viernes, 10 de noviembre de 2017

La amistad de Cristo

La amistad de Cristo
Robert Hugh Benson

La clave de una perfecta amistad consiste en que los amigos se den a conocer mutuamente, dejando a un lado las reservas y mostrándose tal y como cada uno es. PRÓLOGO

Ningún hombre es realmente mi amigo, dice Maeterlinck, hasta que no hemos aprendido a guardar silencio en nuestra mutua compañía. LA AMISTAD DE CRISTO

Si algo hay patente en los evangelios es esto: Jesús desea en primer lugar y sobre todo, nuestra amistad. LA AMISTAD DE CRISTO

La vivencia de la amistad de Jesús es el auténtico secreto de los santos. LA AMISTAD DE CRISTO

Se nos acerca por incontables caminos; advertimos su presencia en situaciones muy diversas, pero no podemos descubrirle sólo en algunas de estas ocasiones ignorándole en otras. LA AMISTAD DE CRISTO

La amistad humana se inicia generalmente por algún detalle externo. Captamos una frase, percibimos una inflexión de voz, advertimos una forma de mirar o un modo de caminar. Y estas leves impresiones nos parecen el comienzo de un mundo nuevo. Consideramos estos detalles como la señal de todo un universo que se oculta tras ellos; creemos haber descubierto al alma que coincide exactamente con la nuestra, al temperamento que, por su semejanza o por su armoniosa diferencia, es perfectamente adecuado para ser el compañero del nuestro. LA INTIMIDAD CON CRISTO

Proceso de la amistad: nos damos a conocer y conocemos al otro; encontramos, paso a paso, lo que habíamos esperado, y comprobamos lo que imaginábamos. Y el amigo, por su parte, sigue el mismo itinerario, hasta que llega el momento en que, por una crisis o tras un período de prueba, podemos descubrir que nos hemos equivocado, que hemos defraudado al otro o que el proceso ha seguido un curso diferente. LA INTIMIDAD CON CRISTO

Y como ocurre con el paso de las estaciones, ya no hay más frutos que esperar por ninguna de las dos partes. LA INTIMIDAD CON CRISTO

Jesucristo ha dado un salto de dos mil años y está a nuestro lado: se ha salido del fresco; se ha levantado del pesebre... «Mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado». LA INTIMIDAD CON CRISTO

Jesús, por su parte, nos pide lo mismo que nos ofrece. Se nos manifiesta abiertamente y exige que hagamos lo mismo.LA INTIMIDAD CON CRISTO

Podríamos decir que la diferencia entre el trato con un conocido y el que establecemos con un amigo radica en que, en el primer caso, tratamos de disimular para presentar una imagen agradable y atractiva; empleamos el lenguaje como un disfraz y la conversación como un camuflaje. En el segundo caso, dejamos a un lado los convencionalismos y las «presentaciones» e intentamos mostrarnos tal y como somos, abriéndole nuestro corazón. LA INTIMIDAD CON CRISTO

Ésta es, pues, la primera etapa de la vía purgativa; el alma siente desilusión ante las cosas humanas y considera que los cristianos deberían ser –y después de todo no son– otros Cristos. LA VÍA PURGATIVA

El primer peligro se presenta inmediatamente: no hay procedimiento de limpieza que no implique cierto poder destructor. LA VÍA PURGATIVA

Y si el alma es un poco superficial, perderá la amistad con Cristo (la que tenía) además de las atenciones y regalos con los que Él la obsequiaba y complacía. LA VÍA PURGATIVA

La divinidad no radica en las cosas materiales y que el amor de Cristo es algo mucho más profundo que los mismos regalos que Él hace a sus nuevos amigos. LA VÍA PURGATIVA

La segunda etapa de la vía purgativa podría llamarse, en cierto modo, la desilusión de las cosas divinas. El alma cree que le ha fallado el aspecto terrenal devolviéndola a la realidad; y luego empieza a pensar que también le ha fallado la vertiente divina. LA VÍA PURGATIVA

Los sacramentos resultan rutinarios y monótonos, y parecen no cumplir sus promesas. LA VÍA PURGATIVA

