viernes, 1 de junio de 2007

Jacques Philippe / En La Escuela Del Espíritu Santo

Las tres mejores y más seguras señales de una inspiración legítima son: la perseverancia contra la inconstancia y ligereza; la paz y suavidad del corazón contra las inquietudes y falso celo; la humilde obediencia contra la singularidad y la terquedad.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.81.

La docilidad a Dios no hace del hombre una marioneta. Dejarse guiar por los mandamientos y por las inspiraciones del Espíritu Santo no significa navegar con “piloto automático”, sin tener nada que hacer, sino que da lugar al ejercicio de la libertad, de la responsabilidad, del espíritu de iniciativa, etc. Pero en lugar de que ese juego de mi libertad sea caótico o esté gobernado por mis deseos superficiales, está orientado por Dios, en el sentido que procura lo que es mejor para mi.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.90.

Depender de un ser humano puede ser una limitación, pero no lo es depender de Dios, puesto que en él no hay límites: es infinito. La única cosa que Dios nos prohíbe es lo que nos imposibilita ser libres, lo que impide nuestra realización como personas capaces de amar y de ser amadas libremente, y de encontrar su felicidad en el amor. El único límite que Dios nos pone es nuestra condición de criaturas: no podemos, sin ser desdichados, hacer de nuestra vida otra cosa que no sea recibir y dar amor, pues para esto hemos sido creados.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.90.

¿Qué es la libertad? No es obrar según nuestros caprichos personales, sin freno alguno, sino permitir que lo mejor, lo más hermoso y más profundo de mí pueda emerger libremente sin verse ahogado por cosas más superficiales: temores, apegos egoístas, falsedades, etc. Si me someto a Dios, esta sumisión va exactamente a “quitarme la capa” de toda una costra que paraliza, para dar lugar a lo que hay de auténtico en mí.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.90.

lunes, 28 de mayo de 2007

Jacques Philippe / En La Escuela del Espíritu Santo

La fidelidad a la gracia atrae a otras gracias.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.19.

No se trata de aceptar el mal, sino de aceptar la misteriosa sabiduría de Dios que permite el mal.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.33.

El Espíritu de Dios es un espíritu de paz, habla y actúa en la paz, nunca en la inquietud y en la agitación.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.36.

Dios bendice la actitud de abrir el corazón.
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.43.

El ejemplo viene a confirmar que la voluntad de Dios está donde existe el máximo de amor, pero no forzosamente donde esté el máximo de sufrimiento…¡Hay más amor en descansar, gracias a la confianza, que en angustiarse por la inquietud!
Jacques Philippe; En la Escuela del Espíritu Santo, San Pablo, Buenos Aires, 2006, p.60.