el número de ellos no es infinito.

 

El rotar de las estaciones

Nada es igual, porque quien ha mutado ha sido el hombre.

 

2. Los genios desconocidos no existen

sustituyó a cualquier otro deseo». El lector imagina que el protagonista renuncia a la postre a sus achaques de genialidad y, libre ya de hipóstasis adventicias que le condujeron a una vejez prematura, podría ahora cuidar de sí mismo y empezar a vivir la vida verdadera.

 

4. Aladas palabras

Prestar nuestra atención es prestar nuestra alma.

 

8. Yo la adoro, pero... (elogio del chisme)

Un índice del nivel cultural de un país es la calidad de las conversaciones sociales que mantienen sus ciudadanos por puro pasatiempo.

 

26. Prestar atención

Latoso, ese espécimen sobreabundante en la vida social que se caracteriza, en definición de Benedetto Croce, por «quitarnos la soledad sin darnos compañía».

 

 

27. Prenda del atardecer

Lo bello es el esplendor de una forma perfecta, mientras que lo sublime reside en el sentimiento que produce la presencia de lo grandioso, evocador de algo infinito, desmesurado, ilimitado. El placer de lo portentosamente imperfecto. 

 

31. Desmiento los rumores

La literatura es importante porque expresa valores de más altura, como la belleza, el sentimiento o la comprensión del mundo.

 


32. Demonio del mediodía

Al cumplir los cincuenta años. Les nace un deseo, que creían ya sepultado desde la mocedad, de algo nuevo, que les devuelva la ilusión por vivir. Durante demasiado tiempo, discurren, han cumplido con puntualidad y sin emoción todos los deberes profesionales y familiares que se les habían amontonado encima de los hombros, y se les hace evidente ahora que ha llegado el momento de ocuparse del deber hacia uno mismo. Quieren sentir la vida, que empieza a declinar, antes de que les abandone del todo. Con frecuencia, el achaque lo desencadena un nuevo o antiguo amor; otras veces, una necesidad irreprimible de cambiar de trabajo.

 

 

DIAS SIN TI; ELVIRA SASTRE


En el mundo hay un hueco para cada persona. Cuando dos personas se enamoran, se vuelven una, el lugar que ocupan pasa a ser sólo uno, y en él cabe el universo. Por el contrario, cuando alguien falta su espacio se vuelve un agujero inmenso y aterrador para quien lo contempla. Lo llaman ausencia. A veces son ausencias elegidas y, otras veces, involuntarias. Pero nada da más miedo que ese vacío. Intentamos pasar de puntillas sobre él, disimularlo con otros cuerpos que no consiguen llenarlo, adornarlo con flores que terminan marchitándose. Sin embargo, lo más curioso de todo esto es que no nos damos cuenta de que el olvido es una trampa, un mecanismo de autodefensa, la salida más fácil, un mal homenaje. No debemos forzar el olvido de quien una vez nos cedió su sitio, sino aprender a volver a ese lugar sin angustia e intentar regresar ilesos. Volver, si acaso, con una pizca de tristeza que celebre aquella felicidad tan lejana. Aprender esto y ponerlo en práctica requiere tiempo, distancia y ganas. Yo sólo sé que donde estaba ella yo ya no cabía, por más que me aferrara a su mano e intentara esconderme entre su cabello. No había hueco para mi, y salir de aquel lugar fue una lucha contrsa mi propio cuerpo que, finalmnete, me dio mas fuerza de la que me había arrebatado.

 

Día uno sin ti

TE ECHO TANTO DE MENOS QUE EN MI RELOJ AÚN ES AYER

 

Día uno sin ti

Ya anciana, supo que le quedaban pocas aventuras más por vivir, así que disfrutaba aconsejando al resto, aunque pocos le hacían el caso que se merecía.

 

Día uno sin ti

Sólo los que van a contracorriente consiguen llegar a su destino; allí donde están todos no hay hueco para nadie más. Y tú te mereces el mejor lugar del mundo.

 

Día uno sin ti

Hagas lo que hagas, busca el latido.

 

Día uno sin ti

Era de ese tipo de personas que se adelantan a lo malo, que antes de que les alcance la pena ya están en otro sitio.

 

Día uno sin ti

Eso fue lo que me enamoró de él: la manera en que él se enamoró de mí.

 

Día uno sin ti

Cada recuerdo, aunque ya no exista, es un nuevo instante a su lado, y eso no tiene precio.

