viernes, 18 de junio de 2010

Sacudir la somnolencia de la rutina

La falta habitual de correspondencia a la gracia lleva a mayores errores.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.354

La incertidumbre del juicio nos urge a vivir como verdaderos hijos de Dios; con vigilancia en las cosas pequeñas y en las cosas grandes.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.364.

Puede haber dificultades para que nuestro amor a Dios se mantenga despierto; el egoísmo, la comodidad, la falta de mortificación y de templanza amenazan siempre la llama que el señor enciende una y otra vez en nuestro interior.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.365.

Sacudir la somnolencia de la rutina.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.365.

Todo lo hemos recibido a modo de herencia.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.369.

6. Dos maneras hay de entender la vida: sentirse administrador y hacer rendir lo recibido de cara a Dios, o vivir como dueño, en beneficio propio, para la propia comodidad.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.369.

Dios espera ver administrada bien su herencia. Lo esperado por Dios, es proporcional a lo recibido.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.369.

Hace falta ser ifinitamente santo para no agarrarse a ninguna compensación.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.391.

miércoles, 16 de junio de 2010

No temas, ten sólo fe

Mateo no consideró su vocación como una “carga”, sino como un honor; por eso su respuesta fue pronta y con toda seguridad muy alegre. Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.149.

A medida que el alma se purifica mediante la mortificación, la vida interior progresa en el trato con Dios.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.151.

Cada vez que nos tropezamos con Jesús y con sus palabras, algo surge en nosotros que rompe rutinas y anquilosamientos.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.152.

No temas, ten sólo fe.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.155.

Da alegría servir a un Señor que sabemos está pendiente hasta de la más pequeña acción que realizamos.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.183.

Pasar ocultos haciendo el bien.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.189.

Un árbol seco no produce frutos jugosos.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.210.

La tentación de pedir señales a Dios ha sido una tentación frecuente.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.213.

Ninguna acción hay que no pueda y deba expresar el amor a Dios.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.339.

Cada cristiano tiene el cometido de abrir camino a otros.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.344.

El verdadero celo apostólico se manifiesta en el cuidado para que todos perseveren.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.346.

La confesión frecuente permitirá que haya en nuestro interior un estado permanente de limpieza.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.351.


domingo, 13 de junio de 2010

Si dijieras "ya basta" has perecido

Todos tenemos experiencia de que llega un momento en nuestra vida en que la única solución es acudir al señor, rezar como hijos débiles.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.126.

El que es apóstol debe dejar los propios asuntos en segundo término. Lo primero son los demás.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.139.

El que Jesús se acerque a nuestras vidas puede significar alguna vez perder alguna cosa material, algo que hemos de dejar.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.145.

La tibieza nace de la dejadez prolongada en la vida interior. Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.146.

La tibieza es como una pendiente inclinada, que cada vez más rápidamente va separando de Dios.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.146.

Cuando se ha llegado a la tibieza, Cristo queda como oscurecido en la mente y, como consecuencia, toda la vida de piedad resulta una estructura incómoda, que impide moverse a gusto.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.146.

Mientras recomencemos una y otra vez, habrá amor de Dios en nuestras vidas, estaremos alejándonos de la tibieza. El único error posible, el único error grave sería dejar de luchar. Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.147.

Si dijieras “ya basta” has perecido.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.147.

Toda resistencia a la gracia endurece el corazón.
Francisco Fernández Carvajal; El Evangelio de San Mateo (1974), Quinta edición, Ediciones Palabra, 1980, p.148.