jueves, 8 de octubre de 2009

No pienses tanto en tí mismo

La distracción del corazón es siempre peligrosa, tener el corazón en un lugar y el deber en otro.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 123.

Aceptar lealmente nuestro estado de vida, sin tratar de evadirnos de él con ningún pretexto.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 160.

La naturaleza ha dado una ley a las abejas: que cada una haga la miel en su panal, y de las flores que tiene a su alrededor.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 160.

Es grande engaño el de quienes quieren mascar más de lo que pueden digerir.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo VI, p. 109.

Con tal de estar con Dios, ¿Qué nos importa que sea de un modo u otro?
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIV, p. 167.

Seamos lo que somos, y seámoslo bien, para hacer honor al obrero de quien somos obra. Seamos lo que Dios quiere, con tal que seamos suyos, y no seamos lo que queremos contra su intención. Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XIII, p. 53.

Tened cuidado con las pequeñas ocasiones que Dios os presenta: poned en esto vuestra virtud, y no en desear grandes trabajos; porque con frecuencia se deja uno vencer por un mosquito, mientras combate monstruos en la imaginación.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXVI, p. 366.

Servíos de las contradicciones diarias para mortificaros aceptándolas con amor y dulzura.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XXI, p. 168.

¿Porqué temer el porvenir? Además que exageramos frecuentemente sus amenazas, debemos confiar en Dios, que nos dará cada día los socorros necesarios.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 205.

Dejaos gobernar por Dios, no penséis tanto en vos misma.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo XII, p. 166.

Debemos evitar esos retornos sobre nosotros mismos, y levantar por la confianza nuestro corazón…Quién está atento a agradar amorosamente al Amante celestial, no tiene voluntad ni tiempo para volver sobre sí mismo, ya que su espíritu tiende constantemente adonde su amor lo lleva.
Obras completas de San Francisco de Sales, Edición de Annecy, Tomo VI, p. 217.