jueves, 31 de diciembre de 2009

Más compensaciones, más vacío

Acepto que la vida sea así porque Tú así la organizaste.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.130.

El alma, una región fronteriza entre el hombre y Dios…es simultáneamente realidad humana y teatro de la acción divina.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.211.

Participa de la eterna juventud de Dios.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.247.

La vida tiene que desafiar a la oración, y la oración tiene que cuestionar la vida.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.275.

Dios nunca deja en paz aunque siempre deja la paz. A los hombres y los pueblos que se colocan bajo su influencia siempre los “saca” de unn Egipto y los coloca en un desierto, en un caminar hacia la tierra prometida de la salvación y de la madurez.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.276.

Cada superación aumenta el caudal de amor.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.291.

Conversión es un estar “pasando” del egoísmo al amor.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.293.

Cuántas más compensaciones, más vacíos.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.298.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Si tomo en serio a Dios, mi vida tendrá que ser otra

Evasión y oración son términos excluyentes.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.26.

Si tomo en serio a Dios, mi vida tendrá que ser otra.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.27.

Desplazado Dios, la vida es como una flor que se deshoja.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.27.

Oración: puesta en movimiento de la fe.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.31.

Hoy no se llevan a cabo campañas, llenas de argumentos y de pasión, contra Dios. Simplemente se prescinde de El, se lo abandona como un objeto que ya no sirve. Es un ateísmo práctico, más peligroso que el sistemático, pues va inoculándose suavemente en los reflejos mentales y vitales. Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.36.

A Dios se le entiende de rodillas: asumiéndolo, acogiéndolo, viviéndolo.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.77.

Escondida en el dorado cofre de la fe, llevamos la varita mágica del abandono. A su toque, los fracasos dejan de ser fracasos, la muerte deja de ser muerte, las incomprensiones dejan de ser incomprensiones. Todo lo que toca, se transforma en paz.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.112.

La única manera de neutralizar un imposible es precisamente aceptándolo.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.113.

Los sueños de omnipotencia son destellos de insensatez y fósiles de la infancia.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.114.

Aceptar con paz el hecho de que con grandes esfuerzos vamos a conseguir pequeños resultados. Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.114.

El abandono se vive en dos tiempos: el pasado y el futuro. Respecto al tiempo pasado, el abandono toma el nombre y la forma de reconciliación….Respecto del tiempo futuro, el abandono podría recibir el nombre de sabiduría.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.120.

Si el esfuerzo depende de mí y el resultado no depende de mí, estamos comprometidos con el esfuerzo y no con el resultado.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.121.

El abandono hace vivir en alto voltaje la fe pura y el amor puro.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.122.

No hay analgésico tan eficaz como el abandono para las penas de la vida.
Ignacio Larrañaga, Muéstrame tu Rostro, San Pablo, Santiago de Chile, 2003, p.123.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sólo una cosa es necesaria: salvar el alma

Es necesario que cada cual esté contento con los dones y talentos con que la providencia le haya dotado. Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 239.

Haganos callar a este orgullo miserable que nos hace ingratos.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 241.

Dios nos distribuye el espíritu y los talentos en conformidad con los designios que sobre nosotros tiene para su servicio, y la medida de gloria que de ellos quiere sacar.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 241.

Sólo una cosa es necesaria: salvar el alma.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 242.

No envidiar los dones que nos faltan, sino hacer fructificar los que Dios nos ha confiado, porque de ellos nos pedirá cuenta, y cuanto más nos hubiere dado, más nos ha de exigir.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 243.

¿Quién cumplirá, pues, mejor su modesta misión aquí abajo? No siempre será el de mejores dotes, sino aquel que se haga más flexible en manos de Dios, es decir: el más humilde, el más obediente. Por medio de un instrumento dócil, aunque sea de mediano valor, o aun insignificante, Dios hará maravillas.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 244.

¿No será más prudente no desear ni pedir nada, sino conservarnos en santa indiferencia, a causa de la incertidumbre en que nos hallamos?
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 246.

¿A qué fin desear una cosa más que otra?
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 248.

Los talentos son preciosos cuando están unidos a la virtud.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 251.

Dios quiere esto de mí, ¿qué más necesito?
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 256.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Nada soy, pero El está conmigo

El que trabaja con Dios aprovecha cada instante; quien prescinde de El cae, o se fatiga en estéril agitación. Es, pues de suma importancia no obrar sino unidos con Dios, y esto, todos los días y a cada momento, así en nuestras menores acciones como en cualquier circunstancia, porque sin esta íntima colaboración se pierde trabajo y tiempo. ¡Cuántas obras, llenas en apariencia, quedarán vacías por sólo este motivo! Por no haberlas hecho en unión con Dios.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 18.

Si queremos santificación, debemos aplicarnos únicamente a no seguir jamás nuestra propia voluntad, sino siempre la de Dios.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 22.

No temo al dolor, puesto que Vos lo acondicionaréis a mi debilidad.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 89.

4. ¿Qué podéis temer de una mano que ha sido agujereada, que se ha dejado atar a la cruz por nosotros?
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 123.

La Providencia se mantiene en la sombra para dar lugar a nuestra fe.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 126.

Para confundir lo que es fuerte, Jesús escoge lo que es débil. Con doce pescadores ignorantes y sin prestigio se lanza a la conquista del mundo; nada son, pero El está con ellos.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 131.

El amor, no vive tan sólo de lo que recibe; vive aún más de lo que da; su mejor alimento será siempre el sacrificio.
Dom Vital Lehodey; El Santo Abandono (1997), Rialp, Undécima Edición, Madrid, 2005, p. 141.

sábado, 5 de diciembre de 2009

La paz es la tranquilidad del orden

Dios tiene dos tipos de dones: primero, los que nos envía los pidamos o no; segundo, los que nos son dados a condición de que recemos por ellos.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.245.

No requiere mucho tiempo transformarnos en santos; sólo requiere mucho amor.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.259.

Angel: cualquier persona o acontecimiento que haya cambiado el curso de nuestra vida, influenciado nuestro comportamiento, hacernos doblar a la derecha cuando íbamos a doblar a la izquierda, y que en general nos hizo mejorar. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.251.

Dios pone muchos ángeles en nuestros caminos, pero a menudo no los conocemos. De hecho, podemos ir por la vida sin saber jamás que hay agentes o mensajeros de Dios para guiarnos hacia la virtud o para alejarnos del vicio. Pero ellos simbolizan esa constante y benigna intervención de Dios en la historia humana.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.252.

Un antiguo proverbio persa dice que hay tres cosas que nunca vuelven: la flecha tirada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.254.

“El amanecer no llega dos veces para despertar a un hombre”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.259.

Millones y millones de favores penden del cielo en cordones de seda y la oración es la espada que los corta.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.256.

Las bendiciones llegan a aquellos que buscan un ambiente de amor. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p. 256.

