miércoles, 16 de enero de 2008

La Sal de la Tierra / Joseph Ratzinger

La renuncia al matrimonio y a una familia habría que contemplarla bajo este punto de vista: “renuncio a algo que para los demás no sólo es lo más normal, sino lo más importante, renuncio a traer nuevas vidas al arbol de la vida, para vivir con la confianza que sólo Dios es mi heredad, y contribuir así a que los demás crean en la existencia del Reino de los Cielos. Así, no sólo con palabras, con mi propia existencia, daré testimonio de Jesucristo y de su evangelio, entregaré mi vida para que Dios disponga de ella.”
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.210.

El celibato, por tanto, tiene doble sentido, uno cristológico y otro apostólico. No se trata de ahorrar tiempo – como no soy padre de familia, dispongo de más tiempo – aunque sea verdad, eso sería una visión demasiado banal y pragmática. Se trata de una existencia que se lo juega todo a la carta de Dios, y renuncia a lo que normalmente la existencia humana en una realidad madura y prometedora.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.210.

Cuando el hombre da un paso adelante en el bien, no se puede cuantificar, porque cada vez es un nuevo hombre y, por tanto, con cada nuevo hombre empieza en cierto sentido otra nueva historia.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.236.

Donde el hombre se aparta de la fe, los horrores del paganismo se presentan de nuevo con reforzada potencia.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.238.

El mal adquiere poder precisamente a través de la libertad del hombre, configurando sus propias estructuras. Hay formas del mal que presionan al hombre y pueden bloquear su libertad, llegando incluso, a levantar un muro que impida la penetración de Dios en el mundo.. Pero Dios no venció al mal en Cristo en el sentido de que este ya no pueda poner a prueba la libertad del hombre; sino que Dios se ha ofrecido a tomarnos de su mano y a guiarnos, pero sin obligarnos.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.238-239.

¿Porqué Dios se muestra tan débil?......y acaba en la cruz como un fracasado?. Es evidente que quiere reinar así, ésa es la forma divibna del poder. Dominar por imposición, con iun poder conseguido con la fuerza y la violencia, no es la forma divina de poder.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.239.

El auténtico drama de la historia es que, siempre, en todos los frentes, al final aparece el mismo planteamiento: Un sí o un no al amor.
Joseph Ratzinger; La Sal de la Tierra, Una conversación con Peter Seewald, (1997), Palabra, décima edición, Madrid, 2007, p.308.
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