viernes, 3 de julio de 2009

Ascensión al monte

Del mismo modo que la ascensión al monte, la santificación es un proceso que debe realizarse mediante el esfuerzo ordenado de ir dando un paso tras otro en dirección a la cima. Precisamente por eso, este proceso de purificación, de mejora, ha sido llamado ascética o ascésis, palabra griega que significa sencillamente esfuerzo o ejercicio. No hay que pensar, sin embargo, en una subida angustiosa que exija un esfuerzo agotador. Ni el Sinaí, ni el Carmelo son cimas muy empinadas y tienen rutas de subida muy sencillas. Lo importante como en una excursión de montaña, es ascender poco a poco, saboreando los paisajes que se ensanchan en el horizonte, disfrutando de los aromas de la vegetación, de las amplitudes del cielo, de los frescores de las brisas que se levantan. Como en una excursión, caben aquí los momentos de descanso y de recuperación. Subir cuesta un poco, pero las bellezas de la ascensión compensan el esfuerzo; y en el caso de la vida cristiana, la cima proporciona, no simplemente la contemplación de un maravilloso paisaje, sino la de Dios mismo.

En esa ascención, es imprescindible la gracia de Dios para dar cualquier paso que acerque a la cima. Dios la da generosa y misteriosamente. Puede llevar al cristiano por caminos nuevos e imprevistos hacia la contemplación. Y la da de manera distinta a cada persona. Es muy importante contar con esa ayuda. La empresa de subir por sí mismo – prescindiendo de Dios - sólo lleva al agotamiento; y el resultado no sería la santidad cristiana, que supone un profundo equilibrio de potencialidades y capacidades, sino una persona desequilibrada. Un hombre dominado por la soberbia podría emprender esa subida por sí mismo e incluso llegar a una cierta altura, pero muy lejos de la cima, porque el camino escogido no puede acercarle. La diferencia estriba en que el cristiano que se acerca a la cima ama cada vez más a Dios, mientras que el otro sólo se ama a sí mismo.
Juan Luis Lorda; Para ser Cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 16-17.


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