La paz es la tranquilidad del orden.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.257.

Toda gran pintura nos hace pensar en el artista.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.260.

Dios hizo al mundo según un plan por el que estuviéramos permanentemente viéndolo a través de las cosas, viéndolo como el poder, la sabiduría, la belleza y la fuente de todo lo que es. Lo material había de ser revelación de lo espiritual; lo humano, revelación de lo divino; y lo efímero y pasajero, revelación de lo eterno.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.239.

Un poeta es alguién dotado del sentido de lo invisible.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.261.

jueves, 3 de diciembre de 2009

No se gana la corona sino se compite según el reglamento

Si afrontamos el mundo con la idea de que todo el mundo es deshonesto, es sorprendente cuán a menudo esa tendencia inicial se confirma. Así como el agua busca su propio nivel, la mente busca el nivel de su prejuicio.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.234.

La naturaleza actúa como se actúa hacia ella; sospecha del prójimo, y el prójimo actuará en forma sospechosa. Demuestra amor a los demás, y todos te parecerán cariñosos.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.234.

Si plantamos la semilla de la desconfianza en la sociedad, la sociedad siempre nos dará la cosecha de desconfianza.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.234.

Una magdalena sensual se transformó en una magdalena espiritual.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.235.

La ley que recorre el Cielo y la Tierra es la misma: no gana la corona si no compite según el reglamento.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.236.

Los esfuerzos y las tentaciones de la vida demuestran que en cada individuo hay un verdadero yo potencial. El “yo actual” es lo que soy ahora, si me dejo fluir naturalmente. El “yo Posible” es aquello en lo que me puedo convertir a través del sacrificio y la resistencia al pecado.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.238.

El mero ascetismo sin amor a Dios es soberbia.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.239.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los primeros hombres prefirieron un fruto a un jardín

El cristianismo y el hinduismo tienen algo en común: la valoración del ascetismo, la negación de sí mismo y la renuncia.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.169.

Uno de los primeros pasos hacia la negación del yo es ponerlo a disposición de los demás.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.169.

Somos un invento de Dios. Como somos su invento, tiene derechos sobre nosotros.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.180.

Los primeros hombre prefirieron un fruto a un jardín.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.180.

Si hubiera un lugar sobre la tierra, un sitio de descanso además de Dios, podemos estar plenamente seguros de que el alma humana, en su larga historia, lo hubiera encontrado.
Paz en el Alma en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.187.

La navidad es el descubrimiento del eslabón perdido, no del vínculo que nos une a los animales, sino del que nos une a Dios. El divino niñito fue el verdadero “hombre de las cavernas”, pues nació en la cueva de Belén. Cristo al ser Dios y hombre, nos vincula. La vida es ahora vista no como un impulso desde abajo, sino como un don de arriba.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.225.

Tu aureola está demasiado apretada…….
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.227.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La cortesía es amor en acción

Me parece que la gracia de Dios está en la cortesía.
Hilaire Belloc en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.145.


La cortesía y los buenos modales son la coronación de la belleza de una vida santa.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.146.

No hay ningún signo externo de cortesía que no se base en un profundo fundamento moral. La cortesía es amor en acción, no el amor que busca ser amado, sino el amor que deposita el afecto en los demás y los considera amables.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.146.

El amor se puede definir como una mutua entrega de sí y desborde de sí, que termina en una recuperación de sí.
The Hymn of the Conquered en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.146.

Los buenos modales son las sombras emitidas por las virtudes.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.153.

La cortesía es el homenaje del corazón a lo sagrado del valor humano.
Pensamientos para el Diario Vivir en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.155.

La virtud del dar depende del tener…el tener no se entiende, para la mayoría de las personas, como una oportunidad de dar: ven al dar como una pérdida, porque el tener les es, en sí mismo, tan caro.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.156.

Una canción se pregunta si una joven es amada por ser hermosa o es hermosa porque es amada. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.163.

Los egoístas están siempre de mal humor consigo mismos y con los demás. En lugar de volverse a los demás con cuidado, se vuelven sobre sí mismos con autocompasión.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.165.

La verdadera sanación no llega hasta que uno no se interesa por el bienestar de los demás.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.166.
El yo no entregado es un yo insatisfecho.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.165.

viernes, 27 de noviembre de 2009

"Un arnés de Oro no Mejora al Caballo"

Es la posibilidad del “no” lo que da tanto encanto al “sí”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.126.

El hecho mismo de que puedas concebir una felicidad mayor de la que posees es una prueba de que no eres feliz.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.130.

“Un arnés de oro no mejora la caballo”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.131.

El placer pertenece al cuerpo; la alegría, a la mente y al corazón.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.131.
Cuanto más miras el reloj, menos feliz eres.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.133.

El mundo estaría agradecido al psiquiatra que pudiera hacer un estudio estadístico comparando los problemas mentales con el egoísmo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.140.

La cura para el egoísmo es un generoso desborde de lo que se posee, ya sea en el prójimo o en Dios.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.140.

En las Islas del Pacífico, el “KAI-PO, es el pecado de comer solo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.143.

Dios respeta la terrible ley por la que cada uno es constructor de su propio bien y su propio mal, a través de una decisión libre y sin restricciones.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.143.

Lo que crea una completa revolución en el alma humana, lo que transforma al egoísmo en generosidad, lo que transforma el valor del dinero y crea un nuevo hombre o una nueva mujer, es el amor supremo manifestado por Dios, que bajó a esta tierra para pagar nuestra deuda y rescatarnos del pantano del egoísmo que tanto nos debilita y nos frustra.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.144.

Amamos para aumentar el eterno fuego de amor en el mundo.
Fulton J. Sheen; The Power Of Love en Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998,
p.144.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Todo lo creado tiene algo que decir acerca de Dios

Es la posibilidad de decir que “no” lo que da tanto encanto al corazón que dice que “sí”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.65.

Nadie será coronado sin haber luchado.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.65.

Así como vive mi cuerpo, gracias a mi alma, también mi alma empieza a vivir verdaderamente, gracias al espíritu. Porque el espíritu viene del afuera y no de lo que hacemos o merecemos, es libre, gratis, es lo que comunmente se llama “gracia”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.92.

El placer es el objetivo supremo de todo vivir egoísta.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.99.

La condición para pasar un buen momento es que uno no esté constantemente tratando de pasar un buen momento.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.99.

Todo lo creado tiene algo que decir acerca de Dios.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.102.

Un corazón, una flor, una puesta de sol, deberían alcanzar para satisfacer el corazón humano si éste estuviera hecho sólo para este mundo; pero la permanente búsqueda de “más” es una indicación de que fuimos creados para algo más grande que el amor que podemos encontrar en la tierra.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.121.

8. El florecer es uno de los primeros atisbos de maternidad que la naturaleza conoce.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.125.

