martes, 22 de enero de 2008

Dificultades en la Oración Mental / Eugène Boylan

El hombre cuya esperanza, amor y confianza están fijadas en Dios no da ocasión a la ira cuando Dios le envía pruebas o cuando la gente prueba su paciencia hasta el límite, ni teme vanamente por la providencia amorosa de Dios, que sabe abarca cada detalle de su vida. Ni tampoco el pesar de las pérdidas materiales penetra profundamente en su corazón cuando abunda en la riqueza de Dios.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 86.

Dar rienda suelta a nuestros propios pensamientos, complacernos en sueños, construir castillos en el aire, alimentar constantemente viejos recuerdos, fomentar nuestros descontentos, permitir que el orgullo herido dicte nuestros pensamientos o sentimientos, todos estos hábitos son fatales para la vida de oración.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 94.

De gran importancia es la fidelidad a las inspiraciones de la gracia, a aquellas invitaciones del espíritu de Dios que piden nuestra cooperación en alguna tarea o sacrificio particular.. Por estas mociones de la gracia, Dios adapta su plan a las necesidades y circunstancias individuales de cada alma y provee a ellas. Rehusar estas invitaciones en forma habitual es extinguir el espíritu.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 95.

Cuando nos decidimos a ser hombres de oración, hacemos una declaración de guerra, no solamente contra la parte inferior de nosotros mismos, sino contra el demonio mismo.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 101.

Nuestra impotencia es parte del plan de Dios para hacernos confiar en Èl.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 137.

Si un alma va a la oración con el fin de entregarse a Dios y a nada más, en la medida de su capacidad, y se resigna a todas las pruebas, arideces o distracciones que la providencia permita, su oración, incluso aunque parezca que es un fracaso y casi una pérdida de tiempo, es sin embargo, el holocausto que más place a los ojos de Dios, el cual atraerá muchas gracias al alma y le hará avanzar mucho hacia la unión con Dios.
Eugene Boylan; Dificultades en la Oración Mental; 1ª edición 1951, Ediciones Rialp S.A., 14ª edición, Madrid, 2000, p. 137.
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