 

Día dos sin ti

Cualquier obra de arte que se exponga, se debe conseguir ese lazo invisible que atrapa la mirada del que pasa por delante. Igual que un libro no existe sin unos ojos que lo lean o una canción no sobrevive sin alguien que la escuche, una obra no cumple su función si no atrapa al espectador.

 

Día dos sin ti

Es breve el tiempo que lleva acostumbrarse a las sombras, sin embargo uno nunca se hace del todo a la claridad.

 

Día dos sin ti

La vida está llena de primeras veces, de situaciones que descubrimos al comenzar algo.

 

Día tres sin ti

Hay momentos en los que la vida te coloca en una situación compleja: escoger entre lo que puede hacerte feliz y lo que quieres que te haga feliz.

 

Día cuatro sin ti

El amor no termina, aunque una historia sí lo haga.

 

Día cuatro sin ti

Aprender a vivir con los finales sin renunciar a otros principios.

 

Día cuatro sin ti

Sólo hay una forma de superar un miedo, y no es corriendo ni quedándose quieto; hay que mirarlo de frente, ponerle un nombre y hablar con él hasta comprenderlo. Sólo se necesita un poco de valentía, porque es complicado tratar de resolver las preguntas que viven dentro de nosotros y el miedo es un escudo muy poderoso, pero no se puede vivir toda la vida con interrogantes en la cabeza. Sólo así se despejan, con paciencia y valentía.

 

Día cinco sin ti

Sabía sostener nuestra felicidad

 

Día seis sin ti

Él no merecía a mi madre, nunca supo cuidarla. De pequeña presencié numerosos desprecios, malas palabras, intentos de apagarla. Mi madre resistió por mí, por fingir lo que ella creía que era el ambiente de unión que necesitaba una niña, pero ahora deseo con todas mis fuerzas que hubiera hecho las maletas y se hubiese largado de aquel infierno, que hubiera usado esa fuerza para vivir su vida en vez de para resistir en la vida de otro. Pero no tuvo tiempo.

 

Día seis sin ti

Era el retrato de un hombre egoísta y abandonado. Ni una palabra sobre mi madre, sobre su brillo constante, sobre cómo nos calmaba a todos.

 

Día seis sin ti

Cuando te lo quitan todo, hay que quedarse con lo que llevas dentro.

 

Día siete sin ti

Entendía el amor como algo que se ofrece a alguien, que sale de uno y se da al otro. Un acto voluntario y generoso, el culmen de las buenas acciones, el máximo apogeo de la libertad y la felicidad, el número uno de la lista de los propósitos de Año Nuevo. Tantas canciones no podían equivocarse, no. Tantos poemas, tampoco.

 

Día siete sin ti

Somos una pareja, pero las decisiones son de cada uno.

 

Día siete sin ti

Las historias de dos no las puede arreglar uno

 

Día siete sin ti

La felicidad va y viene, pero la tristeza duerme dentro de nosotros. Y no pasa nada por estar triste, mi amor. Lo que no hay que tener es miedo. Ésa es la única lucha que debe mantener el ser humano.

 

Día siete sin ti

Era un hombre autodidacta y progresista.

 

Día siete sin ti

Consiguió darle la vuelta y transformarlo con un gesto de amor.

 

Día ocho sin ti

Acariciándome las mejillas y mirándome con esos ojos suyos que abarcaban selvas y desiertos.

Día ocho sin ti

Recuerdo de los que salvan.

 

Día nueve sin ti

La casa, esa casa nuestra, dejaba para siempre de ser la misma. Y yo me rompía en mil pedazos.

 

Día nueve sin ti

Los ancianos vuelven a salir a las calles a pasear hacia su infancia.


Día nueve sin ti

La vida me había exigido un duelo intenso y yo se lo había concedido, me había refugiado en la oscuridad más absoluta y había renunciado a todo lo demás. Cuando la persona que amas te abandona, no quieres estar con nadie. Sin embargo, aquella tristeza empezaba a pesar. Sentía que cada día cobraba fuerza y se hacía más y más poderosa. Pronto dejaría de ser capaz de controlarla y podría conmigo, y entonces cualquier intento de recuperarme sería en vano.

 

Día nueve sin ti

Sólo una cosa. Algo que no debes olvidar nunca: la vida. No puedes olvidarte nunca de vivir, ¿entiendes? Aunque no tengas ganas, aunque todo se oscurezca y pienses que hay más motivos para cerrar los ojos que para tenerlos abiertos, no te olvides nunca de vivir. Escúchame ahora y recuerda, cuando te suceda, esos fantasmas en vida de los que tanto te hablaba tu abuela. Recuérdalos, porque he visto muchos, mi amor, yo misma he sido uno de ellos, y créeme que es algo que no querrás conocer. Tú no te mereces ser un fantasma en vida, nadie se lo merece, cielo.

