martes, 22 de diciembre de 2015

La agonía del eros

El narcisismo y exhibicionismo exacerbados por la «sociedad virtual» del siglo XXI amenazan con la desaparición del Eros.

El neoliberalismo, con sus desinhibidos impulsos narcisistas del yo y del rendimiento, es el infierno de lo igual, una sociedad de la depresión y el cansancio compuesta por sujetos aislados.

Dado que el Eros se dirige a ese otro, el capitalismo elimina la alteridad para someterlo todo al consumo, a la exposición como mercancía, por lo que intensifica lo pornográfico, pues no conoce ningún otro uso de la sexualidad. Desaparece así la experiencia erótica. La crisis actual del arte, y también de la literatura, puede atribuirse a esta desaparición del otro, a la agonía del Eros.

Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad. El narcisismo no es ningún amor propio. El sujeto del amor propio emprende una delimitación negativa frente al otro, a favor de sí mismo. En cambio, el sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. De esta forma, se diluye el límite entre él y el otro. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad. Solo hay significaciones allí donde él se reconoce a sí mismo de algún modo. Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo.
La depresión es una enfermedad narcisista. Conduce a ella una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada. El sujeto narcisista-depresivo está agotado y fatigado de sí mismo. Carece de mundo y está abandonado por el otro. Eros y depresión son opuestos entre sí. El Eros arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, hacia el otro. En cambio, la depresión hace que se derrumbe en sí mismo.

El Eros vence la depresión.

El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se puede consumir. En ese sentido, el otro ya no es una persona, pues ha sido fragmentado en objetos sexuales parciales. No hay ninguna personalidad sexual.

El esclavo moderno la prefiere a la soberanía y la libertad. Se parece al «último hombre» de Nietzsche, para el que la salud como tal constituye un valor absoluto. La salud es elevada a la condición de «gran diosa»: «Se venera la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad” —dicen los últimos hombres y parpadean».[26] Donde se sacraliza la mera vida, la teología da paso a la terapia; o bien la terapia se hace teológica. La muerte ya no tiene ningún puesto en el catálogo de rendimiento de la mera vida. Ahora bien, mientras alguien permanece esclavo y se aferra a la mera vida está sometido al amo. «Pero el combatiente y el victorioso odian por igual vuestra aspaventosa muerte que se acerca furtiva como un ladrón —y que, sin embargo, viene como señor».[27]


lunes, 21 de diciembre de 2015

La sociedad del cansancio

Así como la sociedad disciplinaria foucaultiana producía criminales y locos, la sociedad que ha acuñado el eslogan Yes We Can produce individuos agotados, fracasados y depresivos.

Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona.

Todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces produciríamos más».

Las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome” de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo.

La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento.

La positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber. De este modo, el inconsciente social pasa del deber al poder

Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna.

El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima.

Al principio, la depresión consiste en un «cansancio del crear y del poder hacer». El lamento del individuo depresivo, «Nada es posible», solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que «Nada es imposible». No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión.

El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación.

Walter Benjamin llama al aburrimiento profundo «el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia».Según él, si el sueño constituye el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento profundo corresponde al punto álgido de la relajación espiritual.

El don de la escucha» se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual al ego hiperactivo ya no tiene acceso.

La desnarrativización general del mundo refuerza la sensación de fugacidad: hace la vida desnuda. El trabajo es en sí mismo una actividad desnuda. El trabajo desnudo es precisamente la actividad que corresponde a la vida desnuda. El mero trabajo y la nuda vida se condicionan de manera mutua.

La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones. La dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a aquella sociedad en la que todo aquel que sea apto para el ocio es un ser libre, sino más bien a una sociedad de trabajo, en la que el amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados.

La vita contemplativa presupone una particular pedagogía del mirar.

la vida contemplativa es más activa que cualquier hiperactividad, pues esta última representa precisamente un síntoma del agotamiento espiritual.

Hoy en día vivimos en un mundo muy pobre en interrupciones, en entres y entre-tiempos. La aceleración suprime cualquier entre-tiempo. En el aforismo «El principal defecto de los hombres activos» escribe Nietzsche:
A los activos les falta habitualmente una actividad superior […] en este respecto son holgazanes. […] Los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica.

