viernes, 6 de julio de 2007

Mercedes Eguibar Galarza / ¿Porqué se Amotinan las Gentes?

Tenemos experiencia personal de que cuanto más condescendientemente tratamos a nuestro cuerpo, más nos esclaviza.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.243.

La fe sin doctrina es insuficiente.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.263.

En la vida interior también debe existir ambición de conquista.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.283.

Un caminante triste no arrastra a los demás, inspira más bien pena.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.285.

Dios bajó a nosotros; ahora somos nosotros los que tenemos que acercarnos a El.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.293.

martes, 3 de julio de 2007

Mercedes Eguibar Galarza / Porqué se Amotinan las Gentes?

El amor de un padre no se demuestra dejando que su hijo haga lo que se le venga en gana.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.151.

Para mantener un fuego, hay que tener la preocupación de que no se extinga. Si se apaga lo volvemos a encender, pero resulta necesaria una limpieza previa de leños y cenizas.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.158.

El apostolado no depende de nuestras condiciones personales, sino de nuestra unión con cristo.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.189.

La soledad no es propia del cristiano. Buscaremos siempre la compañía y la amistad.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.195.

Al limpiar el entendimiento y el corazón de nuestras cosas, permitimos que, en el mismo lugar, se vayan imprimiendo los rasgos de Cristo.
Mercedes Eguibar Galarza; ¿Porqué se Amotinan las Gentes? (Salmo II), Segunda Edición, Rialp, Madrid, 1972, p.210.