Las cosas que ella consideraba como ayuda pasan a ser cargas adicionales. LA VÍA PURGATIVA

En la vía purgativa aparece una tercera etapa. El alma ya ha comprendido que ni las cosas externas ni las internas son Cristo. LA VÍA PURGATIVA

En esta tercera etapa empieza, pues, a percibir su ignorancia y su pecado, y a descubrir su asombroso egocentrismo y su autocomplacencia. LA VÍA PURGATIVA

A lo largo de la vía purgativa, Jesucristo, en su deseo de unirse estrechamente al alma, va despojándola de todo lo que puede entorpecer dicha unión. Y que el alma, consciente de su propia insignificancia, termina por abandonarse del todo en Jesucristo. LA VÍA ILUMINATIVA

Cristo purifica a sus amigos de todo lo que no es Él, para que sean plenamente suyos. Y es que no hay alma capaz de comprender la fuerza ni el amor de Dios hasta que no se ha abandonado completamente en Él. LA VÍA PURGATIVA

A lo largo de su camino, el alma deberá ir enriqueciéndose con las gracias que Cristo desee concederle. Ha abandonado al «hombre viejo» y ahora tiene que revestirse del «nuevo». Los autores espirituales llaman a esta etapa vía iluminativa. Conviene estudiarla siguiendo el itinerario de la vía purgativa y apoyándose en ejemplos característicos de los efectos de la gracia. LA VÍA ILUMINATIVA

Ocasionalmente, puede rebelarse, pero rectificará con la gracia de Dios. Puede que no entienda en toda su hondura el misterio del dolor, pero responderá a esas inquietudes del único modo posible: aceptándolo y asumiéndolo. Entonces descubrirá su sentido, un sentido del que ya no podrá dudar. LA VÍA ILUMINATIVA

La segunda fase de la vía iluminativa, Dios concede al alma una luz relacionada con las cosas espirituales y sobre todo con las verdades de la fe. LA VÍA ILUMINATIVA

La tercera fase de la vía iluminativa se refiere a las relaciones de amistad entre Cristo y el alma. LA VÍA ILUMINATIVA

A cualquier alma le resulta difícil pecar gravemente mientras siente la presión de las manos de Cristo en las suyas. LA VÍA ILUMINATIVA

No hay nada tan difícil como llegar a distinguir entre las inspiraciones del Espíritu Santo y las aspiraciones o imaginaciones de uno mismo. LA VÍA ILUMINATIVA

La amistad con Cristo. Una amistad que, recordemos, no se limita únicamente a los católicos. CRISTO EN LA EUCARISTÍA

Una de las características más sobresalientes de Jesús fue la amistad que mantuvo con los pecadores, su extraordinaria comprensión y la facilidad con que aceptaba su compañía. CRISTO EN EL PECADOR

Es tan patente su amistad con los pecadores que podríamos llegar a pensar que se desinteresa de los santos: CRISTO EN EL PECADOR

Del relato del Evangelio se deduce una nueva lección: no conocemos a Cristo si no somos capaces de encontrarlo en el pecador. CRISTO EN EL PECADOR

Cuando pecamos, perdemos a Cristo, que ya no está presente en nosotros por la gracia; pero por otra, asombrosamente real y trágica, Cristo sigue amándonos. Sigue interesado en nuestra salvación. CRISTO EN EL PECADOR

El descubrimiento de Cristo en el pecador es esencial para nuestra decisión de ayudarle. CRISTO EN EL PECADOR

Quien sirve o rechaza a su prójimo, le sirve o rechaza a Él. Sin embargo, no explica el hecho de que unas acciones llevadas a cabo sin pleno conocimiento puedan ser acreedoras de premio o de castigo. CRISTO EN EL HOMBRE CORRIENTE

Descubrir a Cristo en el pecador no sólo significa un servicio a Cristo, sino también al pecador. CRISTO EN EL PECADOR

Con el fin de animar al alma en sus propósitos, Cristo la acaricia, la seduce y la hechiza, especialmente en las primeras etapas de la vida interior. CRISTO EN EL HOMBRE CORRIENTE

