viernes, 30 de abril de 2010

Dios sabe lo que nosotros no sabemos

El creyente avanza entre tinieblas con la certidumbre de que, aún cuando él no vea nada, Dios por su parte, lo está mirando siempre. Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.192.

Dios sabe lo que nosotros no sabemos.
Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.199.

En cuanto se discute una obligación se prepara uno a no ejecutarla.
Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.201.

Un cristiano cree que el mal no es más fuerte que el bien.
Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.242.

El temor es una falta de fe.
Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.244.

Jesús se sirve de nosotros para continuar su obra.
Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.256.

martes, 27 de abril de 2010

Somos como Dios nos ve

La característica especial del pobre en el Evangelio es su confianza en Dios, pues precisamente porque ante la inseguridad del mañana él mira primero hacia Dios. Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.59.

La colaboración del hombre con Dios es una ley fundamental de la creación.
Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.61.

Lo que hace rico a un hombre no es lo que tiene, lo que posee, sino lo que es y lo que hace, tanto de sí mismo cuanto a favor de los demás.
Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.70.

Procurad a vuestros hijos una instrucción sólida y, si es posible, una amplia cultura; pero desarrollad en ellos la nobleza de los sentimientos, habituándolos a simplificar sus deseos.
Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.82.

Repetid a vuestros hijos que no tendrán que contar con vuestro ahorro, sino con su trabajo. No les concedáis indistintamente todo lo que os pidan, pues los harías insaciables. Los caracteres se forjan en la escuela de las privaciones, y no se aprecia bien la holgura de la vida sino cuando se ha sentido más o menos el roce de la pobreza.
Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.83.

Todos los seres son en su naturaleza como Dios los quiere y en su existencia como Dios los ve. Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.89.

El silencio es la atmósfera propia de la cruz. Las fuerzas se escapan bajo las palabras.
Faber en Georges Chevrot; Las Bienaventuranzas (1952), Rialp, Undécima edición, Madrid, 1991, p.138.