9. Cuando una manzana cae al suelo, la pulpa exterior descompone y se pudre, pero en su interior hay semillas que son promesa de inmortalidad…una sutil sugerencia de que cuando nos despojamos de la corteza mortal, hay, oculta dentro de la pulpa externa, un alma que es semilla de la verdadera inmortalidad.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.125.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Se Aburren Porque no Aman

¿Cómo sería el mundo si nos esforzáramos tanto en ser buenos como nos esforzamos en sentirnos cómodos y hermosos?
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.45.

Es el sinsentido de la vida lo que la torna tediosa.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.48.

La vida no se pierde por la muerte; se pierde minuto a minuto, día a día, en todos los miles de caminitos descuidados.
Vincent Benét en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.49.

Se aburren porque no aman.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.49.

La mediocridad es el castigo por la pérdida de fe.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.53.

6. Dios no nos da nuevas gracias salvo que hayamos trabajado exhaustivamente sobre lo que ya recibimos.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.54.

El problema fundamental del ateísmo es que inspira el mismo aire que exhala.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.55.

Los animales no cometen suicidio. Es sólo lo eterno lo que puede desesperar a una persona. La desesperación es el extremo absoluto del amor propio.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.61.

Lo que hace triste a nuestra época no es que hayan cesado nuestras alegrías sino nuestras esperanzas. Las esperanzas están rebajadas. La seguridad, más que la felicidad parece ser el objetivo de la vida moderna.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.61.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cuanto más Pendientes Estamos del Tiempo, Menos Gozamos

Cuanto más pendientes estamos del paso del tiempo, menos gozamos. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.23.

Hay una marea en los asuntos de los hombre que, tomada en creciente, lleva a la fortuna. Evadida, todo el viaje de sus vidas queda sumido en sombras y miserias.
Shakespeare en Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.27.

La gente juega demasiado a menudo con la oportunidad como con un juguete, y cuando abren los ojos para ver su valor, ¡oh! Ha desaparecido.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.28.

En un solo momento se puede cambiar la vida: no poniendo en el poder a la propia voluntad, sino respondiendo a las inspiraciones del Cielo que dejan atrás los desiertos del mundo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.29.

No es verdad que el reconocimiento de nuestros pecados como tales produzcan complejo de culpa o morbosidad. Por ir al colegio, ¿desarrollan los chicos un complejo de ignorancia? Por ir al médico los enfermos, ¿Tienen un complejo de enfermedad? Los estudiantes no se concentran en su propia ignorancia, sino en la sabiduría del maestro; los enfermos no se concentran en su enfermedad, sino en los poderes curativos del médico; y los pecadores, viendo sus pecados como lo que son, no se concentran en su propia culpa sino en los poderes de sanación del médico divino. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.29.

Dios puede conducirnos en forma bastante natural en una dirección particular sin que nos demos cuenta. ¿Qué fue, por ejemplo, lo que llevó a Paul Claudel, un agnóstico y no creyente, a entrar a la catedral de Notre Dame a medianoche en navidad, para luego recibir el don de la fe? Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.34.

Dios está presente en el universo de la misma manera que un artista está presente en su obra de arte.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.39.

Cuando uno descubre un nuevo ideal, está preparado para hacer sacrificios por ese ideal, en base a un intercambio. La diferencia entre hacer dieta y ayunar es una diferencia de ideal. Uno ayuna en beneficio del alma; otro hace dieta en beneficio del cuerpo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.44.

viernes, 30 de octubre de 2009

Darle la bienvenida a lo que viene

Una joven puede ofenderse mucho si otra joven bien vestida se posa accidentalmente sobre un dedo de su pie; pero si esa misma joven reconoce que quién la lastimó fue su estrella de cine favorita, probablemente se vanaglorie de ello ante sus amigas. Exigencias que pueden parecer excesivas de un mero conocido son satisfechas con alegría si es un amigo el que nos pide ayuda. De manera similar, podemos adaptarnos con agilidad a las exigencias de todo presente, cuando reconocemos la voluntad y el plan de Dios detrás de la enfermedad, las conmociones y las desiluciones de la vida.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.15.

El paso más importante en la reforma del mundo es la reforma del Yo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.16.

La frase que santifica todo momento es “Hágase tu voluntad”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.17.

Darle la bienvenida a lo que viene.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.18.

Como un niño abandonado en las calles sufre desgracias que el niño de una familia cariñosa no conoce, así la persona que no aprendió a confiar plenamente en Dios sufre trastornos y desastres que no aparecerían como problemas ante almas cariñosas. Dios no se muestra igual a todos……La luz del sol no tien preferidos, pero no puede brillar en un espejo sucio igual que lo hace en uno pulido.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.19.

Cada prueba es una ocasión para la fe y una oportunidad para la virtud.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.20.

martes, 27 de octubre de 2009

Aquellos que aman a Dios no protestan

Todas tus ansiedades se relacionan con el tiempo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.11.

Toda desdicha proviene de la excesiva concentración en el pasado o de la extrema preocupación por el futuro. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.12.

Nada en la experiencia humana es tan eficaz para sanar la memoria y la imaginación como la Confesión.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.12.

No tenemos que tomar problemas prestados del mañana.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.13.

Dejemos el pasado a la misericordia divina. Cada minuto de vida tiene su significado peculiar, más allá de la apariencia que pueda asumir ese minuto. El momento presente es el momento de salvación. Cada queja en su contra es una derrota, cada acto de aceptación ante él es una victoria. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.13.

La mente humana debe desarrollar la aceptación del presente, sin importar lo duro que pueda ser para nosotros comprender su carga de dolor. No nos vamos del teatro porque le disparan al héroe en el primer acto; le damos crédito al dramaturgo, que debe tener un argumento en mente. Así, el alma no se va en el primer acto del drama divino de la salvación; es el último acto en el que debe coronar la obra.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

La pregunta que el amor nunca plantea es: ¿Por qué?.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

Aquellos que aman a Dios no protestan.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

El gran valor del presente, está en que lleva un mensaje que Dios nos ha dirigido personalmente. Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

Nada se adapta más individualmente a nuestras necesidades espirituales que el momento presente.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

Este momento es mi escuela, mi libro de texto, mi lección.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.14.

La Universidad del Momento……todos los otros métodos de aprendizaje son superficiales y lentos.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.15.

El “paragolpes” de la fe, la esperanza y el amor.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.15.


lunes, 19 de octubre de 2009

No creer nunca que se ha hecho bastante

Nada daña a quienes están resueltos a amar a Dios sobre todas las cosas y en todas las cosas.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 126.

La humildad es la que hace nuestro corazón dulce.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 60.

La humildad es lo único que nos da importancia a los ojos de Dios.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 29.

Faltamos a la dulzura para con nosotros mismos porque no aceptamos la miseria de nuestra condición humana. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XVIII, p. 172.

