viernes, 13 de abril de 2007

Jacques Philippe

La oración no es una técnica sino una gracia.
Philippe, Jacques: El Tiempo para Dios, San Pablo, Buenos Aires, 2005, p.7.

Dios nos desea mucho más de lo que nosotros lo deseamos a él.
Philippe, Jacques: El Tiempo para Dios, San Pablo, Buenos Aires, 2005, p. 14.

El demonio busca distraernos a cualquier precio de la fidelidad en la oración, pues conoce bien lo que está en juego.
Philippe, Jacques: El Tiempo para Dios, San Pablo, Buenos Aires, 2005, p. 17.

Hacemos oración, no por la satisfacción o beneficio que sacamos de ello, aún cuando los beneficios sean inmensos, sino principalmente para agradar a Dios, y porque él no los pide.
Philippe, Jacques: El Tiempo para Dios, San Pablo, Buenos Aires, 2005, p. 18.

Sin vida de oración es imposible progresar espiritualmente.
Philippe, Jacques; El Tiempo para Dios, San Pablo, Buenos Aires, 2005, p.24.

miércoles, 11 de abril de 2007

Fernández Carvajal / Hablar con Dios / T.7

Seamos motivo de alegría para otros.
Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid, 1997, T.7, p. 209.

Cuando una fuente no da agua, se llena de muchas suciedades.Francisco Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid, 1997, T.7, p. 209.

El calor de hogar no sólo depende de la madre, sino de la aportación personal de cada uno.
Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid, 1997, T.7, p. 239.

lunes, 9 de abril de 2007

Es un gran error no hacer nada, por pensar quizá que se puede hacer poco.
Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid, 1997, T.7, p.15.

Dios ha penetrado en muchas almas a través de un buen libro.
Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid 1997, T.7, p.41.

El alma sencilla no se enreda ni se complica inútilmente por dentro.
Francisco Fernández Carvajal; Hablar con Dios, Palabra, Madrid 1997, T.7, p.85.

domingo, 8 de abril de 2007

Domigo de Resurrección

Con la Resurrección se da el verdadero inicio del cristianismo y de la Iglesia. De aquí arrancará la propagación de la fe al mundo entero. Porque la Vida ha vuelto a la vida. Cristo resucitado es la clave de todas nuestras certezas. Como diría Pablo más tarde: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es vuestra fe.
Sin embargo, no siempre resulta fácil creer en Cristo resucitado. Todos los discípulos tuvieron gran resistencia a creer en la Resurrección. Nadie da crédito a lo que ven sus ojos: ni las mujeres, ni María Magdalena, ni los apóstoles a pesar de que se les aparece en diversas ocasiones después de resucitar de entre los muertos. Y nuestro Señor tendrá que echarles en cara su incredulidad y dureza de corazón.
Lo que nos enseñan todas las narraciones evangélicas de la Pascua es que, para descubrir y reconocer a Cristo resucitado, ya no basta mirarlo con los mismos ojos de antes. Es preciso entrar en una óptica distinta, en una dimensión nueva: la de la fe. Todos los días que van desde la resurrección hasta la ascensión del Señor al cielo será otro período importantísimo para la vida de los apóstoles. Jesús les enseñará ahora a saber reconocerlo por medio de signos. Ya no será la evidencia natural, como antes, sino su presencia espiritual la que los guiará. Y así será a partir de ahora su acción en la vida de la Iglesia. Eso les pasó a los discípulos. Y eso nos ocurre también a nosotros. Al igual que a ellos, Cristo se nos “aparece” constantemente en nuestra vida, pero muy difícilmente lo reconocemos. Porque nos falta la visión de la fe. Y hemos de aprender a descubrirlo y a experimentarlo en el fondo de nuestra alma.