lunes, 3 de agosto de 2009

Frescor de la Vida Interior

La infidelidad y la deslealtad es patrimonio de nuestra humanidad caída. Un primer arranque es fácil y cualquiera puede intentarlo, lo difícil es perseverar día tras día en los propósitos que un día hicimos con mente clara y corazón dispuesto. Y, sin embargo, en esa fidelidad de siempre – cueste lo que cueste – está la santidad.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.145.

No hay posible perseverancia en el camino de Dios, si nuestra disposición íntima no se fundamenta en la generosidad. Hay que estar decididos a apartar de nuestra vida todo aquello que nos separe de Dios.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.146.

Ningún hombre medianamente formado puede ignorar que existe en él un principio de oposición. Basta que se proponga un ideal noble en su vida, para sentir al poco tiempo el ahogo del desánimo, la fuerza contraria que lo impulsa a dejarlo, a no complicarse la vida.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.147.

En el Sacramento de la Penitencia: ¡un Dios que perdona, que olvida, que confía una vez más en nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda!
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.158.

En la presencia de Dios, cualquier alma puede gozar de eterna juventud.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.177.

La visión positiva del cristiano ha de procurar siempre dar a los demás un poco del frescor de su propia vida interior, porque como dice un proverbio chino, “siempre queda algo de fragancia en la mano que ofrece rosas”.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.180.

Todos aspiramos a vivir con paz y alegría interior. Pero esto exige un precio, porque la paz en este mundo es consecuencia de la victoria. Y la victoria está intimamente ligada con la guerra. La paz, pues, exige del cristiano una continua lucha. Sin lucha, sin esfuerzo, sin tensión, no hay posibilidad de disfrutar de paz verdadera. Por eso la paz de Cristo no tiene nada que ver con la apatía, la abulia, la flema o la adopción de una actitud escética ante la vida.
José Antonio Galera; Sinceridad y Fortaleza, Rialp, Madrid, 2002, p.182.
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