Tened paciencia con vos mismo y con vuestras imperfecciones.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 194.

No creer nunca que se ha hecho bastante.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 22.

No es posible dominar tan pronto vuestra alma, y que la tengáis en la mano absolutamente y de una vez. Contentaos con ganar cada vez alguna pequeña ventaja sobre vuestra pasión enemiga. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 2.

Hay que sufrir nuestra propia imperfección para alcanzar la perfección.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 203.

El trabajo de nuestra santificación es de largo plazo……..Los cerezos dan pronto sus frutos, porque las cerezas son de poca duración, pero las palmeras que son las reinas de los árboles, no dan sus dátiles, según se dice, sino cien años después de haberlas plantados. Una vida mediocre se puede adquirir en un año; pero la perfección a la cual tendemos….¡Dios mío!...no puede lograrse sino en muchos años, según las vcías ordinarias.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIX, p. 74.

Primero, debéis soportaros suavemente, humillándoos mucho delante de Dios, sin tristeza ni desánimo. Segundo, que debéis renovar todos los propósitos de enmendaros que habèis hecho antes. Y aunque veías que, no obstante todas esas resoluciones, seguís en vuestras imperfecciones, no debéis por eso dejar de emprender una buena enmienda, confiando en la asistencia de Dios. Toda la vida seréis imperfecta, y habrá siempre mucho que corregir, por lo cual hay que aprender a no desanimarse en este ejercicio.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XX, p. 214.

Mirad vuestras faltas y las de los demás con compasión más bien que con indignación, con más humildad que severidad.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 79.

En el descontento que siente uno de sí mismo cuando cae en una falta, en lugar de agriarse, se debe tener paciencia.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 165.

martes, 13 de octubre de 2009

Hacer todo de buena fe para tener éxitos

Hay que comenzar siempre, y comenzar con buen ánimo…Lo que hemos hecho hasta ahora es bueno; pero lo que vamos a comenzar será mejor.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XVI, p. 386.

Es la fe que nos muestra verdades siempre superiores a los sentidos.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XVII, p. 205.

Bastará que hagáis todo de buena fe para tener éxito. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XV, p. 98.

Lo que no sirve para la eternidad es tan sólo vanidad. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XVIII, p. 211.

Cuánto más una cruz es de Dios más la debemos amar. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 386.

Todo lo que nos sucede nos viene indudablemente de la voluntad de Dios.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 143.

Los que caminan sobre la cuerda mantienen siempre en las manos el bastón de contrapeso para balancear su cuerpo en la variedad de movimientos que tienen que hacer en tan peligroso escenario, así debeís mantener firmemente la Cruz de nuestro Señor, a fin de marchar en seguridad en los peligros que la variedad de las cirrcunstancias puede poner a vuestras disposiciones; de manera que todos vuestros movimientos estén balanceados por el contrapeso de la única y simple voluntad de Aquel a quién habéis consagrado todo vuestro cuerpo y todo vuestro corazón.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XVI, p. 165.
En todas partes hay que tener valor, porque en todas partes el socorro del Cielo está listo para aquellos que tienen confianza en Dios.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 339.

jueves, 8 de octubre de 2009

No pienses tanto en tí mismo

La distracción del corazón es siempre peligrosa, tener el corazón en un lugar y el deber en otro.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 123.

Aceptar lealmente nuestro estado de vida, sin tratar de evadirnos de él con ningún pretexto.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 160.

La naturaleza ha dado una ley a las abejas: que cada una haga la miel en su panal, y de las flores que tiene a su alrededor.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 160.

Es grande engaño el de quienes quieren mascar más de lo que pueden digerir.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo VI, p. 109.

Con tal de estar con Dios, ¿Qué nos importa que sea de un modo u otro?
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 167.

Seamos lo que somos, y seámoslo bien, para hacer honor al obrero de quien somos obra. Seamos lo que Dios quiere, con tal que seamos suyos, y no seamos lo que queremos contra su intención. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 53.

Tened cuidado con las pequeñas ocasiones que Dios os presenta: poned en esto vuestra virtud, y no en desear grandes trabajos; porque con frecuencia se deja uno vencer por un mosquito, mientras combate monstruos en la imaginación.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXVI, p. 366.

Servíos de las contradicciones diarias para mortificaros aceptándolas con amor y dulzura.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 168.

¿Porqué temer el porvenir? Además que exageramos frecuentemente sus amenazas, debemos confiar en Dios, que nos dará cada día los socorros necesarios.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 205.

Dejaos gobernar por Dios, no penséis tanto en vos misma.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 166.

Debemos evitar esos retornos sobre nosotros mismos, y levantar por la confianza nuestro corazón…Quién está atento a agradar amorosamente al Amante celestial, no tiene voluntad ni tiempo para volver sobre sí mismo, ya que su espíritu tiende constantemente adonde su amor lo lleva.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo VI, p. 217.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Enamórate de lo que haces

Dios no tiene porqué hacer milagros para bien de un alma cuando ésta no hace nada por su Dios. Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.83.

De esa fusión de Cristo y tú surge el santo.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.86.

Constancia en los propósitos, constancia en tu trabajo de hoy…donde estés, en lo que haces. Enamórate de tu carrera, de tu profesión.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.92.

El que se queje de nuestro siglo, no es joven. El que se resiente añorando tiempos pasados, es viejo.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.110.

Yo quisiera que te ilusionaras con las aventuras de cada día; las aventuras por las que necesariamente hay que pasar; aquellas en las que nos mete la vida, sin consultar nuestro parecer.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.162.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Por los frutos nos conocerán

¿Que es lo que sobra o falta en la vida de los cristianos de hoy para que la Iglesia recobre el poder de arrastrar a los indiferentes y a los “sin Dios”? Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.46.

¿Qué falsedad encierran nuestras vidas para que no puedan presentarse como ejemplo a los paganos? Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.40.

¿En qué estriba el fallo para que no convenzamos con nuestras vidas de que Cristo vive?
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.46.

Necesitamos ser santos para ser eficaces.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.47.

¡Cuánto beato de misa de 12 que se ríe del beato de misa de 7!
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.51.

Esta es la cuña que hay que meter en el mundo antes de que se desplome. ¡Religión y Vida!. Hacer de nuestra vida corriente una vida cara a Dios.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.52.

Dios no quiere actuar solo, y el hombre…, no es que no quiera…..es que no puede.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.53.

Ha llegado el momento de actuar, y de actuar en silencio, con discreción, sin ruido. Es preciso, y con urgencia, que seamos eficaces. Por los frutos nos conocerán.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.54.

¿Se puede realizar algo realmente serio con hombres que tienen miedo al agua fría en una mañana de invierno?
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.69.

Que te alegres cuando las circunstancias y el ambiente te traten con dureza. Es entonces cuando puedes pensar que Dios te trata así por ser uno de sus hijos fuertes. ¿Qué no ves esa reciedumbre a tu alrededor? ¿Es que acaso quieres ser del montón?.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.69.


martes, 1 de septiembre de 2009

Demuéstrame con tu vida que Cristo vive.