Hay diferentes tipos de actividad. La actividad que sigue la estupidez de la mecánica es pobre en
interrupciones. La máquina no es capaz de detenerse. A pesar de su enorme capacidad de cálculo, el ordenador es estúpido en cuanto le falta la capacidad de vacilación.

El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo otro. La rabia, en cambio, cuestiona el presente en cuanto tal. Requiere un detenerse en el presente que implica una interrupción. Por esa condición se diferencia del enfado. La dispersión general que caracteriza la sociedad actual no permite que se desplieguen el énfasis y tampoco la energía de la rabia. La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo. Actualmente, cada vez más deja paso al enfado y al estado enervado, que no abren la posibilidad a ningún tipo de cambio decisivo. Así, uno se enfada incluso de cara a lo inevitable. El enfado es para la rabia lo que el temor para el miedo. A diferencia del temor, dirigido a un determinado objeto, el miedo se refiere al Ser como tal. Comprende y quebranta toda la existencia (Dasein).

Tanto el ser humano como la sociedad se transforman en una máquina de rendimiento autista.

La sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje.

El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma......El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas (Alleinmüdigkeit), que aísla y divide. Corresponde al cansancio que Handke, en el Ensayo sobre el cansancio, denomina el «cansancio que separa»

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El poder de los introvertidos

Quizás haya sentido cierta punzada de culpa al declinar una invitación para cenar en favor de un buen libro

Si queremos liberar nuestro poder debemos desatar nuestra energía

Es posible sacudir el mundo con un gesto apacible.
MAHATMA GANDHI

El amor es esencial, y el ser sociable, opcional.

El secreto de la vida consiste en colocarse bajo la iluminación correcta, sea esta, como es para algunos, un foco de Broadway, sea, en el caso de otros, un flexo de escritorio.

Aproveche al máximo las capacidades de los introvertidos, pues pueden ayudarlo a pensar en serio, idear estrategias, resolver problemas complejos y detectar señales de peligro.


martes, 8 de diciembre de 2015

En lo pequeño descansa lo grande

Javier Vidal-Quadras; A las alfombras felices no les gusta volar, Desclée de Brouwer, 2014.

La gente feliz no suele ser noticia. p.17.

La felicidad no está en el éxito, sino más bien al revés, el éxito en la felicidad. p.17-18.

No se puede ser feliz sin una mirada alegre, optimista y esperanzada de nuestra realidad personal y familiar. p.52.

Lo bello no se improvisa. p.56.

La forma es la amabilidad del fondo. La estética es el envoltorio humano de la ética. Nuestra condición espiritual tiende tiende a la belleza. Al ser humano no le basta con satisfacer sus necesidades biológicas, sino que tiene una necesidad estética, y el gusto se educa. No abandonarse y exigirse, también en las formas, por razón de los demás, nos ayuda a conservar nuestra altura ontológica. p.58.

En lo pequeño descansa lo grande. p.60.

La vida de una alfombra feliz se hace cada día. p.60.

Las virtudes no son versos sueltos. Forman un sistema que se mantiene en pie por la energía compartida de todas ellas. La debilidad de una sola puede hacer quebrar toda la estructura personal. p.63.

Una mirada rollo hace que todo sea rollo. p.67.

En la vida hay que aprender una y otra vez. Cada día es una hoja de papel en blanco que hay que escribir con la mejor caligrafía. No importa equivocarse, pero hay que hacer las cosas bien. p.69.

No es bueno quien nace, sino quién se hace. Cada acto nos va configurando como personas. Cuantos más actos buenos realicemos, mejores personas seremos. p.69.

Los pequeños detalles son los que hacen la vida amable, pero sin entrenamiento y perseverancia, esos detalles hacia los demás no saldrán naturalmente. Hay que llevar a casa las cortesías que solemos utilizar fuera de casa. p. 69.

En el continuo de nuestra vida de trabajo y relación con los demás hay que encontrar ratos para recargar la energía personal y orientar el sentido de nuestra trayectoria vital. p.75.

viernes, 4 de diciembre de 2015

La fuerza de las frases sencillas

¡Con qué delicadeza apartaban de su camino lo que les desagradaba!

