lunes, 11 de septiembre de 2017

La Rueda de la Vida

-         Dado que no servía de nada negar la pérdida, la acepté. ¿Qué otra cosa podía hacer?

-         Elegir sanar y continuar amando. Puesto que creo que la única finalidad de la existencia es madurar.

-         Me dije: «Si eres capaz de aguantar esto, puedes aguantar cualquier cosa en la vida.»

-         La única manera como podemos encontrar la paz es dejar que el pasado sea el pasado.

-         Si ése era el precio que tenía que pagar por hacer lo que me parecía correcto y no lo que se esperaba de mí, entonces no tenía otra opción que ser tan dura o más que mi padre.

-         Comprendí que no se puede contar con el futuro. La vida está en el presente.

-         un corazón compasivo puede sanar casi todo.

-         El mejor servicio que un médico puede prestar a un enfermo es ser una persona amable, atenta, cariñosa y sensible.

-         ¿Cómo saben estos gansos cuándo es el momento de volar hacia el sol? ¿Quién les anuncia las estaciones? ¿Cómo sabemos los seres humanos cuándo es el momento de hacer otra cosa? ¿Cómo sabemos cuándo ponernos en marcha? Seguro que a nosotros nos ocurre igual que a las aves migratorias; hay una voz interior, si estamos dispuestos a escucharla, que nos dice con toda certeza cuándo adentrarnos en lo desconocido.

-         Es posible que no obtengamos lo que deseamos, pero Dios siempre nos da lo que necesitamos.

-         Escuchando, llegué a saber que todos los moribundos saben que se están muriendo. No es cuestión de preguntarse «¿se lo decimos?» ni «¿lo sabe?». La única pregunta es: «¿Soy capaz de oírlo?»

-         Aprendí que no existe ni un solo moribundo que no anhele cariño, contacto o comunicación.

-         «Cuénteme lo que está sufriendo —les decía—. Eso me servirá para ayudar a otras personas.»

-         Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera. Vive con sinceridad y plenamente. Vive.

-         Ese anciano había muerto sin poder decirle a otro ser humano lo que tanto había deseado decir.

-         Tal vez el principal obstáculo que nos impide comprender la muerte es que nuestro inconsciente es incapaz de aceptar que nuestra existencia deba terminar. Sólo ve la interrupción de la vida bajo el aspecto de un final trágico, un asesinato, un accidente mortal o una enfermedad repentina e incurable. Es decir, un dolor terrible. Para la mente del médico la muerte significaba otra cosa: un fracaso. Yo no podía dejar de observar que todo el mundo en el hospital evitaba el tema de la muerte.

-         Si no se tiene una buena vida, incluso en los momentos finales, entonces no se puede tener una buena muerte.

-         No es necesario tener un gurú ni un consejero para crecer. Los maestros se presentan en todas las formas y con toda clase de disfraces. Los niños, los enfermos terminales, una mujer de la limpieza. Todas las teorías y toda la ciencia del mundo no pueden ayudar a nadie tanto como un ser humano que no teme abrir su corazón a otro.

-         Siempre he dicho que los moribundos han sido mis mejores maestros, pero hacía falta tener valor para escucharlos. Expresaban sin temor su insatisfacción respecto a la atención médica, y no se referían a la falta de cuidados materiales sino a la falta de compasión, simpatía y comprensión.

-         Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia.

-         Esa noche el reverendo Gaines y yo estábamos en la misma onda. Acordamos que hablar de la muerte y la forma de morir nos enseñaba que los verdaderos interrogantes que se planteaban la mayoría de los moribundos tenían más que ver con la vida que con la muerte. Deseaban sinceridad, cercanía y paz.

-         Haré por ti lo mismo que hago por todos mis pacientes, te ayudaré a vivir hasta que mueras.

-         Eso recalcaba que la forma de morir de una persona dependía de cómo vivía. Abarcaba los dominios prácticos y filosóficos, psíquicos y espirituales, es decir, los dos mundos que ambos ocupábamos.

-         La vida acaba cuando hemos aprendido todo lo que tenemos que aprender.

-         La vida es un reto, no una tragedia.

-         Ningún niño nace tan defectuoso que Dios no lo dote con algún don especial.

-         La necesidad de dormir mucho, lo que en Sobre la muerte y los moribundos yo llamo «el último descanso antes del largo viaje».

-         El verdadero amor incondicional. Éste se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda. No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón; es la fibra común de la vida, la llama que nos calienta el alma, que da energía a nuestro espíritu y da pasión a nuestra vida. Es nuestra conexión con Dios y con los demás.

-         Toda persona pasa por dificultades en su vida. Algunas son grandes y otras no parecen tan importantes. Pero son las lecciones que hemos de aprender. Eso lo hacemos eligiendo. Yo digo que para llevar una buena vida y así tener una buena muerte, hemos de tomar nuestras decisiones teniendo por objetivo el amor incondicional y preguntándonos: «¿Qué servicio voy a prestar con esto?»

-         Cada persona elige si sale de la dificultad aplastada o perfeccionada.

-         Aunque el desenvolvimiento de la vida es cronológico, las lecciones nos llegan cuando las necesitamos.

-         Es imposible vivir plenamente la vida si no nos hemos liberado de la negatividad, si no hemos concluido los asuntos pendientes

-         Algunas flores sólo viven unos cuantos días; todo el mundo las admira y las quiere, como a señales de primavera y esperanza. Después mueren, pero ya han hecho lo que necesitaban hacer.

-         Esto es lo que deberían hacer las familias —comenté—. Celebrar mientras todos están vivos.

-         Sabía que su vida acabó cuando tuvo que acabar, que había aprendido todo lo que vino a aprender, y que había enseñado todo lo que vino a enseñar. Ahora paso la mayor parte del tiempo tratando de comprender todo cuanto me enseñó durante su vida y con su muerte.

-         Hemos de compartir con los demás la esencia de lo que es más valioso. Amar, compartir, hablar, enriquecer la vida de otras personas, acariciar y recibir caricias, ¿hay otra cosa que esté a la altura de estos momentos?»

-         La pérdida de posesiones era otra historia, eran cosas de mi vida, pero no mi vida

-         Ésta es una oportunidad para crecer espiritualmente —pensé—. Uno no crece si todo es perfecto. Pero el sufrimiento es un regalo que tiene una finalidad.»

-         En la vida después de la muerte, todos escuchan la misma pregunta: «¿Cuánto servicio has prestado? ¿Has hecho algo para ayudar?»

-         Morir no es algo que haya que temer; puede ser la experiencia más maravillosa de la vida. Todo depende de cómo hemos vivido. La muerte es sólo una transición de esta vida a otra existencia en la cual ya no hay dolor ni angustias. Todo es soportable cuando hay amor. Mi deseo es que usted trate de dar más amor a más personas. Lo único que vive eternamente es el amor.

-         A mis setenta y un años puedo decir que he vivido de verdad. Después de comenzar como una «pizca de 900 gramos» que nadie esperaba que sobreviviera, me pasé la mayor parte de mi vida luchando contra las fuerzas, tamaño Goliat, de la ignorancia y el miedo.

-         Consideremos la vida un desafío en el cual las decisiones más difíciles son las que más nos exigen, las que nos harán actuar con rectitud y nos aportarán las fuerzas y el conocimiento de El,


-         Le aseguro que las mayores satisfacciones en la vida provienen de abrir el corazón a las personas necesitadas. La mayor felicidad consiste en ayudar a los demás.

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