viernes, 16 de mayo de 2008

Mujeres Valientes

Primero la oración y unida a ella el trabajo, lo demás puede esperar.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 12.

La diferencia entre ocuparse y preocuparse es enorme. Ocuparse es trabajar bien y con rectitud de intención. Preocuparse es dejar que se altere la imaginación y, a través de ella, se mueva el orgullo. La preocupación altera el ánimo, aumenta los problemas, impide que se actúe con humildad y con caridad. El que se preocupa se ocupa mal de las cosas.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 13.


No se debe separar a Marta y María, sino ser Marta y María. Activos y rezando.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 16.

La vida interior es como el hilo que une las perlas del collar, no se ve, pero sin él serían cuentas sueltas nada más.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 16.

San Agustín dirigiéndose a marta le dice: Tú no elegiste mal, pero ella eligió mejor. No hay aquí menosprecio, ni exclusión, sólo un orden de prioridades según la regla de oro recogida en el Evangelio: “Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 17.

La muerte es igual para todos, pero no todos reaccionan igual ante ella.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 19.

La muerte es también una penitencia para los que quedan vivos.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 21.

Es cosa clara que entiende mejor las cosas quién más ama. El que ama poco entiende menos, el que no ama no comprenderá el sentido de un regalo, el que odia lo entiende todo al revés. Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 28.

La luz sin los ojos abiertos de nada sirven.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 34.

No cuentan las diferencias de edades cuando hay amor verdadero. Las incomprensiones suelen darse más por egoísmos que por diferencias generacionales.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 35.

La edad mejora lo bueno y empeora lo malo.
Enrique Cases; Mujeres Valientes, Meditaciones sobre las mujeres en el evangelio, eunsa, Pamplona, Segunda Edición, 1996, p. 40.
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