jueves, 29 de julio de 2010

El aroma purificador de la mortificación

El camino de Dios es de renuncia, de mortificación, de entrega, pero no de tristeza o de apocamiento.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 128.

No marchamos cerca del Señor, cuando no sabemos privarnos espontáneamente de tantas cosas que reclaman el capricho, la vanidad, el regalo, el interés... No debe pasar una jornada sin que la hayas condimentado con la gracia y la sal de la mortificación.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 128.

Purificad la intención, ocupaos de todas las cosas por amor a Dios, abrazando con gozo la cruz de cada día.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 132.

El amor se demuestra de modo especial en pequeñeces. Ordinariamente, los sacrificios que nos pide el Señor, los más arduos, son minúsculos, pero tan continuos y valiosos como el latir del corazón.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 134.

El aroma purificador de la mortificación.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 138.

Penitencia es el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos. Penitencia es levantarse a la hora. Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.

La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar el tiempo que cada cosa necesita. Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío.

Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufren, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos. Es interrumpir o modificar nuestros programas, cuando las circunstancias —los intereses buenos y justos de los demás, sobre todo— así lo requieran.

La penitencia consiste en soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada; en no abandonar la ocupación, aunque de momento se te haya pasado la ilusión con que la comenzaste; en comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos.
Penitencia, para los padres y, en general, para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.

El espíritu de penitencia lleva a no apegarse desordenadamente a ese boceto monumental de los proyectos futuros, en el que ya hemos previsto cuáles serán nuestros trazos y pinceladas maestras. ¡Qué alegría damos a Dios cuando sabemos renunciar a nuestros garabatos y brochazos de maestrillo, y permitimos que sea El quien añada los rasgos y colores que más le plazcan!
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Tras los pasos del Señor, 138.

martes, 27 de julio de 2010

Homenaje a mis 20 años de matrimonio

Se necesitan tres para hacer feliz un matrimonio: un hombre, una mujer y Dios.
Eugene Boylan; El Amor Supremo, (1952), Ediciones Rialp, 6 edición, Madrid, 2002, p.433.

La luna de miel es una especie de crédito divino extendido a quienes, más tarde, tendrán que pagar los costos de edificar una familia.
Fulton J. Sheen, Camino hacia la felicidad, Colección Pilares, San pablo, 2006, Buenos Aires. p. 54.

¿Se puede amar de verdad si no es para siempre?
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 68.

Un matrimonio fracasado no es sinónimo de un matrimonio nulo.
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 72.

Todo matrimonio que ha nacido vivo y sano, y que luego con el paso del tiempo, se ha enfermado no puede ser disuelto o abortado jurídicamente.
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 72.

Se olvida que los cónyuges se casan “porque se quieren”, pero una vez contraído el matrimonio “deben quererse” porque están casados.
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 77.

Tanto el varón como la mujer poseen valores propios, y cada cual supera al otro en su especificidad.
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 108.

El hombre como persona se trasciende al relacionarse, de manera que sólo en la entrega a otra persona – para la cual quiere vivir y a la que quiere amar – puede encontrar la plena realización de su personalidad.
Raúl Williams B.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 108.

Se afirma en ocasiones que la continencia periódica “separa a los cónyuges” ya que el amor tiene una cierta espontaneidad y no puede ceñirse a períodos rígidos. La realidad muestra lo contrario: cuando hay serios y justos motivos, la continencia períodica resulta perfectiva y unitiva para los casados cuando ambos la asumen amorosa y sacrificadamente. Potencia entre ellos el afecto mutuo al no circunscribir la relación matrimonial a lo meramente sexual. La comunicación se incrementa entre marido y mujer acerca del dinamismo sexual y procreador de la esposa; fortifica y acrecienta el respeto del varón hacia su mujer, ya que será ella que marque la pauta en las relaciones conyugales; determina las circunstancias de la nueva vida, permitiendo que el futuro hijo sea más intensamente querido; deja la conciencia de los cónyuges en paz; consigue muchas bendiciones de Dios; permite el triunfo del amor generoso sobre toda instrumentalización egoísta.
Raúl Williams.; El Hombre en el Huracán, Centro de Estudios Bicentenario, 3ª Edición, Santiago, 2007, p. 211.

Muchas dificultades en el matrimonio se originan porque la mujer tiende espontáneamente a ser más madre que esposa. A veces olvida que si es madre es porque primero es esposa.
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.172.

¡Cuánto ayuda que entre el marido y la esposa haya conversaciones fluidas y frecuentes!
Raúl Williams B.; Días de Retiro, Cultura Cristiana, Santiago de Chile, 2008, p.174.

Cómo dice el poeta: Querer con los ojos y besar con la mirada.
Antonio Vázquez; Conferencia "Claves de la Armonía Conyugal", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, agosto de 2002.

