jueves, 21 de enero de 2010

Un alma que se eleva levanta al mundo entero

Con qué frecuencia se nos olvida, sumidos en el trajín de la vida diaria, el fin para el que Dios nos ha destinado! Hemos sido creados para conocer, amar y servir a Dios en este mundo y luego gozar eternamente de El en el Cielo.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.76.

La verdad nos da miedo porque es exigente y comprometida.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.89.

Un alma que se eleva levanta al mundo entero.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.102

Dios, en su infinita sabiduría, sabe lo que nos conviene. Todas las cruces objetivas son fuentes priviligiadas de purificación cuando se ofrecen voluntariamente a Dios, uniéndose a la voluntad del Señor, que las permite para nuestro verdadero bien.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.113.

Así, como para ver una buena película se requieren al menos dos horas, para ver a Dios se requiere toda una eternidad.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.117.

Lo que impide una verdadera conversión es la soberbia.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.129.

Si los cristianos tuviéramos más fe en Jesús sacramentado, las iglesias estarían llenas.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.136.

El camino hacia la humildad está pavimentado de conocimiento propio.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.143.

¡Qué ridículo resulta pasar las realidades divinas por la propia cabeza, para determinar la verdad o no de esas enseñanzas reveladas! Si Dios cupiera en nuestra cabeza ¡qué pequeño sería!
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.143.

Que los bienes de este mundo no eclipsen a los eternos.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.161.

Publicar un comentario