sábado, 6 de octubre de 2007

En lo Secreto / Georges Chevrot

La caridad empieza en el momento en que uno se priva o se empobrece por los demás.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.49.

Lo que cuenta en el orden de la caridad no es la abundancia de vuestras limosnas, sino el amor que inspira vuestro don; el respeto que dedicáis a aquel a quien la desdicha ha herido, aunque sea en parte responsable de ella; la amistad que le testimoniáis haciendo vuestros su tristeza, sus pesares, sus inquietudes, sus penas.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.53.

En la oración traspasamos nuestro dominio interior y descendemos al mundo invisible donde Dios reside.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.67.

La oración de un hombre es por lo general objetiva, basada en la obediencia y penetrada de gravedad. Por su lado, la oración femenina es más ardiente, más espontánea, más tierna; la del niño se caracteriza por el candor y la confianza. Pero si los tres, el padre, la madre y el hijo oran juntos, se comunican mutuamente su cualidad dominante y eso es lo que constituye el valor de la oración familiar.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.70.
Hagamos silencio dentro de nosotros, con el fin de actualizar la presencia de Dios.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966), Rialp, Madrid, 1960, p. 74.

El hombre es un ser necesitado, un ser que busca; pero cuando ora, encuentra más de lo que buscaba.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p. 75.
La oración es a veces, un combate destinado a ejercer y a desarrollar nuestra fe. …La respuesta de Dios se manifiesta por uno de estos estados de conciencia, que han sido experimentados por todos los creyentes: o por una sensación de paz, que contrasta con las angustias, o por un alegre valor que nos deja preparados para el esfuerzo.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p. 79.

martes, 2 de octubre de 2007

En lo Secreto / Georges Chevrot

El silencio es la castidad de las almas.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960,p.22.

Una buena intención puede excusar acciones imperfectas.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.24.

Una primera intención defectuosa está en la publicidad que tratamos de dar a las buenas obras, para provocar la admiración de nuestros semejantes.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.24.

A cualquier edad resulta beneficioso saberse apoyado por la consideración de la gente de bien.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.26.

Prohibido buscar el elogio.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.27.

Todo aquel que busca las alabanzas de los hombres, se ve llevado a querer pasar por mejor de lo que es, y queda así comprometido en los tortuosos caminos de la hipocresía. Por conseguir las felicitaciones ajenas caerá en la tentación de anticiparse y de adular a los demás, con la esperanza de la reciprocidad. Pero si por ventura no consigue la admiración que buscaba, la amargura le agria, se declara incomprendido y clama contra la injusticia. Envidia a los que triunfan más que él. Su falta de éxito le desalienta, cuando no lo pervierte.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.30-31.

Somos el resultado de muchos esfuerzos, que no son los nuestros.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.41.

Un discípulo de cristo no puede pasar indiferente al lado de un hombre que sufre. Pues Dios lo ha situado en nuestro camino para que nosotros vengamos en su ayuda.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.45.

La obligación y los goces de la limosna no están reservados a los privilegios de la fortuna. No hay nadie que no tenga algo que repartir con sus hermanos menos favorecidos.
Georges Chevrot; En lo Secreto, 3ªedición (1966),Rialp, Madrid, 1960, p.48.