jueves, 7 de febrero de 2008

La Virgen Nuestra Señora / Federico Suárez

El hombre busca la seguridad, pero una seguridad en la que todos los hilos estén en su mano. De aquí que la fe se viva tan mal, porque la fe implica un riesgo.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 120.

Que el arbol que se tiene más cerca parezca el más grande del bosque no quiere decir en modo alguno que realmente lo sea, y una persona normal se da cuenta perfecta de ello. Pero si se obra en consecuencia con lo que parece y no de acuerdo con lo que es, entonces se llega a los mayores absurdos.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 134.

El punto de contacto entre Dios y el hombre es la gracia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 141.

El deber, no es sino la manifestación de un amor más alto, aunque con frecuencia sea menos sensible.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 160.

Es inexcusable no dar a los padres alegrías que se pueden dar.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 175.

El ser padres no equivale a ser propietarios del hijo. Dios tiene, sobre los hijos, derechos muy superiores a los de los mismos padres, muy superiores también a los que tiene la comunidad. A fin de cuentas los padres no pueden ni siquiera elegir a los hijos, pero Dios si elige a los padres de cada uno.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 184.

Es sorprendente contrastar los años de estudio que se dedican a obtener un tìtulo universitario, y la escaza atención que merece el prepararse adecuadamente para una misión tan decisiva como es el educar a los hijos.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 185.

No hay nada que desperdiciar en un hogar cristiano: las alegrías y las penas, el trabajo y el descanso, la pobreza y la abundancia, el éxito y el fracaso, todo puede ser santificado.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 190.

Sólo en el momento de la muerte se puede exclamar “Consummatum est”.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 309.

martes, 5 de febrero de 2008

La Virgen Nuestra Señora / Federico Suárez

El futuro no era ya cosa exclusivamente suya. El mismo Dios iba ir indicándole, a través de mil pequeñas circunstancias, cuál iba de ser su actitud en cada momento, su conducta en cada circunstancia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 20.

Toda vida se convierte en una gigantesca y apasionante aventura cuando Dios toma posesión de un alma.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 22.

Este dejarse invadir por Dios es lo que da a la vida su sentido y lo que la convierte en algo que merece la pena vivir, lo que elimina de raíz toda rutina, lo que da interés y relieve a los mil pequeños sucesos de la cotidiana existencia.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 22.

Dios permite que el hombre use mal su libertad antes que arrebatarle esa libertad que le ha dado.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 26.

Dios no mantiene nada inútil sobre la tierra.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 28.

Sólo aquel que quiere hacer la voluntad de Dios conoce si el mensaje que recibe es de Dios o no. Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 50.

Todos estamos para algo, todo cuanto existe tiene una función. La creación no es una mera agregación, una yuxtaposición de seres, sino una grandiosa estructura que tiene unidad, razón de ser y objeto, ordenada en distintos planos, que van desde las piedras inertes a los ángeles que sirven en el trono de Dios (Pieper).
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 79.

Dios no manda inútiles sobre la tierra, y mientras hay, para el hombre, tiempo, hay también la certeza de que todavía tiene un algo que hacer que, precisamente, justifica su existencia, y un quehacer que dice relación con Dios.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 79.

El descubrimiento de la vocación personal es el momento más importante de toda existencia. Hace que todo cambie sin cambiar nada, de modo semejante a como un paisaje, siendo el mismo, es distinto después de salir el sol que antes, cuando lo bañaba la luna con su luz o le envolvían las tinieblas de la noche.
Federico Suárez; La Virgen Nuestra Señora; 25ª edición (1956) ediciones Rialp, Madrid 2002, p. 80.