¡ El mundo nos urge, porque amenaza ruina! Quiero que abras los ojos para que puedas apreciar esa vida incolora y aburrida que llevas.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.19.

Llevas dentro de ti el germen de una vida humana maravillosa, en la que se asentará esa sobrenaturalaza – que es la Gracia -, y que hará de ti, no un hombre más, sino un hijo de Dios.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.20.

Capital importancia del factor hombre en el santo. Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.22.

¿Puede seguir progresando en tu mente la idea de que la vida ha de ser para nosotros los cristianos una pasión inútil?
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.23.

la vida es un juego maravilloso en el que siempre ganan los enamorados, los afanosos, los ambiciosos. No hay nada inútil en la vida. Las contrariedades, los obstáculos, las dificultades, esos acontecimientos que según el sentir general de las gentes llevarían un signo – en la lucha por la vida, los podemos convertir en signos + trazando fuertemente la vertical en nuestro deseo.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.23.

Aquel que no tenga la valentía de vivir como hombre, ése jamás podrá ser Santo. Los santos no nos traen la consigna dada para realizar una empresa más o menos buena. Son portadores de un mensaje divino. Y Dios lo quiere todo, todo.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.25.

¡Demostradnos con vuestras vidas que Cristo Vive!
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.27.

El santo tiene deseos de Dios…el beato deseos de santidad.
Bruckberger, en Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.33.

Queremos recristianizar la sociedad, pero es preciso, en primer lugar, que nos recristianicemos nosotros mismos.
Jesús Urteaga; El Valor Divino de lo Humano (1948), Rialp, 38ª edición, Madrid, 2000, p.30.


viernes, 28 de agosto de 2009

Su pecado consistía en pensar que no tenía pecados.
Francisco Luna y Luca de Tena; Como Confesarse Bien, Cuadernos Proa Nª3, (1976), Sexta Edición, Santiago de Chile, 1993, p. 10.

La soberbia o el amor propio, o la falta de sinceridad, nos impiden reconocer que en el fondo todos tenemos algo de que arrepentirnos.
Francisco Luna y Luca de Tena; Como Confesarse Bien, Cuadernos Proa Nª3, (1976), Sexta Edición, Santiago de Chile, 1993, p. 10.


sábado, 8 de agosto de 2009

Salerito individual

La autosuficiencia se manifiesta en el estado arisco para recibir ayuda de los demás.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.18.

Si cada uno tiene su salerito, o su pequeña fuente y jarra al alcance de las manos ¿Qué servicio podríamos prestarnos unos a otros? Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.20.

Si todas la vida doméstica tiene como aspiración la comodidad, corremos el riesgo de que el salerito individual sea un criterio trasladable inconcientemente a todos los ambitos de las relaciones humanas.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.20.

Las comparaciones entre hijos, si son positivas unen, si son negativas desunen.
Ibáñez Langlois en Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.30.

La soberbia nos empuja a compararnos con los demás.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.31.

Más que decir ¡pura suerte! Debiéramos decir ¡pura envidia!
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.32.

Algunas características de toda persona amable:
- Tolerante en sumo grado con la ignorancia y defectos ajenos.
- Conciente de las propias limitaciones.
- Firme en los principios.
- Veloz en reconocer las culpas.
- Dispuestas a perdonar los agravios.
- No enfurecerse si la pisan.
- No irritarse ante los errores ajenos.
- Mostrarse invariablemente jovial.
- No hacer partícipes a los demás de los propios dolores de cabeza y/o trastornos digestivos causados por los excesos en la bebida y en la comida.
- Respetar las confidencias.
- Guardar rigurosamente los secretos.
- No murmurar jamás.
- Tener una gran paciencia.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.62.

La alegría es el “sacramento de la sonrisa”.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.74.

La tarea de rectificación de nuestra intención ha de ser continua, como lo es la rectificación del volante de un auto durante un viaje largo.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.101.

Los padres deben confirmar en el amor a cada hijo individualmente.
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.212.

ENAMORARSE ( EN – AMOR – DARSE).
Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.235.

Si basta una mirada, no hagas un gesto, si basta un gesto, no digas una palabra, si basta una palabra, no pegues un grito, y si basta un grito, no des una paliza.
Ibáñez Langlois en Pedro José María Chiesa; Amor Soberbia y Humildad, Argentina, 3ª edición, 2006, p.248.



lunes, 3 de agosto de 2009

Frescor de la Vida Interior

La infidelidad y la deslealtad es patrimonio de nuestra humanidad caída. Un primer arranque es fácil y cualquiera puede intentarlo, lo difícil es perseverar día tras día en los propósitos que un día hicimos con mente clara y corazón dispuesto. Y, sin embargo, en esa fidelidad de siempre – cueste lo que cueste – está la santidad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.145.

No hay posible perseverancia en el camino de Dios, si nuestra disposición íntima no se fundamenta en la generosidad. Hay que estar decididos a apartar de nuestra vida todo aquello que nos separe de Dios.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.146.

Ningún hombre medianamente formado puede ignorar que existe en él un principio de oposición. Basta que se proponga un ideal noble en su vida, para sentir al poco tiempo el ahogo del desánimo, la fuerza contraria que lo impulsa a dejarlo, a no complicarse la vida.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.147.

En el Sacramento de la Penitencia: ¡un Dios que perdona, que olvida, que confía una vez más en nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda!
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.158.

En la presencia de Dios, cualquier alma puede gozar de eterna juventud.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.177.

La visión positiva del cristiano ha de procurar siempre dar a los demás un poco del frescor de su propia vida interior, porque como dice un proverbio chino, “siempre queda algo de fragancia en la mano que ofrece rosas”.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.180.

Todos aspiramos a vivir con paz y alegría interior. Pero esto exige un precio, porque la paz en este mundo es consecuencia de la victoria. Y la victoria está intimamente ligada con la guerra. La paz, pues, exige del cristiano una continua lucha. Sin lucha, sin esfuerzo, sin tensión, no hay posibilidad de disfrutar de paz verdadera. Por eso la paz de Cristo no tiene nada que ver con la apatía, la abulia, la flema o la adopción de una actitud escética ante la vida.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.182.

martes, 28 de julio de 2009

Soberbia y Felicidad

La “lengua viperina” es una manifestación clara de falta de paz interior.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, madris, 2002, p.34.

El soberbio no espera recibir nada y se da en la medida en que este darse le sea útil, le satisfaga, le compense y, por supuesto, no le suponga especial esfuerzo. Por eso el soberbio es profundamente egoísta y entiende poco de amor, aunque quizá entienda mucho de “amores”.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.94.