 

Día nueve sin ti

Creo que los tres, mis padres y yo, habíamos conseguido poner fin al mismo tiempo a ese muro invisible que nos separaba y no nos permitía vernos de cerca.

 

Día nueve sin ti

Tenía ese don de convertir los mayores problemas en algo diferente.

 

Día nueve sin ti

La amistad, principalmente, es comprensión.

 

Día nueve sin ti

El dolor no es algo comparable. Los sentimientos no se pueden igualar porque son fruto de algo interno de cada uno, y eso que llevamos dentro es inaccesible para el resto. Nadie puede entrar ahí nunca, sólo uno mismo.

 

Día nueve sin ti

Cambiar el paso, no el camino.

 

Día nueve sin ti

Casi siempre, las ausencias obligadas de aquellos a los que amamos se convierten en su mayor presencia.

 

Día nueve sin ti

Intentaría concentrar en un solo gesto las etapas de una relación: la ilusión, el enamoramiento, el amor, la ruptura, el duelo y la curación.

 

Día nueve sin ti

Tenía también que ser valiente y enfrentarme a mis fantasmas, escuchar todo lo que tenían que decirme, poner en orden lo que había ocurrido, lo que había sentido y sufrido, lo que había ganado y a la vez perdido.

 

Día nueve sin ti

Usa esa rabia para cerrar ese capítulo y no para hacerte polvo

 

Día nueve sin ti

¿Cuánto llegué a confiar en Marta para cederle, sin preguntas ni condiciones, la posibilidad de hacerme daño?

 

Día nueve sin ti

Ese que compartía musa y proyecto conmigo.


Día nueve sin ti

¿Sabes cómo se conoce a alguien, cielo? Escuchando. Nada más y nada menos. Se trata de escuchar. Uno nace oyendo y después aprende a escuchar, y así es como se conoce a las personas. Parece sencillo, aunque no lo es.

 

Día diez sin ti

No éramos los mismos que se habían amado con el empuje y valentía que da aquello que crees que nunca te hará daño.

 

Día diez sin ti

Volver a aquello era ya algo imposible. Estábamos ambos llenos de cicatrices que no se podían disimular con barbas o tiritas. Verla a ella era ver mi herida. El cambio de sensación era tan grande que se me pasó por la cabeza que había sido yo el causante, que me había quedado vacío por dentro y era incapaz de sentir nada. Quizá ahí había acabado todo: con ella. Quizá no hubiera nada mejor esperándome en otro sitio. Quizá ya lo había vivido todo y debía conformarme con los recuerdos durante lo que me quedaba de vida. O puede que el problema fuese que me había acostumbrado a que todo lo que tuviera que ver con Marta doliera.

 

Día diez sin ti

Dos corazones intactos y unidos son valientes y arriesgados, pero dos corazones rotos juntos, ah, ésos son imbatibles de por vida.

 

Día diez sin ti

El hombre que se había convertido en mi hogar.

 

Día diez sin ti

Apreté los dientes con fuerza y seguí adelante, convirtiendo la rabia en fuerza y la venganza en una energía descomunal que me sacaría de todo aquello, que me convertiría en una superviviente

 

Día diez sin ti

No necesitaba a mi abuelo, ya no; le dio tanto en vida que la dejó llena incluso cuando murió.

 

Día diez sin ti

Una huida hacia delante. Afrontaba mi dolor con entereza. Me adelantaba al futuro con decisión, y con valentía lo esperaba, dispuesta a dialogar con él. Sabía que ese viaje sería doloroso, pues a mi lado viajaría el vacío, lleno de esa ausencia enorme con la que convivía. A pesar de ello, no tenía miedo, ya no. ¿Sabes, Gaelito? Cuando una pierde lo que más quiere, se convierte en alguien sin miedo. Cuando una conoce el dolor de cara, experimenta el sufrimiento más cruel y horroroso, ve el mundo desde el suelo, sabe que no existe nada peor y cambia todo. El ánima, sí, pero también la manera de enfrentarse al mundo.

 

Día diez sin ti

La partida de tu abuelo me dejó un vacío que jamás se ha vuelto a llenar, pero del mismo modo también me hizo abrir los ojos y ver la vida como lo que es, algo impredecible, un instante que hay que habitar exprimiendo todas sus posibilidades. A veces la muerte se convierte en un canto a la vida.

