miércoles, 22 de julio de 2009

Virtudes

las virtudes tienen como misión facilitarnos esa aceptación del querer divino no coincidente con nuestros gustos y apetencias.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.15.

No es la doctrina de Cristo algo para admirar o para practicar. El cristianismo es vida y ha de informar la vida entera.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.18.

La humildad no es otra cosa que sentirse nada y sin embargo poderlo todo en aquel que le confortará.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.19.

La humildad no es la virtud más importante – porque lo es la caridad – pero sí es el fundamento de todo el edificio, el cimiento de la vida interior.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.19.

Sobre el ciemiento de la humildad – que es lucha constante por evitar salirnos de nuestro sitio – han de apoyarse los tres muros de carga que harán posible la edificación propiamente dicha. Estos muros son para el cristiano, la fe, la esperanza y la caridad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.20.

Las perfecciones del hombre son sus virtudes.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.21.

Todos conocemos personas que ni creen ni esperan en Dios, y que, no obstante, tienen unas virtudes, unas cualidades positivas indudables: son prudentes, justos, valerosos…En este caso tan sólo podemos hablar de virtudes humanas, que indudablemente perfeccionan el instrumento – el hombre – pero, lamentablemente, se quedan a mitad de camino, no trascienden al orden sobrenatural.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.22.

El hombre virtuoso sabe donde va y lo que quiere, conociendo los medios para lograrlo. Tiene fuerza y resolución suficiente para ello: capacidad de dominarse y valor para desafiar obstáculos. Pero no podemos olvidar que el hombre perfecto no existe, por muchas virtudes que tenga. La vida del hombre siempre será una lucha, una permanente tensión para superar sus limitaciones. Y, en esta lucha, en esta tensión, llevada a cabo por amor – gracias a la fe y la esperanza – estribará su santificación personal, su posibilidad de unión con Dios ya en la tierra. Porque, al ver sus limitaciones y su impotencia, clamará al cielo para que acuda en su ayuda. Y en este clamor incesante estará su grandeza: la “grandeza” de la humildad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.28.

La virtud es la virtud: más allá es vicio y más acá también.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.30.
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