El matrimonio cristiano es una apuesta sobre lo absoluto; pero para ganarla, es preciso no reservar nada de sí mismo. Esta es la razón de que se apueste menos, desde hace algún tiempo. André Frossard; Dios en Preguntas, Atlántida, Buenos Aires, 1991, p.124.

El matrimonio no hace dos cautivos, sino una libertad en dos personas. Se puede decir que tuvo éxito cuando, habiéndose tomado el compromiso inicial, y habiéndose convertido la unión en algo natural, los esposos no tienen siquiera ya la impresión de estar casados.
André Frossard; Dios en Preguntas, Atlántida, Buenos Aires, 1991, p.124.

Maridos, amad a vuestras esposas y no les mostréis amargura.
Colosenses 3, 19.

Un diccionario resulta ser un estupendo regalo de matrimonio.
Antonio Vázquez; Conferencia "Claves de la armonía conyugal", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, Agosto de 2002.

Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.
Mateo 19, 6. Marcos 10, 9.

Nadie que ama al otro, consiente en sus equivocaciones.
Antonio Vázquez; Conferencia "Claves de la armonía conyugal", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, Agosto de 2002.

Yo le tengo que pedir al otro lo que él me puede dar, no lo que yo quiero que él me de.
Antonio Vázquez; Conferencia "Claves de la Armonía Conyugal", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, Agosto de 2002.

Los que se tiran los platos por la cabeza, son aquellos que se aman a sí mismos en el otro.
Jorge Peña; Conferencia "la fidelidad como perfección del amor", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, Agosto de 2002.

El hombre también tiene que funcionar en la casa.
Covadonga O´Shea; Conferencia "Mujer y Familia", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, Agosto de 2002.

La fidelidad está muy por encima de la infidelidad.
Covadonga O´Shea; Conferencia "Mujer y Familia", Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, agosto de 2002.

El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños.
Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer; Nº91.

La fidelidad es la perfección del amor.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; citado por Jorge Peña; en Congreso Internacional de Familia y Educación, Santiago, Chile, agosto de 2002.

El matrimonio no hace dos cautivos, sino una libertad en dos personas.
André Frossard; Dios en Preguntas, Atlantida, Buenos Aires, 1991, p.124.

El amor es física, el matrimonio química.
Alejandro Dumas hijo; L´Etrangère, Paris, 1980.

En nuestros países monogámicos, casarse significa perder la mitad de los derechos propios y doblar los propios deberes.
Arthur Schopenhauer; Aphorismen zur Lebensweisheit, XXVII, 370, en Cesáreo Goicochea Romano, Diccionario de Citas.

Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días.
Honoré de Balzac.

La mujer completa ama a sus hijos a través de su marido.
María Guadalupe Buttera, Roberto Federico Ré; Madurando nuestros apegos, San Pablo, Buenos Aires, 2009, p.80.

El matrimonio es irremediablemente cosa de dos: mientras uno canta el otro aplaude.
Anónimo

domingo, 25 de julio de 2010

Concretar propósitos sinceros de más generosidad

Concretar propósitos sinceros de más generosidad.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 110.

Acordaos de que hay un sumando —Dios— del que nadie puede prescindir. San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 113.

Convenceos de que si de veras deseamos seguir de cerca al Señor y prestar un servicio auténtico a Dios y a la humanidad entera, hemos de estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 114.

Corazones generosos, con desprendimiento verdadero, pide el Señor. Lo conseguiremos, si soltamos con entereza las amarras o los hilos sutiles que nos atan a nuestro yo. No os oculto que esta determinación exige una lucha constante, un saltar por encima del propio entendimiento y de la propia voluntad, una renuncia —en pocas palabras— más ardua que el abandono de los bienes materiales más codiciados.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 115.

Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros —¡con fe recia!— de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos. San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 116.

Acostúmbrate, ya desde ahora, a afrontar con alegría las pequeñas limitaciones, las incomodidades, el frío, el calor, la privación de algo que consideras imprescindible, el no poder descansar como y cuando quisieras, el hambre, la soledad, la ingratitud, la incomprensión, la deshonra...
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 119.

Si tú deseas alcanzar ese espíritu, te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad...; no te crees necesidades.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimeinto, 123.

Mientras estamos enfermos, podemos ser cargantes: no me atienden bien, nadie se preocupa de mí, no me cuidan como merezco, ninguno me comprende... El diablo, que anda siempre al acecho, ataca por cualquier flanco; y en la enfermedad, su táctica consiste en fomentar una especie de psicosis, que aparte de Dios, que amargue el ambiente, o que destruya ese tesoro de méritos que, para bien de todas las almas, se alcanza cuando se lleva con optimismo sobrenatural —¡cuando se ama!— el dolor. Por lo tanto, si es voluntad de Dios que nos alcance el zarpazo de la aflicción, tomadlo como señal de que nos considera maduros para asociarnos más estrechamente a su Cruz redentora.
San Josemaría Escrivá de Balaguer; Amigos de Dios, Desprendimiento, 123.