sábado, 14 de febrero de 2009

Jesús de Nazaret II

El contenido central del “Evangelio” es que el Reino de Dios está cerca…..y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p. 74.

Sin un “morir”, sin que naufrague lo que es sólo nuestro, no hay comunión con Dios ni redención. Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.95.

Las Bienaventuranzas son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que “se invierten los valores”.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.99.

Las Bienaventuranzas expresan lo que significa ser discípulo.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.101.

Las Bienaventuranzas son como una velada biografía interior de Jesús, como un retrato de su figura.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.102.

Sólo el hombre reconciliado con Dios puede estar también reconciliado y en armonía consigo mismo, y sólo el hombre reconciliado con Dios y consigo mismo puede crear paz a su alrededor y en todo el mundo.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, p.114.

Cuando el hombre pierde de vista a Dios fracasa la paz y predomina la violencia, con atrocidades antes impensables, como lo vemos hoy de manera sobradamente clara.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.114.

Las invectivas no son condenas, no son expresión de odio, envidia o enemistad. No se trata de una condena, sino de una advertencia que quiere salvar.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, 2007, Chile, p.126.

Las bienaventuranzas se oponen a nuestro gusto espontáneo por la vida, a nuestra hambre y sed de vida. Exigen conversión, un cambio de marcha interior respecto a la dirección que tomaríamos espontáneamente.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.128.

La verdadera “moral” del cristianismo es el amor. Y éste, obviamente, se opone al egoísmo; es un salir de uno mismo, pero es precisamente de este modo como el hombre se encuentra consigo mismo.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.129.

Puesto que ser hombre significa esencialmente relación con Dios, está claro que incluye el hablar con Dios y el escuchar a Dios.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.161.

La oración no ha de ser una exibición ante los hombres; requiere esa discreción que es esencial en una relación de amor.
Joseph Ratzinger; Jesús de Nazaret, Planeta, tercera edición, Santiago, Chile, 2007, p.162.

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