martes, 2 de octubre de 2007

En lo Secreto / Georges Chevrot

El silencio es la castidad de las almas.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960,p.22.

Una buena intención puede excusar acciones imperfectas.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.24.

Una primera intención defectuosa está en la publicidad que tratamos de dar a las buenas obras, para provocar la admiración de nuestros semejantes.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.24.

A cualquier edad resulta beneficioso saberse apoyado por la consideración de la gente de bien.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.26.

Prohibido buscar el elogio.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.27.

Todo aquel que busca las alabanzas de los hombres, se ve llevado a querer pasar por mejor de lo que es, y queda así comprometido en los tortuosos caminos de la hipocresía. Por conseguir las felicitaciones ajenas caerá en la tentación de anticiparse y de adular a los demás, con la esperanza de la reciprocidad. Pero si por ventura no consigue la admiración que buscaba, la amargura le agria, se declara incomprendido y clama contra la injusticia. Envidia a los que triunfan más que él. Su falta de éxito le desalienta, cuando no lo pervierte.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.30-31.

Somos el resultado de muchos esfuerzos, que no son los nuestros.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.41.

Un discípulo de cristo no puede pasar indiferente al lado de un hombre que sufre. Pues Dios lo ha situado en nuestro camino para que nosotros vengamos en su ayuda.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.45.

La obligación y los goces de la limosna no están reservados a los privilegios de la fortuna. No hay nadie que no tenga algo que repartir con sus hermanos menos favorecidos.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.48.
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