Hace años una empresa comercial propagó un prospecto estimulante en el que animaba al lector a promocionarse en el terreno cultural. Con gracia – y con dibujos alusivos al margen decía así: “seis normas para no prosperar:
1. Espere sentado su oportunidad.
2. Comente su mala suerte con los demás.
3. No se esfuerce por conseguir nuevos conocimientos.
4. Laméntese de que los tiempos están muy difíciles.
5. Obstínese en que sin recomendaciones no se logra nada.
6. Confíe y aguarde a que vengan tiempos mejores.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.133.

Trascender es ir más allá, subir, pero atravesando, no saltándose nada.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.136.

El cristiano ha de tener los pies en la tierra, pero el corazón en Dios.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.136.

Cristo define su camino como camino de felicidad, pero con la contrapartida de la exigencia.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.136.

7. Buscar excusas es fruto de la soberbia del hombre, que no quiere reconocer su fracaso.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.140.

miércoles, 22 de julio de 2009

Virtudes

las virtudes tienen como misión facilitarnos esa aceptación del querer divino no coincidente con nuestros gustos y apetencias.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.15.

No es la doctrina de Cristo algo para admirar o para practicar. El cristianismo es vida y ha de informar la vida entera.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.18.

La humildad no es otra cosa que sentirse nada y sin embargo poderlo todo en aquel que le confortará.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.19.

La humildad no es la virtud más importante – porque lo es la caridad – pero sí es el fundamento de todo el edificio, el cimiento de la vida interior.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.19.

Sobre el ciemiento de la humildad – que es lucha constante por evitar salirnos de nuestro sitio – han de apoyarse los tres muros de carga que harán posible la edificación propiamente dicha. Estos muros son para el cristiano, la fe, la esperanza y la caridad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.20.

Las perfecciones del hombre son sus virtudes.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.21.

Todos conocemos personas que ni creen ni esperan en Dios, y que, no obstante, tienen unas virtudes, unas cualidades positivas indudables: son prudentes, justos, valerosos…En este caso tan sólo podemos hablar de virtudes humanas, que indudablemente perfeccionan el instrumento – el hombre – pero, lamentablemente, se quedan a mitad de camino, no trascienden al orden sobrenatural.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.22.

El hombre virtuoso sabe donde va y lo que quiere, conociendo los medios para lograrlo. Tiene fuerza y resolución suficiente para ello: capacidad de dominarse y valor para desafiar obstáculos. Pero no podemos olvidar que el hombre perfecto no existe, por muchas virtudes que tenga. La vida del hombre siempre será una lucha, una permanente tensión para superar sus limitaciones. Y, en esta lucha, en esta tensión, llevada a cabo por amor – gracias a la fe y la esperanza – estribará su santificación personal, su posibilidad de unión con Dios ya en la tierra. Porque, al ver sus limitaciones y su impotencia, clamará al cielo para que acuda en su ayuda. Y en este clamor incesante estará su grandeza: la “grandeza” de la humildad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.28.

La virtud es la virtud: más allá es vicio y más acá también.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.30.

jueves, 16 de julio de 2009

Crecer en vida interior

Una parte de la vida ascética se basa en el empeño nuestro de dar un paso detrás de otro por acercarnos al amor de Dios.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 157.

Hay una parte muy grande de la vida cristiana donde la iniciativa es enteramente de Dios. Dios va actuando libremente en el alma, a la vez que ésta se esfuerza en serle cada vez más fiel. La intervención divina da una colaboración especial, misteriosa.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 157.

No es posible dar un paso en la vida espiritual si no se fundamenta en la oración.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 183.

Si el pan es diario – argumenta San Ambrosio de Milán a finales del siglo IV - ¿porqué lo recibes tú sólo una vez al año? Recibe todos los días lo que todos los días es provechoso…
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 204.

Todo pecado supone maltratar la verdad.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 211.

Cada pecado daña la imagen de Dios que hay en nosotros.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 216.

El cuerpo de Cristo, que es imagen perfecta de Padre, desfigurado por los golpes, los latigazos y los malos tratos, es la expresión plástica de cómo daña el pecado al hombre.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 216.

A medida que avanza la vida cristiana, aumenta el sentido del pecado y también se podría decir lo contrario: se pierde el sentido del pecado cuando disminuimos es vida; el sentido del pecado va muy unido al sentido de Dios. Quien se niega a reconocer sus pecados, quien no se arrepiente, quine no afronta la realidad, quien huye sin quererla reconocer se separa de Dios. Llega un momento en que Dios no significa nada práctico para él.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 218.

Hemos de procurar que el corazón mantenga su sensibilidad, sin acostumbrarnos a lo que nos separa de Dios…..La costumbre lleva a que no se aprecie la gravedad del pecado. Lo que se endurece pierde sensibilidad.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 219.

Un nuevo encuentro con Dios requiere de nuestra parte una conversión. Nuestra vida tiene que ser una historia de conversiones, de arrepentimientos, de rectificaciones: una historia donde vamos descubriendo, cada vez con mayor claridad, cuáles son las cosas que estorban la imagen de Dios en nosotros y nos decidimos a apartarlas.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 219.

Amar en serio a Dios lleva a oir su voz en cada momento de nuestra vida.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

Los fallos de nuestra vida, las equivocaciones de nuestra conducta no son sólo fallos de estrategia o errores técnicos, sino que son realmente ofensa a Dios: es el maltrato que damos nosotros a Dios, es nuestra aportación personal a la tragedia de la Cruz.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

Nuestros pecados explican la Cruz de Cristo. El ha querido morir en la Cruz, para que sepamos lo que es el pecado. Si sabemos reconocer y combatir nuestros pecados, el amor de Dios se derramará en nuestros corazones y nos llenará de su paz y de su alegría.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

En esta vida no podemos evitar el sufrimiento. Por una parte, porque desde que nuestro cuerpo se forma, va sorteando el dolor y tropieza muchas veces con él. Por otra, porque si amamos mucho, tendremos muchos motivos de dolor. El egoísta no sufre más que por sí mismo, por su mala salud, sus humillaciones, sus incomprensiones, malentendidos, por sus reveses de fortuna y sus fracasos. Quien quiere servir a Dios y a los demás tiene, en cambio, más motivos de disgusto, porque ama muchas cosas más que a sí mismo. Aumentan los sufrimientos que se derivan de los seres queridos y de los trabajos que se han emprendido por amor de Dios. Los dolores y sufrimientos de los demás pasan a ser nuestros y sufrimos con ellos. Cuanto más se ama, más motivos hay para sufrir y más intensamente y con mayor frecuencia se sufre. La vida gana en profundidad tanto en la alegría como en el sufrimiento.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 233.

Aunque preferimos la alegría y el gozo – porque Dios no nos quiere tristes -, aprenderemos a no temer los sufrimientos; y los aceptaremos con naturalidad, sin miedo, amando la voluntad de Dios y uniéndonos al sacrificio redentor de su hijo.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 235.

