jueves, 16 de julio de 2009

Crecer en vida interior

Una parte de la vida ascética se basa en el empeño nuestro de dar un paso detrás de otro por acercarnos al amor de Dios.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 157.

Hay una parte muy grande de la vida cristiana donde la iniciativa es enteramente de Dios. Dios va actuando libremente en el alma, a la vez que ésta se esfuerza en serle cada vez más fiel. La intervención divina da una colaboración especial, misteriosa.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 157.

No es posible dar un paso en la vida espiritual si no se fundamenta en la oración.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 183.

Si el pan es diario – argumenta San Ambrosio de Milán a finales del siglo IV - ¿porqué lo recibes tú sólo una vez al año? Recibe todos los días lo que todos los días es provechoso…
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 204.

Todo pecado supone maltratar la verdad.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 211.

Cada pecado daña la imagen de Dios que hay en nosotros.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 216.

El cuerpo de Cristo, que es imagen perfecta de Padre, desfigurado por los golpes, los latigazos y los malos tratos, es la expresión plástica de cómo daña el pecado al hombre.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 216.

A medida que avanza la vida cristiana, aumenta el sentido del pecado y también se podría decir lo contrario: se pierde el sentido del pecado cuando disminuimos es vida; el sentido del pecado va muy unido al sentido de Dios. Quien se niega a reconocer sus pecados, quien no se arrepiente, quine no afronta la realidad, quien huye sin quererla reconocer se separa de Dios. Llega un momento en que Dios no significa nada práctico para él.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 218.

Hemos de procurar que el corazón mantenga su sensibilidad, sin acostumbrarnos a lo que nos separa de Dios…..La costumbre lleva a que no se aprecie la gravedad del pecado. Lo que se endurece pierde sensibilidad.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 219.

Un nuevo encuentro con Dios requiere de nuestra parte una conversión. Nuestra vida tiene que ser una historia de conversiones, de arrepentimientos, de rectificaciones: una historia donde vamos descubriendo, cada vez con mayor claridad, cuáles son las cosas que estorban la imagen de Dios en nosotros y nos decidimos a apartarlas.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 219.

Amar en serio a Dios lleva a oir su voz en cada momento de nuestra vida.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

Los fallos de nuestra vida, las equivocaciones de nuestra conducta no son sólo fallos de estrategia o errores técnicos, sino que son realmente ofensa a Dios: es el maltrato que damos nosotros a Dios, es nuestra aportación personal a la tragedia de la Cruz.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

Nuestros pecados explican la Cruz de Cristo. El ha querido morir en la Cruz, para que sepamos lo que es el pecado. Si sabemos reconocer y combatir nuestros pecados, el amor de Dios se derramará en nuestros corazones y nos llenará de su paz y de su alegría.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 220.

En esta vida no podemos evitar el sufrimiento. Por una parte, porque desde que nuestro cuerpo se forma, va sorteando el dolor y tropieza muchas veces con él. Por otra, porque si amamos mucho, tendremos muchos motivos de dolor. El egoísta no sufre más que por sí mismo, por su mala salud, sus humillaciones, sus incomprensiones, malentendidos, por sus reveses de fortuna y sus fracasos. Quien quiere servir a Dios y a los demás tiene, en cambio, más motivos de disgusto, porque ama muchas cosas más que a sí mismo. Aumentan los sufrimientos que se derivan de los seres queridos y de los trabajos que se han emprendido por amor de Dios. Los dolores y sufrimientos de los demás pasan a ser nuestros y sufrimos con ellos. Cuanto más se ama, más motivos hay para sufrir y más intensamente y con mayor frecuencia se sufre. La vida gana en profundidad tanto en la alegría como en el sufrimiento.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 233.

Aunque preferimos la alegría y el gozo – porque Dios no nos quiere tristes -, aprenderemos a no temer los sufrimientos; y los aceptaremos con naturalidad, sin miedo, amando la voluntad de Dios y uniéndonos al sacrificio redentor de su hijo.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 235.

Aunque nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando de día en día.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 236.

No hay nada que haga crecer más el amor, y que mejor lo demuestre, que el sacrificio.
Juan Luis Lorda; Para ser cristiano (1991), Ediciones Rialp, 7ª edición, 2000, Madrid, p. 238.