miércoles, 5 de septiembre de 2018

La Historia del señor Sommer


En los árboles se estaba tranquilo, le dejaban a uno en paz. Hasta allí no llegaban ni las llamadas de la madre ni las órdenes del hermano mayor, sólo el viento, el murmullo de las hojas y el ligero crujido de las ramas… y qué panorama, tan amplio y maravilloso: yo podía ver no sólo nuestra casa y el jardín, sino las otras casas y los otros jardines, el lago y los campos del otro lado, y las montañas; y, al atardecer, yo, desde lo

Alto de mi árbol, todavía podía ver el sol al otro lado de las montañas cuando para los que vivían a ras del suelo ya hacía rato que se había puesto. Era casi como volar. Quizá no tan emocionante, ni tan elegante, pero era un buen sustitutivo de volar, especialmente

Son frases que no salen de la vida sino de las novelas malas y de las películas americanas

No era sólo que yo no me hubiera preocupado por el tiempo sino que ¡el tiempo se había preocupado por mí!

Mis escapadas televisivas provocaban el clásico conflicto entre obligación y devoción.