Esos primeros días la gente no pensaba sólo en sí misma; el prójimo también contaba, y eso ayudaba a vivir.

Qué poco se requiere para desviar la vida en determinada dirección.

Los acontecimientos futuros nacían en la sombra.

Las cosas se arreglarán, porque en la vida siempre acaba estableciéndose una especie de modus vivendi, un acomodo de la desgracia, que es lo único a lo que racionalmente puede aspirarse.

Una unión en la que el corazón no tiene la última palabra es una caricatura del amor conyugal.

Cuando el peligro (arrostrado por otros) no mata de angustia a un viejo, lo rejuvenece, le da fuerzas. Seguramente, porque siente que ya no es el único amenazado por la muerte: entre él y el resto del mundo se ha restaurado la igualdad.

La fuerza de las frases sencillas y, sobre todo, de una voz serena.

jueves, 2 de julio de 2015

Ninguna carga es mía si no me la echo a los hombros.

Por eso creo que para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse. La clave de casi todo está en la magnanimidad del desprendimiento. El amor, el arte y la meditación, al menos esas tres cosas, funcionan así.


Cuando digo que conviene estar sueltos o desprendidos me refiero a la importancia de confiar. Cuanta más confianza tenga un ser humano en otro, mejor podrá amarle.

No podemos rastrear la felicidad pasada.

Es absurdo condenar la ignorancia pasada desde la sabiduría presente.

Lo que realmente mata al hombre es la rutina; lo que le salva es la creatividad, es decir, la capacidad para vislumbrar y rescatar la novedad.

Tanto el arte como la meditación nacen siempre de la entrega; nunca del esfuerzo.

El respeto es para mí el primer signo del amor.

Cuanto menos somos, más queremos tener.

Podemos tomar lo que la vida nos ofrece como obstáculos, pero es más razonable, más saludable, tomarlo como oportunidades para avanzar. En cuanto damos la bienvenida al sufrimiento, este se desvanece, pierde su veneno y se convierte en algo mucho más puro, más inocuo y, al tiempo, más intenso

Es maravilloso constatar cómo conseguimos grandes cambios en la quietud más absoluta. Porque no es solo que el silencio sea curativo, también lo es la quietud. Ante todo hay que decir que el silencio en quietud es muy diferente al silencio en movimiento.

Ninguna carga es mía si no me la echo a los hombros.

Podemos no secundar una emoción; podemos hacer frente a un estado de ánimo. Podemos crear el estado de ánimo que deseemos. Podemos escoger qué papel representar en la función o, incluso, no representar ninguno y asistir a ella cual espectadores. La función puede continuar y nosotros marcharnos, o terminar y nosotros quedarnos. El potencial de nuestra soberanía es sobrecogedor.

Al fin y al cabo por eso vamos al cine o leemos novelas: para que nos cuenten cómo somos, para identificarnos con el protagonista.

El simple hecho de colocarse ante una persona auténtica rejuvenece.

Casi todos los frutos de la meditación se perciben fuera de la meditación. Algunos de estos frutos son, por ejemplo, una mayor aceptación de la vida tal cual es, una asunción más cabal de los propios límites y de los achaques o dolores que se arrastren, una mayor benevolencia hacia los semejantes, una más cuidada atención a las necesidades ajenas, un superior aprecio a los animales y a la naturaleza, una visión del mundo más global y menos analítica, una creciente apertura a lo diverso, humildad, confianza en uno mismo, serenidad… La lista podría alargarse.

En el zen se enseña a dejar a los demás en paz, porque poco de lo que les sucede es realmente asunto tuyo. Casi todos nuestros problemas comienzan por meternos donde no nos llaman.

En el zen no se intenta nada: se hace o no se hace, pero no se intenta. Y hay en el zen —como en El taoísmo en general— una singular preferencia por el no-hacer, convencido como está de que buena parte de las cosas en este mundo funcionaría mejor sin la intervención humana, que tiende a violentar su ritmo natural o a crear efectos secundarios de incalculables proporciones.

Siempre que sufrimos algún embate serio en la vida, estamos llamados a renacer de nuestras cenizas, a reinventarnos.”