Aunque nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando de día en día.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 236.

No hay nada que haga crecer más el amor, y que mejor lo demuestre, que el sacrificio.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 238.

sábado, 11 de julio de 2009

Sed cariñosos unos con otros

Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 1.

Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 1.

La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 3.

Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 3.

La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros. Es amor creador, por el que nosotros somos; es amor redentor, por el cual somos recreados. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma,5.

Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 5.

La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Introducción, 29 de junio de 2009, Roma, 6.

Sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento. Encerrado dentro de la historia, queda expuesto al riesgo de reducirse sólo al incremento del tener; así, la humanidad pierde la valentía de estar disponible para los bienes más altos, para las iniciativas grandes y desinteresadas que la caridad universal exige.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma, 11.

Las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,11.

No hay dos tipos de doctrina social, una preconciliar y otra postconciliar.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,12.

En la Encíclica Populorum progressio, Pablo VI señaló que las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material. Nos invitó a buscarlas en otras dimensiones del hombre. Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo»
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma,19.

La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Primero, El Mensaje de La Populorum Progressio, 29 de junio de 2009, Roma, 19.

La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 21.

Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

La caridad no es una añadidura posterior, casi como un apéndice al trabajo ya concluido de las diferentes disciplinas, sino que dialoga con ellas desde el principio. Las exigencias del amor no contradicen las de la razón. El saber humano es insuficiente y las conclusiones de las ciencias no podrán indicar por sí solas la vía hacia el desarrollo integral del hombre.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Segundo, El Desarrollo Humano en Nuestro Tiempo, 29 de junio de 2009, Roma, 30.

La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo, que procede —por decirlo con una expresión creyente— del pecado de los orígenes.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

Por su naturaleza, el don supera el mérito, su norma es sobreabundar. Nos precede en nuestra propia alma como signo de la presencia de Dios en nosotros y de sus expectativas para con nosotros. La verdad que, como la caridad es don, nos supera, como enseña San Agustín. Incluso nuestra propia verdad, la de nuestra conciencia personal, ante todo, nos ha sido «dada». En efecto, en todo proceso cognitivo la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

La unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división, nace de la palabra de Dios-Amor que nos convoca. Al afrontar esta cuestión decisiva, hemos de precisar, por un lado, que la lógica del don no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un añadido externo en un segundo momento y, por otro, que el desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero;Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 34.

La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Tercero; Fraternidad, Desarrollo Económico y Sociedad Civil, 29 de junio de 2009, Roma, 36.

No es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y al aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad. Obviamente, se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral. La Iglesia, que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a éste a que respete los valores humanos también en el ejercicio de la sexualidad: ésta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y lúdico, del mismo modo que la educación sexual no se puede limitar a una instrucción técnica, con la única preocupación de proteger a los interesados de eventuales contagios o del «riesgo» de procrear. Esto equivaldría a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad. En efecto, la responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con políticas de planificación forzada de la natalidad. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 44.

La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar. La disminución de los nacimientos, a veces por debajo del llamado «índice de reemplazo generacional», pone en crisis incluso a los sistemas de asistencia social, aumenta los costes, merma la reserva del ahorro y, consiguientemente, los recursos financieros necesarios para las inversiones, reduce la disponibilidad de trabajadores cualificados y disminuye la reserva de «cerebros» a los que recurrir para las necesidades de la nación. Además, las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad. Son situaciones que presentan síntomas de escasa confianza en el futuro y de fatiga moral. Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 44.

Responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 45.

La preocupación nunca puede ser una actitud abstracta.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 47.

La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma,48.
Esta responsabilidad es global, porque no concierne sólo a la energía, sino a toda la creación, para no dejarla a las nuevas generaciones empobrecida en sus recursos. Es lícito que el hombre gobierne responsablemente la naturaleza para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla también con métodos nuevos y tecnologías avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la población que la habita. En nuestra tierra hay lugar para todos: en ella toda la familia humana debe encontrar los recursos necesarios para vivir dignamente, con la ayuda de la naturaleza misma, don de Dios a sus hijos, con el tesón del propio trabajo y de la propia inventiva. Pero debemos considerar un deber muy grave el dejar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 50.

El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia. Así como las virtudes humanas están interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro también a las otras, así también el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.

Para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera basta con una instrucción adecuada. Éstos son instrumentos importantes, pero el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 51.

La verdad, y el amor que ella desvela, no se pueden producir, sólo se pueden acoger. Su última fuente no es, ni puede ser, el hombre, sino Dios, o sea Aquel que es Verdad y Amor. Este principio es muy importante para la sociedad y para el desarrollo, en cuanto que ni la Verdad ni el Amor pueden ser sólo productos humanos; la vocación misma al desarrollo de las personas y de los pueblos no se fundamenta en una simple deliberación humana, sino que está inscrita en un plano que nos precede y que para todos nosotros es un deber que ha de ser acogido libremente. Lo que nos precede y constituye —el Amor y la Verdad subsistentes— nos indica qué es el bien y en qué consiste nuestra felicidad. Nos señala así el camino hacia el verdadero desarrollo. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Cuarto: Desarrollo de los Pueblos, Derechos y Deberes, Ambiente, 29 de junio de 2009, Roma, 52.

Una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad. Ciertamente, también las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia, son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, pensando ser autosuficiente, o bien un mero hecho insignificante y pasajero, un «extranjero» en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre está alienado cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un Fundamento. Toda la humanidad está alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideologías y utopías falsas. Hoy la humanidad aparece mucho más interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión. El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

Pablo VI señalaba que «el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas». La afirmación contiene una constatación, pero sobre todo una aspiración: es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser una familia; la interacción entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integración se desarrolle bajo el signo de la solidaridad en vez del de la marginación. Dicho pensamiento obliga a una profundización crítica y valorativa de la categoría de la relación. Es un compromiso que no puede llevarse a cabo sólo con las ciencias sociales, dado que requiere la aportación de saberes como la metafísica y la teología, para captar con claridad la dignidad trascendente del hombre.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale también para los pueblos.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

El mundo de hoy está siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comunión, sino que lo aíslan en la búsqueda del bienestar individual, limitándose a gratificar las expectativas psicológicas. También una cierta proliferación de itinerarios religiosos de pequeños grupos, e incluso de personas individuales, así como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersión y de falta de compromiso. Un posible efecto negativo del proceso de globalización es la tendencia a favorecer dicho sincretismo, alimentando formas de «religión» que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad. Al mismo tiempo, persisten a veces parcelas culturales y religiosas que encasillan la sociedad en castas sociales estáticas, en creencias mágicas que no respetan la dignidad de la persona, en actitudes de sumisión a fuerzas ocultas. En esos contextos, el amor y la verdad encuentran dificultad para afianzarse, perjudicando el auténtico desarrollo. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 55.

