viernes, 27 de noviembre de 2009

"Un arnés de Oro no Mejora al Caballo"

Es la posibilidad del “no” lo que da tanto encanto al “sí”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.126.

El hecho mismo de que puedas concebir una felicidad mayor de la que posees es una prueba de que no eres feliz.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.130.

“Un arnés de oro no mejora la caballo”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.131.

El placer pertenece al cuerpo; la alegría, a la mente y al corazón.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.131.
Cuanto más miras el reloj, menos feliz eres.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.133.

El mundo estaría agradecido al psiquiatra que pudiera hacer un estudio estadístico comparando los problemas mentales con el egoísmo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.140.

La cura para el egoísmo es un generoso desborde de lo que se posee, ya sea en el prójimo o en Dios.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.140.

En las Islas del Pacífico, el “KAI-PO, es el pecado de comer solo.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.143.

Dios respeta la terrible ley por la que cada uno es constructor de su propio bien y su propio mal, a través de una decisión libre y sin restricciones.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.143.

Lo que crea una completa revolución en el alma humana, lo que transforma al egoísmo en generosidad, lo que transforma el valor del dinero y crea un nuevo hombre o una nueva mujer, es el amor supremo manifestado por Dios, que bajó a esta tierra para pagar nuestra deuda y rescatarnos del pantano del egoísmo que tanto nos debilita y nos frustra.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.144.

Amamos para aumentar el eterno fuego de amor en el mundo.
Fulton J. Sheen; The Power Of Love en Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998,
p.144.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Todo lo creado tiene algo que decir acerca de Dios

Es la posibilidad de decir que “no” lo que da tanto encanto al corazón que dice que “sí”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.65.

Nadie será coronado sin haber luchado.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.65.

Así como vive mi cuerpo, gracias a mi alma, también mi alma empieza a vivir verdaderamente, gracias al espíritu. Porque el espíritu viene del afuera y no de lo que hacemos o merecemos, es libre, gratis, es lo que comunmente se llama “gracia”.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.92.

El placer es el objetivo supremo de todo vivir egoísta.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.99.

La condición para pasar un buen momento es que uno no esté constantemente tratando de pasar un buen momento.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.99.

Todo lo creado tiene algo que decir acerca de Dios.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.102.

Un corazón, una flor, una puesta de sol, deberían alcanzar para satisfacer el corazón humano si éste estuviera hecho sólo para este mundo; pero la permanente búsqueda de “más” es una indicación de que fuimos creados para algo más grande que el amor que podemos encontrar en la tierra.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.121.

8. El florecer es uno de los primeros atisbos de maternidad que la naturaleza conoce.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.125.

9. Cuando una manzana cae al suelo, la pulpa exterior descompone y se pudre, pero en su interior hay semillas que son promesa de inmortalidad…una sutil sugerencia de que cuando nos despojamos de la corteza mortal, hay, oculta dentro de la pulpa externa, un alma que es semilla de la verdadera inmortalidad.
Fulton J. Sheen; Del Pizarrón del Angel, Lumen, Buenos Aires, 1998, p.125.