viernes, 11 de abril de 2008

El Regreso del Hijo Pródigo

Cada vez que avanzo un paso hacia la generosidad, sé que me muevo del miedo al amor. Pero al principio estos pasos son duros de dar porque hay demasiadas emociones y sentimientos que me retienen. ¿Porqué tendría que gastar mi energía, tiempo, dinero, e incluso atención, con alguien que me ha ofendido?¿Porqué tendría que compartir mi vida con alguien que me ha faltado el respeto?

Porque la verdad es que, en sentido espiritual, el que me ha ofendido pertenece a mi “familia”, a mi “gen”. La palabra generosidad incluye el término “gen”. La verdadera generosidad actúa desde el convencimiento – no desde el sentimiento – de que todos a los que se me pide que perdone son “parientes” y pertenecen a mi “familia”. Y cada vez que obre así, esta verdad se me hará más visble. La generosidad crea la familia que cree en ella.

Dolor, perdón y generosidad son, por tanto, las tres vías mediante las que la imagen del Padre puede crecer en mi interior. Son tres aspectos de la llamada del Padre a estar en casa.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.143.

Como el Padre, tengo que atreverme a llevar la responsabilidad de ser una persona espiritualmente adulta y atreverme a confiar en que la verdadera alegría y plenitud sólo pueden venir de dar la bienvenida a casa a aquellos que están heridos, amándoles con un amor que no pida ni espere nada a cambio.
En esa paternidad espiritual hay un terrible vacío. No hay poder, ni éxito, ni fama, ni satisfacción fácil. Pero ese mismo vacío es el lugar de la verdadera libertad. Es el lugar donde “no hay nada que perder” donde el amor no tiene ligaduras y donde puede encontrarse la verdadera fuerza espiritual.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.144.

En la canción de Janis Joplin “Me and Bobby McGee” se dice “La libertad no es más que otra palabra para decir que no hay nada que perder”.
Henri J. M. Nouwen; El Regreso del Hijo Pródigo, Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, primera edición 1994, PPC Editorial, 30ª edición, Madrid, 2004, p.144.
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