La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía»de la religión cristiana. La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 56.

En la búsqueda de soluciones para la crisis económica actual, la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos. ¿Qué proyecto de ayuda puede prometer un crecimiento de tan significativo valor —incluso para la economía mundial— como la ayuda a poblaciones que se encuentran todavía en una fase inicial o poco avanzada de su proceso de desarrollo económico? En esta perspectiva, los estados económicamente más desarrollados harán lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ámbito de la comunidad internacional. Lo podrán hacer también revisando sus políticas internas de asistencia y de solidaridad social, aplicando a ellas el principio de subsidiaridad y creando sistemas de seguridad social más integrados, con la participación activa de las personas y de la sociedad civil. De esta manera, es posible también mejorar los servicios sociales y asistenciales y, al mismo tiempo, ahorrar recursos, eliminando derroches y rentas abusivas, para destinarlos a la solidaridad internacional. Un sistema de solidaridad social más participativo y orgánico, menos burocratizado pero no por ello menos coordinado, podría revitalizar muchas energías hoy adormecidas en favor también de la solidaridad entre los pueblos.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 60.

Una posibilidad de ayuda para el desarrollo podría venir de la aplicación eficaz de la llamada subsidiaridad fiscal, que permitiría a los ciudadanos decidir sobre el destino de los porcentajes de los impuestos que pagan al Estado. Esto puede ayudar, evitando degeneraciones particularistas, a fomentar formas de solidaridad social desde la base, con obvios beneficios también desde el punto de vista de la solidaridad para el desarrollo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Quinto; La Colaboración de la Familia Humana, 29 de junio de 2009, Roma, 53.

El tema del desarrollo de los pueblos está íntimamente unido al del desarrollo de cada hombre. La persona humana tiende por naturaleza a su propio desarrollo. Éste no está garantizado por una serie de mecanismos naturales, sino que cada uno de nosotros es consciente de su capacidad de decidir libre y responsablemente. Tampoco se trata de un desarrollo a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneración. Nuestra libertad está originariamente caracterizada por nuestro ser, con sus propias limitaciones. Ninguno da forma a la propia conciencia de manera arbitraria, sino que todos construyen su propio «yo» sobre la base de un «sí mismo» que nos ha sido dado. No sólo las demás personas se nos presentan como no disponibles, sino también nosotros para nosotros mismos. El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma. De modo análogo, también el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse utilizando los «prodigios» de la tecnología. Lo mismo ocurre con el desarrollo económico, que se manifiesta ficticio y dañino cuando se apoya en los «prodigios» de las finanzas para sostener un crecimiento antinatural y consumista. Ante esta pretensión prometeica, hemos de fortalecer el aprecio por una libertad no arbitraria, sino verdaderamente humanizada por el reconocimiento del bien que la precede. Para alcanzar este objetivo, es necesario que el hombre entre en sí mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 68.

El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico. La técnica — conviene subrayarlo — es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre. En la técnica se manifiesta y confirma el dominio del espíritu sobre la materia. «Siendo éste [el espíritu] “menos esclavo de las cosas, puede más fácilmente elevarse a la adoración y a la contemplación del Creador”». La técnica permite dominar la materia, reducir los riesgos, ahorrar esfuerzos, mejorar las condiciones de vida. Responde a la misma vocación del trabajo humano: en la técnica, vista como una obra del propio talento, el hombre se reconoce a sí mismo y realiza su propia humanidad. La técnica es el aspecto objetivo del actuar humano, cuyo origen y razón de ser está en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales. La técnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de cultivar y custodiar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 69.

Mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 70.

Cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 70.

Esta posible desviación de la mentalidad técnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificación del desarrollo y de la paz. El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva como una cuestión exclusivamente técnica. Sin duda, todos estos ámbitos tienen un papel muy importante, pero deberíamos preguntarnos por qué las decisiones de tipo técnico han funcionado hasta ahora sólo en parte. La causa es mucho más profunda. El desarrollo nunca estará plenamente garantizado plenamente por fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma,71.

Uno de los aspectos del actual espíritu tecnicista se puede apreciar en la propensión a considerar los problemas y los fenómenos que tienen que ver con la vida interior sólo desde un punto de vista psicológico, e incluso meramente neurológico. De esta manera, la interioridad del hombre se vacía y el ser conscientes de la consistencia ontológica del alma humana, con las profundidades que los Santos han sabido sondear, se pierde progresivamente. El problema del desarrollo está estrechamente relacionado con el concepto que tengamos del alma del hombre, ya que nuestro yo se ve reducido muchas veces a la psique, y la salud del alma se confunde con el bienestar emotivo. Estas reducciones tienen su origen en una profunda incomprensión de lo que es la vida espiritual y llevan a ignorar que el desarrollo del hombre y de los pueblos depende también de las soluciones que se dan a los problemas de carácter espiritual. El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es «uno en cuerpo y alma», nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a sí misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre está inquieto y se hace frágil. La alienación social y psicológica, y las numerosas neurosis que caracterizan las sociedades opulentas, remiten también a este tipo de causas espirituales. Una sociedad del bienestar, materialmente desarrollada, pero que oprime el alma, no está en sí misma bien orientada hacia un auténtico desarrollo. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas, tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. El vacío en que el alma se siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el cuerpo y para la psique, hace sufrir. No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 76.

El absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia. Sin embargo, todos los hombres tienen experiencia de tantos aspectos inmateriales y espirituales de su vida. Conocer no es sólo un acto material, porque lo conocido esconde siempre algo que va más allá del dato empírico. Todo conocimiento, hasta el más simple, es siempre un pequeño prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos. En toda verdad hay siempre algo más de lo que cabía esperar, en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende. Jamás deberíamos dejar de sorprendernos ante estos prodigios. En todo conocimiento y acto de amor, el alma del hombre experimenta un «más» que se asemeja mucho a un don recibido, a una altura a la que se nos lleva. También el desarrollo del hombre y de los pueblos alcanza un nivel parecido, si consideramos la dimensión espiritual que debe incluir necesariamente el desarrollo para ser auténtico. Para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad. Benedicto XVI; Caritas in Veritatea,Capítulo Sexto, El Desarrollo de los Pueblos y la Técnica, 29 de junio de 2009, Roma, 77.

Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano,que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande.
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, Roma, 78.

El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más «divina» y por tanto más digna del hombre. Todo esto es del hombre, porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez es de Dios, porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: «el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3,22-23). El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como «Padre nuestro». Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad, y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal (cf. Mt 6,9-13).
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, 79.

Al concluir el Año Paulino, me complace expresar este deseo con las mismas palabras del Apóstol en su carta a los Romanos: «Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo» (12,9-10).
Benedicto XVI; Caritas in Veritatea, Conclusión, 29 de junio de 2009, Roma, 79.