 

Día diez sin ti

ese dolor no se cura con analgésicos, ni con alcohol ni con la persiana bajada ni con tristezas continuas. No. El dolor del alma sólo se cura con el perdón.

 

Día once sin ti

Lo peor de una relación cuando termina es que lo haga de verdad. Que no haya ganas, que no sea algo impuesto u obligado, que, simplemente, no salga lo que antes brotaba con vida y sin esfuerzo.

 

Día once sin ti

No podía soportarme solo y sin ti. No podía. Te he odiado durante mucho tiempo por no haberte quedado a mi lado. Después he sido consciente de que ese odio era en realidad contra mí mismo por no haber sabido retenerte. Me torturaba cada día pensando en qué había fallado, aunque al final he aprendido que uno debe quererse por lo que es y no por lo que proyecta en los demás, porque puede que tus necesidades no coincidan con las mías; es más, no lo hacen, pero eso no nos convierte ni a ti ni a mí en los culpables de esta guerra. —Miré a un lado de la calle, intentando deshacer el nudo que se había formado en mi garganta.

 

Día once sin ti

Nos hemos querido y debemos quedarnos con ese amor, no con los reproches y el rencor.

 

Día once sin ti

En casi todas las ocasiones, el primer paso para aceptar el fin de las cosas es poder despedirse de lo que uno más quiere, y eso no siempre es posible. También es necesaria la comprensión, entender por qué han acabado, encontrar un motivo que nos permita continuar con lo nuevo, eso que tanto miedo da.

 

Día once sin ti

el dolor era demasiado intenso por dentro como para sacarlo. Me daba pánico ponerle palabras.

 

Día once sin ti

Siempre he dado gracias a aquellas personas que saben leer a las demás, que escuchan su socorro silencioso y acuden sin más objetivo que darles auxilio. Esa gente, esos que llamo lectores de almas, es a la que debes tener cerca.

 

Día once sin ti

¿Sabes qué es lo que hay que hacer en ese momento? Debemos caminar, dar un paso tras otro, da igual hacia dónde, da igual de qué manera mientras avancemos. Qué más da la dirección hacia la que uno camine, lo importante es no quedarse quieto. ¿Sabes por qué? Porque el paisaje, mi amor, es lo más valioso. Pararse es como cerrar los ojos. No te haces una idea, Gaelito, de cuántas cosas hermosas colman los lugares que aún no conocemos.

 

Día once sin ti

Aún hoy no he conseguido quitarme esta sensación de estar viviendo yo sola una vida de dos que se me quedó en el cuerpo cuando murió.

 

Día once sin ti

Las etapas de una relación que acaba en ruptura: uno siente que el mundo se acaba, pero lo que sucede es que empieza uno nuevo. Pretendía representar a través de ellas lo que ocurre cuando, en mitad del vuelo, te sueltan; y es que uno no se cae, sino que aprende a volar.

 

Día once sin ti

Cuando estamos tristes hacemos esfuerzos sobrehumanos por disimularlo, como si la tristeza fuera algo de lo que debemos avergonzarnos.

 

Día once sin ti

Supe sobreponerme y derrotarlo a base de dosis de alegría. Porque ésa, cielo mío, es la única forma de superar las cosas: poniéndote de pie y haciéndote más grande que ellas. Seguro que esto ya te lo he dicho en más de una ocasión, ¿verdad?

 

Día once sin ti

Yo me recuperé, cielo. No me tiembla la voz ni los recuerdos al decirte que volví a ser feliz. ¿Sabes cómo? Valoré todo lo que tenía y también lo que había tenido, que eso es algo que nunca hay que olvidar, aunque sea parte del pasado. Dejé que mi vida me diera lo que tenía preparado para mí. Me di un respiro. Recobré el aire. Es una costumbre tonta que tenemos las personas: recordamos lo que tenemos cuando perdemos algo. A mí sólo me faltaba tu abuelo, sí, pero no en mi corazón; ahí sigue siempre el suyo.

 

Día once sin ti

Admiraba a ese tipo y cómo se levantaba y levantaba a los demás.

 

Día doce sin ti

Uno ve en quien ama una casa, un refugio; una manta bajo la cual quitarse la ropa es sinónimo de fuego, un fuego que alumbra tu vida mientras dura ese amor. Es en el momento en el que vuelves a sentir ese frío cuando el amor se ha terminado y debe comenzar de nuevo la búsqueda del calor.

