viernes, 29 de septiembre de 2017

Momo

En la noche brilla tu luz. De dónde, no lo sé. Tan cerca parece y tan lejos. Cómo te llamas, no lo sé. Lo que quiera que seas: ¡luce, pequeña estrella! (Según una vieja canción infantil de Irlanda.)

Y cuando escuchaban los acontecimientos conmovedores o cómicos que se representaban en la escena, les parecía que la vida representada era, de modo misterioso, más real que su vida cotidiana. Y les gustaba contemplar esa otra realidad. Una ciudad grande y una niña pequeña.

Ellos también eran pobres y conocían la vida. Una ciudad grande y una niña pequeña.

Fue una fiesta muy divertida, como sólo saben celebrarlas la gente modesta. Una ciudad grande y una niña pequeña.

Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar.
Todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión. Un viejo callado y un joven parlanchín.

Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente. Un viejo callado y un joven parlanchín.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón. La cuenta está equivocada, pero cuadra.

Para vivir de verdad hay que tener tiempo. Hay que ser libre. La cuenta está equivocada, pero cuadra.

Un año tiene, como sabe todo el mundo, trescientos sesenta y cinco días. Lo que nos da treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos por año. O trescientos quince millones trescientos sesenta mil segundos en diez años. La cuenta está equivocada, pero cuadra.

Puedo darle, pues, la bienvenida a la gran comunidad de los ahorradores de tiempo. Ahora también usted, señor Fusi, es un hombre realmente moderno y progresista. ¡Le felicito! La cuenta está equivocada, pero cuadra.

El propósito de ahorrar tiempo para poder empezar otra clase de vida en algún momento del futuro se había clavado en su alma como un anzuelo. La cuenta está equivocada, pero cuadra.

Los niños —explicó el juez— son nuestros enemigos naturales. Si no existieran, hace tiempo que la Humanidad estaría en nuestras manos. Los niños son mucho más difíciles de empujar al ahorro de tiempo que todos los demás hombres.

Momo comenzó a sorprenderse que se pudiera andar tan lentamente y avanzar tan deprisa. Una persecución alocada y una huida tranquila.

Quien posee el tiempo de los hombres tiene un poder ilimitado. Para eso podría ayudarnos la niña Momo, a quien todos ustedes quieren eliminar. Cuando los malos tratan de hacer de lo malo lo mejor.

Al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tenéis un corazón para percibir, con él, el tiempo. Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo.

Por desgracia, hay corazones ciegos y sordos que no perciben nada, a pesar de latir. Momo llega al lugar de donde viene el tiempo.

Si los hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida. Momo llega al lugar de donde viene el tiempo.

Hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas. Miseria en la abundancia.


El verdadero tiempo no se puede medir por el reloj o el calendario. Miseria en la abundancia.

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