martes, 13 de noviembre de 2007

Historia de un Alma / Teresita de Lisieux

Si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 14.

Tenía unos angeles en la tierra que me elegían unos libros.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 84.

Hay cosas que si se exponen al aire pierden su perfume, y hay sentimientos del alma que no pueden traducirse al lenguaje de la tierra sin que pierdan su sentido íntimo y celestial.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 92.

Sentía que vale más hablar con Dios que hablar de Dios, ¡pues se suele mezclar tanto amor propio en las conversaciones espirituales!
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 106.

Por una gracia recibida con fidelidad, me otorgaba cantidad de gracias nuevas…
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 126.

Cuando se ama, uno siente la necesidad de decir mil locuras.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 137.

¡Cuántas almas llegarían a la santidad si fuesen bien dirigidas!
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 138.

Mis primeros pasos hallaron más espinas que rosas.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 183.

He observado que Jesús no quiere que haga provisiones. Me alimenta momento a momento con un alimento totalmente nuevo, que encuentro en mí sin saber de donde viene…Creo simplemente que Jesús mismo, escondido en el fondo de mi pobre corazón, es quién me concede la gracia de actuar en mi y quién me hace descubrir lo que él quiere que haga en cada momento. Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 200.

Jesús me instruye en secreto.
Teresita de Lisieux; Historia de un Alma, Claretiana, Argentina, 2003, p. 224
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