Solo sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera. En cuanto abandonamos esta pretensión, dejamos de sufrir

La vida como culto, cultura y cultivo.

viernes, 19 de junio de 2015

Si yo crezco, puedo dar más de mí.

La persona que ama se desprende de los rótulos para siempre.

Rosten afirma: «Los crueles son solamente los débiles. La bondad sólo puede esperarse de los fuertes.

Silberman afirma: «Lo que necesitamos es afecto. Los colegios son sitios tristes que asfixian a los niños, destruyendo su alegría y creatividad». Deberían ser los lugares más felices del mundo porque, como ustedes saben, el mayor placer es aprender. Es algo fantástico porque cada vez que se aprende algo nos convertimos en una persona nueva.

Él no lamentaba morir puesto que había vivido

Lean el trabajo Pigmalión en el aula, otro libro muy interesante. Todos los educadores deberían conocerlo.

Cada libro nos conduce a nuevos libros.

Lo más importante del mundo es convertirse uno en el ser más maravilloso, más grandioso y lleno de amor porque eso será lo que entregaremos a nuestros hijos… y a todas las personas que conozcamos.

Invertir en la vida es invertir en el cambio ¡Y a mí no me preocupa la muerte porque estoy demasiado ocupado viviendo! Que la muerte se ocupe de sí misma.

A mí me gusta que me llamen educador. Detesto que me digan profesor. Un profesor profesa, y hoy en día se profesa demasiado.

Las cosas más bellas podrían ocurrir si nos quedáramos callados. Si alguna vez quieren que la gente hable, no abran la boca. Al cabo de un minuto ellos habrán dicho algo.

Encontraremos un modo fácil de vivir. Lo más fácil del mundo es ser uno mismo. Lo más complicado, ser lo que los demás pretenden que uno sea. No permitamos que nos pongan en esa situación. Entonces viviremos con sencillez.

Para mí, la vida es el regalo que Dios nos hace. El modo en que la vivimos es nuestro regalo a Dios. Haga con ella un fantástico regalo para Él.

Si uno deja de esperar lo tendrá todo. Hay que aceptar lo que la gente da, valorado, abrazar, besar tomarlo con alegría, pero no esperarlo. Si queremos sufrir sigamos con nuestras expectativas. La gente no está en este mundo para cumplir con nuestras expectativas.

Si yo crezco, puedo dar más de mí.

El noventa por ciento de las cosas que nos preocupan jamás suceden, y sin embargo seguimos afligiéndonos por todo. Por eso las compañías de seguro son las empresas más rentables de los Estados Unidos. Nos aseguran contra todo. «Yo fui una de esas personas que vivió sensata

Cometamos alguna locura de tanto en tanto, al menos una vez. Y veamos qué pasa. Iluminará nuestro día.

Son los rasgos comunes lo que nos acerca, pero es la novedad lo que nos mantiene juntos. Debemos ser estimulantes, emocionantes, intercambiar nuevas ideas, crecer, desarrollamos. ¡Nunca volvernos predecibles!”

Es preciso ser espontáneo en el modo de encarar las relaciones. Ver qué ocurre. Reírse alegremente ante aquello que nos fastidiaría. Si queremos ser fascinantes y no aburridos seamos imprevisibles. En lo que a mí respecta, mis amigos sólo pueden contar con mi modalidad impredecible. Nunca sabrán lo que estoy por hacer o decir puesto que cambio constantemente, y eso me gusta.

Al llegar a casa encontré un enorme ramo de flores y una gigantesca torta de chocolate con una notita de un amigo que decía: «Leo, te mando esto para recordarte que aún existen cosas bellas y sabrosas para comer».

Los únicos que se hacen ricos preocupándose por el futuro son los de las compañías de seguros. Pero si hay alguien que no nos asegura de nada, son las compañías de seguros. Nos meten todo tipo de ideas extrañas en la cabeza respecto de la necesidad de protegemos, que terminamos preocupándonos por la preocupación.

Van Gogh declaraba: «El mejor modo de amar la vida es amar muchas cosas». Si quieren saber qué clase de personas amantes son, presten atención a los comentarios que hacen durante el día, Podrán declararse personas que aman, cuando sepan cuántas veces por día dicen «me encantan las flores o amo a los niños».

Las lágrimas aclaran la mirada.