lunes, 4 de julio de 2016

El amor se alimenta de ahoras.

Construir el amor
José Pedro Manglano

No hay crisis sin vida, por lo que la crisis es síntoma de que hay vida, de que hay amor. Pero es precisamente la vitalidad de ese amor la que exige, en un momento determinado, que se la depure de adherencias mortecinas, de esquemas pequeños, egoístas o desgastados.

Toda crisis, sea la que sea, es una posibilidad de ascender en la calidad del amor. Las crisis son fuente de vida.Y, a veces, necesariamente fuentes de vida. Como solemos decir de tantas cosas en la vida: crecer o morir.

El amor de la pareja no puede subsistir sin superarse, sin elevarse, sin volver a encontrarse en un plano más elevado.

El salto de un nivel del amor al siguiente es delicado y doloroso, es crítico. Y muchas veces identificamos la crisis con una especie de sentencia que viene a decir algo así como "la muerte de mi relacion de amor ha empezado".

Con la paciencia alcanzamos la madurez.

El amor necesita nuevas entregas, nuevos lazos.

Crecer en amor duele.

Muchas crisis - matrimoniales y del amor - se dan por tensión laboral, por no tratarse, por no mirarse, por no perder el tiempo sosegadamente con quien se ama.

El agotado sólo exige que se le contemple y es incapaz de contemplar.

Cuentan que en cierta ocasión le dijo Dios a Santo Tomás: 
-Has escrito bien sobre mí, Tomás. ¿Qué quieres de premio?
- Nada distinto de ti - le contestó.

Los grandes amores se levantan con mil detalles inapreciables, y se desploman despreciando esos mismos mil detalles.

Los celos son una fábrica de resentimientos y de desconfianzas que destruyen a la persona y, por supuesto, al amor.

Vivir la disciplina de la alegria es obligarse a mirar la luz, aunque haya mucha oscuridad. Elegir fijarse en la verdad, aunque haya mucha mentira. Elegir centrar la atención en lo positivo, aunque haya mucha negatividad. Elegir lo que es vida, aunque se nos muestren abundantes realidades de muerte, infidelidades, traición y egoísmo.

El amor se alimenta de ahoras.

Desamar el presente e idealizar el futuro son dos tentaciones. y la tercera tentación es instalarse en el pasado.

Ejercitarse en la disciplina de la amabilidad supone un conyinuo esfuerzo por tocar la música para el otro, de buscar el mundo de sus intereses, de adaptarse a la necesidad o preferencia del otro.

Ser amable: esa es la permanente juventud en el amor.

No hay que discutir sobre celos.

Es posible mejorar la relacion con tu pareja
Marta López-Jurado

La buena pareja no es la que menos problemas tiene, sino la que sabe solucionarlos. Un problema se soluciona cuando ambos quedan satisfechos.

Los seres humanos aprendemos a amar cuando nos movemos en el paradigma "gano yo en la medida en que ganas tu".

El amor entre un hombre y una mujer prospera si la pareja está bien equilibrada, como los platillos de una balanza llenos de diferentes cosas del mismo peso.

No hay que discutir sobre celos. Cuanto más se hable de una obsesión más se fija, más se consolida.

Hay dos actitudes ante un atasco: detenernos, indignarnos e insistir en que nos quiten el obstáculo, o bien, dar un rodeo. La primera nos llevará hacia el infarto y el mal carácter. La segunda - ceder para vencer - nos llevará hasta nuestro destino.

Para hacer las paces no hay nada mejor que ofrecerle al otro el regalo de un reconocimiento de los propios errores.

Los afectos hablan no con sonidos, sino con gestos. Se captan a través de los mensajes no verbales. Para relacionarnos efectivamente con el otro, debemos aprender a escuchar, a mirar, a captar esos mensajes, a estar receptivos... Y eso requiere fuerza emocional, paciencia, estar abiertos y desear compender.

Perdonar es pasar página, no tener siempre presente la lista de agravios, ofrecer generosamente una nueva oportunidad, sin cortapisas ni condiciones de imposible cumplimiento- Re-comenzar es poner un nuevo comienzo.

No hay inversion más rentable en la relacion de pareja que pedir perdón.

Las críticas no mejoran el matrimonio, sino que inevitablemente lo empeoran.

El perdon comienza cuando una persona rechaza todo tipo de venganza.

Si no perdono al otro, de alguna manera le quito el espacio para vivir y desarrollarse sanamente. Se puede matar en sentido espiritual, a una persona con palabras injustas y duras, con pensamientos malos o, sencillamente, negando el perdón.

El acto de perdonar nos libera a nosotros mismos, ya que los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y desvastador, creando una especie de malestar e insatisfacción generales.. En consecuencia, uno no se siente bien en su propia piel.. Y si uno no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar.

En lugar de ser crítico con lo que tu pareja ha hecho en el pasado, concéntrate en lo que quieres que suceda ahora.