 

Día doce sin ti

HE CONOCIDO A ALGUIEN, SOY YO  VOY A DARME UNA OPORTUNIDAD

 

Día doce sin ti

Busqué y encontré mi latido.

 

Día doce sin ti

Su sensibilidad cambió mi manera de ver el mundo.

 

Día doce sin ti

Cuando pienso en ella, me siento afortunado, orgulloso y tranquilo.

 

Día doce sin ti

Me siento orgulloso porque Dora fue una luchadora, una defensora, una mujer que multiplicó su fuerza para resistir todos los golpes que le dio la vida. Me siento orgulloso, porque se plantó ante lo que no le gustaba, porque hizo siempre lo que quiso a pesar de todo y porque sé que volvería a hacerlo aun sabiendo lo que le deparaba el destino. Me siento orgulloso por su forma de levantarse, de dejar su huella sobre la tierra y por su falta de miedo a enseñar el corazón al mundo. Me siento orgulloso por toda la sabiduría que ha dejado. Me siento orgulloso porque, a pesar de haber vivido cosas terribles, la ternura, la bondad y la candidez se mantuvieron intactas en su voz.

 

Día doce sin ti

Y también me siento tranquilo porque sé que se fue en paz, esa paz que tanto buscó. Sé que dejó aquí, para todos nosotros, los recuerdos con los que convivió durante su vida, y ese gesto le permitió morir en calma. Dora vivió su vida hasta cuando se la arrebataron. No ha habido mujer en el mundo más valiente que ella.

 

Día doce sin ti

Aprendí de sus pasos, de su alegría y de sus aciertos, del mismo modo que aprendí de sus heridas, de su tristeza y de cómo usaba los recuerdos como sitios a los que volver cuando el frío hace daño.

 

Día doce sin ti

A veces me acuerdo de nosotros dos. «Los días sin ti son días conmigo», he pensado en voz alta.

 

Día doce sin ti

Mi abuela me enseñó la importancia de saber volver a los recuerdos. Por supuesto, uno no regresa intacto de ese viaje. Le acompañan la tristeza, el frío, los suspiros. Pero ¿acaso son esas tres cosas más dañinas que el propio olvido de quien uno ha sido? Me debo a todo ello, soy quien soy por lo que he vivido, así que no fuerzo el olvido de quien me ha habitado, de quien fue mi universo y ahora es un hueco vacío. Soy capaz de hacer ese viaje, de abrirle mi alma a la memoria y dejar que se quede en mi cuerpo el tiempo necesario, porque lo cierto es que nunca se queda para siempre. Son sólo breves momentos de ausencia, de travesía, de estrella fugaz. Y yo no les cierro la puerta.

 

Día doce sin ti

El truco es reservarle a toda esa nostalgia el sitio que le pertenece, porque la vida también consiste en aprender a querer estar donde uno está y dejar el anhelo en otros lugares. Si uno no es capaz de ir hacia ellos, entonces vendrán hacia él. Yo he aprendido que, cuando uno se deja llevar, se reencuentra. En eso consiste ser libre.

 

Día doce sin ti

Hay una chica en la cafetería del aeropuerto que no deja de mirarme. Me pone nervioso, me hace sentir algo incómodo. Decido dejar el libro, mirarla y aceptar el desafío. El caso es que me suena muchísimo su cara. Podría ser francesa. Es morena, tiene el pelo corto y muy muy oscuro, pero su mirada es clara. Sus ojos parecen verdes.

 

Día doce sin ti

Al fin y al cabo, el amor consiste en dejar de pasar frío.

 

Agradecimientos

Todo lo que te quiero no cabe en un párrafo.

 

Agradecimientos

Mi equipo está formado por mujeres excepcionales, valientes y arriesgadas. Ése es el éxito.

 

Agradecimientos

Con vosotros aprendo.

 

Agradecimientos

Gracias por hacerme ver que el trabajo es lo único que abre una puerta.

 

Agradecimientos

porque me quieres y me quiero contigo

 

Agradecimientos

Ratos de soledad que precisa la escritura

 

Agradecimientos

Gracias a mis abuelos, Vicente y Juanita, por ser reflejo del esfuerzo, del cuidado y del sacrificio

 

Agradecimientos

Hacerte eterna, a ti y a tu amor por el abuelo Antonio.

 

Agradecimientos

Por todo eso, y mucho más que sólo tú y yo sabemos, gracias.

 

 

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