Me resulta facilísimo adorar a Cristo en el sagrario, pero ¿me resulta igualmente fácil servirle en mi prójimo? Porque si no es así, no estoy progresando en absoluto. CRISTO EN EL HOMBRE CORRIENTE 

A medida que me conozco mejor, compruebo que el amor propio invade el conjunto, que mi celo por la gloria de Dios es muy escaso e inmenso el celo por mi propio yo, y que mis mejores acciones están envenenadas por los peores motivos.CRISTO EN EL HOMBRE CORRIENTE

Cuando encuentres a Cristo en ti mismo, da un paso más y encuéntralo también en tu prójimo. CRISTO EN EL HOMBRE CORRIENTE

El dolor no es un desgraciado accidente en la vida, ni una muestra de despiadada indiferencia, ni el denodado esfuerzo de un Dios rudimentario por aparecer, sino una parte de la vida, tan augusta y trascendental que el mismo Creador puede someterse a ella. CRISTO EN EL QUE SUFRE

Quien acepta el sufrimiento por amor ha resuelto prácticamente –no en abstracto– el problema del dolor. CRISTO EN EL QUE SUFRE

No sentimos la urgencia de la necesidad de Dios, ignoramos la trascendencia de los asuntos que ha dejado a nuestro cargo, el tremendo valor de cada alma y de los actos, palabras y pensamientos que ayudarían a decidir su destino. Desconocemos la tensa expectación con la que el cielo. LAS SIETE PALABRAS

Jugamos como niños en un jardín, pisoteando las flores que Dios puede reemplazar, pero nunca reparar. LAS SIETE PALABRAS

Son muy pocos los que, al menos una vez en su juventud –o quizá en la edad madura–, no han advertido que Cristo pretende algo más que una obediencia formal o una adoración meramente externa. Su deseo es entablar con ellos una amistad que signifique el inicio de una conversión interior. LAS SIETE PALABRAS

El milagro que se produce siempre que un alma humillada ocupa el último puesto.LAS SIETE PALABRAS

Mientras el ego domine nuestra alma, nos veremos instintivamente inclinados al amor propio aunque esté disfrazado de amor a Dios. Ciertamente, un alma puede llegar al cielo si lo desea perseverantemente; pero es también cierto que el amor propio le impedirá alcanzar un lugar elevado y, menos aún, la posición de un amigo íntimo de Cristo en la tierra. LAS SIETE PALABRAS

Intentamos acomodar a la nuestra la voluntad divina, y alcanzar nuestra unión con Dios procurando que sea Él quien cambie y no nosotros. LAS SIETE PALABRAS

Para ir bien en el terreno espiritual debemos transformar nuestro comportamiento. LAS SIETE PALABRAS

LAS SIETE PALABRAS
Un afán que debe llevar no a la autoafirmación, sino a la negación de sí mismos.

Victoria fracasada. LAS SIETE PALABRAS

Había estado luchando por conquistar a Dios en lugar de rendirse a Él. LAS SIETE PALABRAS

El pesar, mal aceptado, es una fuerza destructora más poderosa que cualquier otro sentimiento humano. El pesar, soportado con resentimiento y amargura, aísla el alma no sólo de Dios, sino de los amigos: el solitario agoniza lentamente en su soledad. Sin embargo si la persona recibe y asume ese pesar, si hace un auténtico esfuerzo por aceptarlo, crea un lazo de unión tan fuerte con los demás que sufren, que todo el poder del infierno es incapaz de romperlo. LAS SIETE PALABRAS

La individualidad no se mantiene mas que sacrificando el individualismo. LAS SIETE PALABRAS

Si hay un momento en el que debamos volvernos hacia nuestro prójimo y calibrar nuestra caridad, será cuando estemos junto a la cruz, porque la suprema gloria de la cruz exige hacer del dolor el lazo más profundo en la relaciones humanas. LAS SIETE PALABRAS


Y es que, de vez en cuando, el hecho de vivir exige un esfuerzo intolerable, no sólo por el cansancio que para el cuerpo supone obedecer a las exigencias del alma, sino por el esfuerzo, aún mayor, que para el alma supone responder adecuadamente a las inspiraciones y peticiones de la gracia.LAS SIETE PALABRAS