lunes, 13 de junio de 2011

Se requiere más coraje que inteligencia para aprender a conocer a Dios

El Ego es lo que creemos ser; el yo es lo que en realidad somos.

El yo no se revela hasta que no se aparta del ego. Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p.12.

El ego de los mentirosos está siempre ferozmente valorizado.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 17.

Todos los egocéntricos son, en sus corazones, gente asustada.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 35.

Dios nos ama demasiado como para permitir que nos hallemos cómodos en nuestros pecados. Porque el violinista desea obtener lo mejor de su violín, tensa las cuerdas con disciplina penitencial, hasta que puedan emitir la nota perfecta. Si el violín estuviera dotado de conciencia, probablemente protestaría por el sacrificio que tuvo que hacer al prepararse para la perfección a la que estaba destinado.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 36.

El miedo surge porque sospechamos que el bien de Dios, más grande que el nuestro, nos robará los bienes menores que odiamos.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 37.

Se requiere más coraje que inteligencia para aprender a conocer a Dios.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p.148.

Una niñita rezó una vez en navidad para tener mil muñecas. Su padre no creyente le dijo el día de navidad: “Bueno, Dios no contestó a tu pedido ¿no es cierto?” Y ella contestó: “Si, lo hizo. Dios dijo que no.
Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p.203.

La mayoría de las personas comete el mismo error con Dios que con sus amigos: hablan sólo ellas. Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 205.

10.La razón es la perfección de los sentidos, la fe es la perfección de la razón. Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 232.

11. El alma infiel, cuando se aparta de Dios, está bajo tortura; como una vez amó lo mejor, nada menos puede satisfacerla. Fulton J. Sheen; Eleva tu corazón, Lumen, Buenos Aires, 2003, p. 241.


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