viernes, 2 de junio de 2017

Su mano se cerró sobre la perla y robó su luz a todas las miradas.

Hablan de Kino, el pescador, y de su esposa, Juana, y del bebé, Coyotito.

Si esta historia es una parábola, tal vez todo el mundo tome su propio significado de ella y lea su propia vida en esta.

Aquella era una mañana como otras y sin embargo perfecta entre todas.
Capítulo I

No es bueno desear algo con excesivo fervor. Hay que ansiarlo, pero teniendo gran tacto en no irritar a la divinidad.
Capítulo II

Su mano se cerró sobre la perla y robó su luz a todas las miradas.
Capítulo III

Kino había encontrado la Perla del Mundo. La esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y de la reacción precipitó un curioso residuo oscuro. Todo el mundo se sintió íntimamente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino, con lo cual convirtióse en el enemigo común.
Capítulo III

la enfermedad es, después del hambre, el peor enemigo de los pobres.
Capítulo III

La noticia despertó algo infinitamente negro y malvado en la ciudad; el negro destilado era como el escorpión, como el hambre al olor de la comida, o como la soledad cuando el amor se le niega. Las glándulas venenosas de la ciudad empezaron a segregar su líquido mortífero y toda la población se inflamó, infectada.
Capítulo III

Todo estaba en la perla, que brillaba incesante con ricas imágenes de ensueño.
Capítulo III

En adelante el tiempo se contaría a partir de la perla y su hallazgo, y que este momento sería discutido durante largos años.
Capítulo III

Pero ahora, al anunciar cómo sería su futuro, lo había creado. Un proyecto es algo real, y las cosas proyectadas son como experimentadas ya. Un proyecto, una vez ideado y trazado se hace realidad, indestructible pero propicia a ser atacada.
Capítulo III

Había perdido un mundo para no ganar ninguno, y tenía miedo.

Capítulo IV
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